Laporta no invitará al palco a los auténticos ‘héroes’ del Espai Barça

El presidente del Barça reabrirá este sábado el Spotify sentado sobre dos de los embustes más colosales de este mandato al asegurar que "en once años no se había hecho nada" y acusando al Ayuntamiento de Barcelona de los retrasos de Limak

Joan Laporta, a les obres del nou Camp Nou - Foto: FC Barcelona

El palco del Spotify debería albergar este sábado 22 de noviembre de 2025, en pureza institucional, a la máxima representación de los cientos -miles, incluso- de barcelonistas que han hecho posible la necesaria reforma de un estadio inaugurado en 1957 que ya entonces fue declarado y considerado una joya arquitectónica en su género. Tanto es así que, en la práctica, ni la primera grada, pero sobre todo la segunda grada, han podido ser afectadas por Limak, seguramente por suerte para el prestigio del FC Barcelona y para ese anillo de grada único en el mundo, obra del arquitecto internacionalmente reconocido, Francesc Mitjans. Hoy, por el contrario, nadie conoce a quien ha firmado los planos del nuevo estadio porque ningún profesional valorado, conocido y reputado desea cargar con el peso de haber deteriorado el proyecto ganador -en su día- del concurso internacional presentado por Niken Sekkei, Joan Pascual y Ramon Ausió.

De aquella obra, lo que se inaugura este sábado es un diseño que no respeta aquella idea, maltratado por los cambios a capricho del presidente, Joan Laporta, y construido en torno a una consigna única: ahorrar en materiales y en mano de obra. Sin que, a pesar de ello, Limak haya podido cumplir con los dos mandamientos por los que Laporta decidió, personalmente, adjudicarle la gran reforma del estadio, pues ni ha cumplido los plazos ni será remotamente a un precio más económico, además de haberse apartado de los planos originales en aspectos determinantes como la cubierta, que no será arquitectónica para que salga más barata. También se ha descartado el uso del hormigón, principalmente, para limitar el gasto y levantar la tercera grada mediante una estructura de vigas de hierro, lo que ha hecho desaparecer la espectacular videopantalla de 360º y el no menos atractivo mirador circular previsto.

De Rosell a Laporta

En cualquier caso, otros embustes del relato sobre el regreso al estadio necesitan ser convenientemente desmentidos, si se quiere ofrecer al barcelonismo una versión realista y ajustada a los hechos, porque ni Laporta ha sido el valiente, el único valiente en afrontar este proyecto, ni, por descontado, como repite él mismo y su entorno, «nadie había hecho nada en once años», afirmaciones ambas absolutamente difamatorias y desde luego falsas.

Para empezar, si Laporta pudo elegir a Limak fue porque el Ayuntamiento de Barcelona no concedió la licencia de obras formalmente hasta el verano de 2022, y no antes, a pesar de que las dos juntas anteriores, de Sandro Rosell y de Josep Maria Bartomeu, habían trabajado intensamente desde el 5 de abril de 2014, cuando se vota en un referéndum de verdad entre los socios del FC Barcelona el proyecto Espai Barça con un 72,3% de votos a favor.

Laporta se va a limitar a reformar solo el estadio por más de 1.500 millones cuando el Espai Barça aprobado hace once años costaba 600 millones y solo requería de un préstamo de 200 millones. En 2020, Bartomeu recalculó los costes en 800 millones (todo el proyecto, incluido el Palau y el resto de los equipamientos) y la oposición, empezando por Laporta, se levantó en armas amenazando con arrancar una campaña social para que ese aumento no se aprobara en asamblea por ser «escandaloso».

Pero Josep Maria Bartomeu no hubiera podido arrancar la obra -el proyecto estaba completamente ultimado- porque el Ayuntamiento de Barcelona, el mismo que ahora se derrumba y cede a las presiones de Laporta, no dejaba de poner palos en las ruedas y retrasar esa licencia que no fue efectiva hasta que Bartomeu hubo dimitido.

Obras y financiación

Antes, hubo que culminar dos procesos urbanísticos de enorme calado: dos MGPM (Modificación del Plan General Metropolitano), uno que afecta a Sant Joan Despí y Sant Feliu, para hacer caber el Johan Cruyff (que forma parte del Espai Barça); y otro a Barcelona, que costó Dios y ayuda completar, a pesar de todo, en un tiempo récord en 2018 (2019, tras superar alegaciones de la CUP y de los vecinos de Les Corts). Una MGPM puede tardar unos quince años por lo general y requiere un consenso político como el del Barça, prácticamente unánime y muy difícil de conseguir.

En paralelo se realizaron diferentes obras de mantenimiento y seguridad en el Camp Nou para adecuar instalaciones y prepararlas para las obras, con una inversión de 10 millones. Por ejemplo, la creación de nuevas acometidas eléctricas, y la ampliación y reordenación de todo el cableado del Camp Nou en una anilla que transita por el interior del Estadio; una especie de autopista de cables -tanto de electricidad como de audio, fibra, megafonía, cámaras del circuito cerrado de televisión, control de acceso y sistemas de seguridad- a las que únicamente puede acceder el personal cualificado. El Camp Nou cuenta ahora con una de las redes de suministro eléctrico más potentes y seguras del mundo. Antes la potencia eléctrica era de 6.000 kW y ahora se puede ampliar, progresivamente y según las necesidades, hasta los 26.000 kW. Los trabajos abordaron actuaciones en una infraestructura dotada de redundancia y con una reordenación del cableado en una anilla interna al estadio, además de un nuevo transformador eléctrico para mejorar la red eléctrica.

Fue preciso ampliar el túnel de gol sur para garantizar el acceso de vehículos de gran tamaño desde el exterior y abordar las obras de derribo del Miniestadi -previa licencia- y de urbanización de calles en el entorno del Camp Nou, como el tramo de la avenida Joan XXIII.

En su momento, preceptivamente, como consecuencia de la MGPM, se reinscribió la propiedad del FC Barcelona en el Registro de la Propiedad de acuerdo a las modificaciones, donando a la ciudad terrenos para el uso vecinal y abierto de los alrededores, hasta ahora vallados.

No hace falta decir que se acometió la construcción del Johan Cruyff, imprescindible para derrocar el Miniestadi y preparar allí la construcción del nuevo Palau, un terreno finalmente dedicado (para ahorrar) a reutilizar el hormigón de la tercera grada.

Laporta también se encontró avanzado y en marcha el plan de financiación con Goldman Sachs, que ya había adelantado el dinero para los preparativos con un crédito de 109 millones. La nueva directiva aterrizada en el palco en 2021 se encontró, así pues, con todo a punto para arrancar las obras, incluido un modelo de concurso en el que Limak nunca habría podido ni participar.

El nuevo presidente, además de cerrar con Goldman Sachsun préstamo de 590 millones para regularizar el impacto de la pandemia, y luego un fondo de titulización con la financiera americana y otros inversores en las peores condiciones posibles para los 1.500 millones del Espai Barça, también modificó las bases para que la constructora turca pudiera presentar su oferta. Como es sabido, a pesar de que un informe de los propios técnicos del club establecía que Limak no estaba cualificada -era la peor de las tres propuestas finalistas-, en una reunión de la junta Laporta echó mano de otro informe, este de Joan Sentelles, el ahora responsable del proyecto, para revertir este ranking y concederle la obra del estadio a Limak.

El papel del Ayuntamiento

El resto ya es historia más reciente y más conocida, como que no se han cumplido los plazos y, sobre todo, que el Ayuntamiento se ha plegado a todas las veleidades y ocurrencias de Laporta, como derrocar la tercera grada, reubicar las zonas de palcos VIP por encima de la segunda grada para que cupieran más zonas premium, y, de hecho, no tocar la primera grada más que para empeorar los accesos y alturas, según pudieron comprobar los socios, disgustados, en el entrenamiento de puertas abiertas días atrás.

El Ayuntamiento le permitió a Laporta ir tirando abajo la tercera grada mientras se rehacían los planos y el proyecto constructivo deprisa y corriendo, demostrando que todo lo meticuloso e inflexible de su actitud y proceder con las dos juntas anteriores era, por alguna razón, el resultado de una postura política de pocas ganas de colaborar.

Laporta le ha pagado el favor culpabilizándolo a los ojos de los ciudadanos de esos retrasos que solo son culpa de la intocable Limak.

Cuando la vicepresidenta Elena Fort sugiere que sea Laporta quien haga el saque de honor este sábado, desde luego que no está calibrando el indudable peso de tantos empleados, ejecutivos y directivos del FC Barcelona que sí debieron enfrentarse a la maquinaria municipal, descaradamente en contra, para que finalmente todo estuviera a punto en 2022 para poder iniciar las obras, incluidas las licencias, los costosos y complejos preparativos y hasta la financiación. Como siempre, Laporta pasaba por allí para aprovecharse de tantos años de trabajo de las dos directivas anteriores que promovieron el proyecto y, encima, decir de ellas que en once años «no se había hecho nada», eso sí, con el permiso y el vergonzoso aplauso de la prensa.

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