Periodista. Profesor de la UAB. Ha colaborado con el movimiento vecinal, y como tal, se considera medio activista. Es autor de La ética y los periodistas que hacen publicidad. También ha escrito una novela, y varias obras sobre investigación periodística. Ahora, publica El ¡croc!, un relato con trasfondo político (Editorial ExLibric).
¿Este onomatopeico «croc» evoca el sonido de la culata del fusil del gris contra el manifestante, según la fotografía de Manel Armengol?
Efectivamente. Desde hace tres meses hará 30 años de las grandes manifestaciones que hicimos en Barcelona poco después del fallecimiento de Franco. Él se mudó el 20 de noviembre, y el 1 de febrero nos estábamos manifestando masivamente. Hasta entonces, se habían realizado manifestaciones de 200 o 300 personas. Ese día nos reunimos miles. La policía no estaba preparada. Se presentaron los famosos grises, con cascos de paleta, las porras…, pero se vieron desbordados. Entonces, cogieron los fusiles por el cañón y empezaron a dar golpes de culata a la gente. Una fotografía de lo que hizo Manel Armengol, y que publicó el The New York Times, es la portada de mi libro.
¿Y la cosa se les va de las manos al franquismo?
El gobernador civil Sánchez-Terán llamó al entonces ministro de Gobernación Fraga Iribarne para decirle que aquello había sido importante. Se quedaron acojonados. Las manifestaciones eran pacíficas, pero qué habría pasado si con uno de esos golpes de culata muere alguien. Por ejemplo, una tal María Ángeles, que existe. Se habría producido una revuelta. Unos cuantos jóvenes se lanzan contra los policías, les toman las armas y los vehículos. Toman las emisoras de radio y televisión, los cuarteles… En Madrid se subleva una unidad paracaidista que había trabajado con los militares portugueses del 25 de abril. La cosa se extiende a toda España…
¿La foto de Armengol, como la del miliciano de Kappa, es casi icónica, simboliza la represión del franquismo agónico?
Creo que sí. Son fotos denominadas históricas, porque reflejan un acontecimiento, lo que está pasando. La foto de Kappa del miliciano cayendo, y también las fotos nuestras, de compañeros que han estado en los diarios, expectantes, vigilantes… Las fotos de Armengol fueron muy eficaces. Tuvo mucha importancia que fueran publicadas. Aquí los franquistas se plantean la necesidad de pactar.
De los grises, con abrigos hasta los pies, a la policía robotizada de antiaéreos de hoy en día…
El Estado, los estados occidentales son fuertes. Puede crear o suprimir un cuerpo policial. En un determinado momento se da cuenta de que las masas sobrepasan a sus policías, y lo que hacen es prepararse para evitarlo. Se doten de nuevas armas, equipos, vehículos… y también tácticas. Por ejemplo, el hecho de que hay que evitar sea como sea el cuerpo a cuerpo. Se reprime a distancia: pelotas de goma, bombas lacrimógenas… En los países occidentales es muy difícil que surja una revolución armada, pero sí revueltas con el protagonismo de las masas. El régimen franquista se hundió casi por sí mismo. Empecé a trabajar en La Prensa, un diario falangista donde nos cogieron a algunos comunistas, con gran cordialidad, porque ya no tenían periodistas de su sintonía.
¿Qué papel juega Carmen, la hija de Franco, en tu novela?
Los milicianos ocupan Madrid y diferentes puntos de España. Se dirigen al palacio de El Pardo y les dicen a los Franco que se vayan. Los Estados Unidos, que están observando todo este movimiento popular, deciden intervenir para que la cosa prosiga. No hay que olvidar que dos años antes muere en un atentado Carrero Blanco. Al día siguiente, casualidad, de la visita de Kissinger a Madrid. Carrero era la continuidad del régimen. No diremos si el atentado fue obra de ETA, de la CIA… ¿Qué pasó ese año? El régimen se hundía. Decía Felipe González que la policía le confesó que, si hubiéramos presionado un poco más, se habrían visto desbordados. Había la consigna del Partido Comunista de la transición pacífica, el Partido Socialista no existía… Total, que no pudimos echarlos fuera. Y eso todavía cuece. Los rebeldes, en fin, se presentan en El Pardo, la guardia mora baja los fusiles y se van. La niña, que, en el lugar de Carmen le decimos Mamen, coge todas las joyas y las esconde, y se van a Málaga, con pasaportes de apátridas. Aquí se producen unos episodios que les he puesto para vengarme, pero no pasa nada. Al cabo del tiempo, la Mamen acaba de cabaretera en un antro de perdición de Marsella, donde pasa el resto de su vida.
Una tercera historia, digamos con vida propia, se enfila en el relato…
Una secta ultracatólica de gente muy poderosa, empresarios, directivos, capitalistas…, ha creado una entidad que se llama XLLC. Parecen unos números romanos, pero, al final, se sabe que es la duodécima croata. Hasta entonces, históricamente, había habido once. Esta gente consigue un medicamento, la
Y con todo esto, ¿llegamos al 2026?
En 2026 ya hay una Europa muy tecnificada. España se declara neutral y no está dentro de la OTAN. Colabora con la Unión Europea. Se forman comités internacionales para resolver problemas creados en el pasado. Uno de ellos es la esterilización de mujeres en Marruecos, Argelia, Mauritania… Eso, en realidad, llegó a pasar. Se hizo vía operaciones, en Australia, con las maoris… y también en Alaska.
Esto podría ligar con esta obsesión de la extrema derecha por la fecundidad, la demografía, para que la raza blanca siga dominando…
Sí. ¿Y quién trabaja aquí? ¿Quién hará de repartidor de butano? En Barcelona, todas las obras las hacen los moros. Creo que las fobias de la extrema derecha están en sus genes. He viajado por América Latina y, en entrevistas a editores de diarios, me decían que habían llevado la democracia a estos países, pero que eran suyos. Las oligarquías se vieron obligadas a aceptar la democracia, pero tienen el mismo sentido de propiedad, igual que en España. Aquí hay una oligarquía de intereses y empresarios. Consideran que España es suya. Pueden aceptar que una vez entre el Partido Socialista, o que, como ahora, haya un gobierno con comunistas, pero lo tienen todo controlado.
¿Supremacismo a veces más aparente que real, de cartón piedra?
Detrás no hay nada. Lo que hizo Franco de apoyarse en el Ejército, la Iglesia y Decía Felipe González que la policía le confesó que, si hubiéramos presionado un poco más, el régimen franquista se habría visto desbordado. las clases medias conservadoras, continúa. Hago una clase inaugural del curso de periodismo cada año y aquí se ve muy claramente que las clases sociales siguen existiendo, por descontado. Uno va vestido de marca de arriba abajo, y el otro, pobrecito, va con una camiseta vieja. Y eso trasciende ideológicamente. Es verdad que luego los puedes encontrar a todos en el mismo concierto, pero unos lo tienen fácil y otros tienen que ahorrar para pagarse los 300 euros que cuesta.
A este propósito, llama la atención cómo, en la bigarrada colección de reivindicaciones de género, ecologistas, antirracistas… tan de moda, casi no aparece la lucha de clases. ¿Ha dejado de estar de moda la justicia social?
Veo que hay un problema con las clases medias. Cuando nosotros nacimos la clase media no existía. Había obreros y la clase alta. Con el crecimiento económico se crearon las clases medias. Franco no tuvo más remedio que aceptar que fuera así. En el año 60 la gente no tenía nevera, y luego la tuvo. Y más adelante, el 600 y el pequeño apartamento en la costa. Las clases medias no recuerdan o no quieren recordar de dónde vienen, y se creen que son ricos. Ideológicamente han perdido el norte. ¿Cómo es posible que en el barrio de Bellvitge los de Vox hicieran un acto? Y un porcentaje los votará. Tienen miedo porque si vienen los comunistas les tomarán el coche, les ocuparán la casa… El trabajo no se lo toma nadie. Y si dices que eres obrero, parece que eres de los años 60.
¿Y la foto de hoy, respecto a la de Manel Armengol del 76?
La gente se movilizaba más antes. Éramos más pobres y no había democracia. Pero me parece que a una parte de la clase media de la que hablábamos, eso de la democracia le importa un rábano.













