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Vienen curvas

Hector Santcovsky

Sociòleg, expert en polítiques públiques de desenvolupament i sostenibilitat.
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El análisis del último estudio del CIS sobre el comportamiento electoral en España revela una realidad distinta a la percepción común, especialmente desde Madrid, que apunta al fin de un ciclo político. Los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas contrastan con otros sondeos, muchos promovidos por medios afines a la derecha, cuyos resultados ofrecen escenarios divergentes.

El último sondeo del CIS otorga al PSOE una ventaja inesperada sobre el PP, lo que, de confirmarse, revertiría el clima político de los últimos meses. Todo apunta a que los problemas derivados del entorno personal del presidente Sánchez o del propio partido —muy alimentados por la ofensiva mediática y judicial de la derecha con el objetivo de desgastar al Gobierno— no están alterando de forma significativa el comportamiento electoral previsible. Según diversos expertos la lectura del CIS es sesgada, pero en cualquier caso un cierto declive del PP no parece un dato errado.

También destaca el ascenso de Vox, en parte impulsado por ese clima asfixiante, especialmente perceptible en Madrid, donde la crispación política y mediática adquiere dimensiones casi permanentes. Fuera de la capital, sin embargo, el país parece oscilar entre la resignación y el desconcierto. Los sondeos reflejan una juventud electoralmente volátil, con un sesgo mayoritariamente masculino, una parte de la cual se inclina hacia la extrema derecha no tanto por convicción ideológica como por rechazo al sistema. Esa amalgama de actitudes —entre la desafección, la protesta y el hartazgo— convive con una clase media exhausta, agobiada por la vivienda, por un horizonte de precariedad para sus hijos y por no poder llegar a final de mes en muchos casos, y con una población mayor que en no comprende del todo el tono ni el contenido del debate político actual.

El Gobierno afronta el desgaste de políticas difíciles de comunicar a su electorado tradicional. Medidas como la amnistía o determinadas reformas sociales (especialmente las vinculadas a leyes relacionadas con políticas de género) han generado desconcierto incluso entre votantes socialistas. Y, sin embargo, el PP no logra capitalizar del todo ese malestar. Su discurso, anclado en consignas genéricas —bajar impuestos, mejorar la competitividad, “recuperar la confianza”—, choca con la realidad de una economía española que, contra pronóstico, lidera el crecimiento europeo y mantiene una tasa de empleo históricamente alta. El contraste entre el catastrofismo de la oposición y los datos macroeconómicos objetivos sugiere que la batalla política es más ideológica que programática.

Feijóo tampoco termina de consolidarse como alternativa nítida. En realidad, no tiene una sustitución visible y aceptable por el partido y por el conjunto de sus votantes. El liderazgo interno del PP se ve tensionado por la figura de Isabel Díaz Ayuso, que desde Madrid ejerce un poder paralelo. Su estrategia de confrontación constante con el Gobierno central busca diferenciarla de cualquier otra figura política, pero a la vez erosiona la cohesión del partido, pero su política de centralización de recursos y capitales en detrimento de otras comunidades genera muchos resquemores.

Los presidentes autonómicos populares —en Andalucía, Galicia o Castilla y León— no parecen dispuestos a aceptar este modelo de dirección madrileño que concentre esos recursos y protagonismo en detrimento de las demás comunidades. Esa tentación centralista y provocadora puede generar más fracturas que apoyos dentro del propio PP. El más claro “potencial” sucesor – Moreno Bonilla – se enfrenta a una crisis de dimensiones y resultados imprevistos dada la extrema sensibilidad social que genera el caso de la crisis del “cribado del cáncer de mama en Andalucía” como consecuencia de los fallos en las pruebas oncológicas.​

El panorama electoral, por tanto, se presenta abierto y turbulento. El título “Vienen curvas” vale tanto para el PSOE como para el PP, y quizá para todo el sistema político español. Vox prefiere mantenerse en un discreto segundo plano, aguardando recoger los frutos del desgaste ajeno. En una España marcada por la polarización, la simplificación y el ruido permanente, el riesgo ya no es solo quién gane las próximas elecciones, sino qué cultura política sobrevivirá después.

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