Que Carlos Mazón siga presidiendo la Generalitat un año después de desaparecer en el momento más trágico de la DANA que afectó a la Comunidad Valenciana es un fracaso del periodismo. Entiendo el periodismo como una profesión que debe combinar la explicación de las cosas que pasan con el control de la gestión de los políticos y los poderosos.
Un periodismo que ejerciera con rigor el análisis de lo que pasó con aquella DANA debería haber sido capaz de poner a Mazón contra las cuerdas y obligarle a explicar qué hizo exactamente en las horas que la gente moría ahogada. Y cuando empezó a dar explicaciones falsas, que iba rectificando a medida que quedaban en evidencia sus mentiras, le tendría que haber parado los pies inmediatamente.
No lo hizo. Sólo unos cuantos medios dejaron en evidencia su comportamiento inadmisible. La Fachoesfera se puso de su lado y se dedicó a buscar responsables allí donde fuera con el fin de tapar sus vergüenzas. Este periodismo me produce una mezcla de repugnancia, miedo y frustración.
Al frente de los repugnantes que se hacen llamar periodistas está Pedro J.Ramírez, que tuvo la idea excelente de organizar un acto con Mazón coincidiendo con el aniversario de su espantada. La Fachoesfera ha hecho de la mentira y la tergiversación su forma de ser y actuar. Tiene muchos medios de comunicación y económicos. Hasta hace poco, en Cataluña estábamos al margen hasta que El Periódico de España se hizo con la redacción de El Periódico en Madrid y ha convertido las páginas del diario catalán que informan de la política española en una zarpa más de la Fachoesfera.
Que Mazón haya aguantado un año en el cargo a pesar de las impresionantes manifestaciones de la gente que le pide la dimisión se debe, en buena parte, a que no ha notado en su espalda el aliento de un periodismo que le recordaba día sí día también que no era digno de ocuparlo.
Cuatro periodistas se han marchado de À punt, la televisión pública valenciana, aduciendo que su conciencia no les permite seguir trabajando en ella. Gente así salva el respeto que debería merecer esta profesión. Que À Punt emitiera una corrida de toros de 1997 coincidiendo con la manifestación masiva que se hizo el 25 de octubre para pedir la dimisión de Mazón es la antítesis de aquello para lo que debe servir el periodismo.
Que el hombre que presidía la Generalitat valenciana hace un año se escondiera en un restaurante mientras morían ahogados más de doscientos ciudadanos por los efectos de las lluvias continúe al frente de esta institución y aún oculte qué hizo durante esas horas es una bofetada al periodismo. Y, por supuesto, que no hay que poner la otra mejilla sino seguir luchando, aunque las plataformas mediáticas de que se disponga, no tengan el dinero ni la influencia de las que manejan la Fachosfera y la derecha y la ultraderecha de este país.








