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Descontrol laportista en la defensa desesperada y sospechosa de Limak

La defensa obsesiva de Limak por parte de la directiva de Joan Laporta se ha convertido en un fenómeno tan extraño y delirante que desafía todas las leyes de la ética, el rigor y la profesionalidad, al menos los conocidos. Es la primera vez en la historia de todas las grandes y pequeñas obras del mundo que, tras certificarse ya un año de retraso en la reapertura sobre el plazo prometido y pactado, así como haber pospuesto un año más de lo previsto, hasta avanzado 2027, la colocación de la cubierta, el cliente afectado impulsa una campaña mediática extraordinariamente audaz, valiente y entregada en su defensa.

No solo para justificar su presunta torpeza y manifiesta incapacidad para estar en los plazos comprometidos y anunciados por el presidente (“Limak es la única constructora que garantiza la obra en menos tiempo y menos coste”), sino, sobre todo, con la finalidad de exonerarla de toda responsabilidad, cargo ni culpabilidad. El amparo corporativo desde el club ha alcanzado tal punto de apasionamiento que podría concluirse la relación inversa, es decir, que fuera el Barça el culpable final de los retrasos y quien hubiera de pagar una indemnización por esa causa.

Resulta, en su conjunto, una actitud tan sospechosa y extraña que la propia y atropellada reacción de la directiva a la revelación de que Limak era la peor valorada de las tres finalistas de la licitación -según un informe interno de los propios especialistas del Espai Barça- ha destapado más contradicciones y conclusiones pestilentes sobre el proceso de elección.

Como se demostró en la asamblea, hay directivos que, como la vicepresidenta Elena Fort y especialmente el Tesorero Ferran Olivé, parecen estar dispuestos a inmolarse por Limak mientras el presidente, único y directo responsable de la elección de la constructora turca, que impulsó el cambio en las condiciones del concurso para medio justificar una decisión tan sospechosa como inequívocamente personal y asociada a no se sabe qué intereses privados, permanece oculto y a salvo, al menos en la medida de lo posible.

Como Laporta ya salió conscientemente tan malparado de su ridículo papel en el anuncio del regreso al Spotify para el Gamper, esta vez el nuevo dir.com de la junta, Gabriel Martínez, creyó dar en el clavo enviando a su primera y última entrevista a rebatir en directo, y en la SER, esa impactante noticia sobre la escuálida puntuación de Limak en el examen del equipo Espai Barça, precisamente a quien sustituyó y barrió a sus integrantes, al ejecutivo Joan Sentelles, uno de los emblemáticos enterradores del Reus y soldado más de infantería que otra cosa del ejército laportista, eso sí leal a su presidente como nadie y demostradamente dispuesto a servirlo de forma ciega, sea en Uzbekistán, en Reus o ahora la frente de mayor obra patrimonial de la historia del Barça. Con tal vehemencia que finalmente acabó cometiendo el gran error de señalarse a él mismo como el autor del informe final y manipulado favorable a Limak (pasó de tener menos de 50 puntos a 74 puntos y campeonar sobre Ferrovial y FCC) que acabó sobre la mesa de la junta en el momento decisivo de una elección que, textualmente, dijo “fue jerárquica”, o sea a dedo y a gusto y satisfacción del presidente.

Para intentar rectificar esa sensación de complot y trapicheo, en las horas previas a la asamblea, el mismo dircom intentó deshacer el entuerto enviando a Ferran Olivé, Tesorero de la junta del Barça y mano derecha de Laporta en los asuntos económicos, a desviar la atención y tratar de poner el foco un poco alejado del presidente.

La decisión final sobre Limak

Olivé ha llegado a afirmar exactamente lo contrario que Sentelles: “La decisión final sobre Limak fue de Goldman Sachs”, reforzando este argumento con otra frase que seguramente el tiempo también le devolverá en forma de bofetón: «Limak tiene más solvencia técnica que todas las constructoras españolas”.

Olivé explicó que la situación económica del club en el momento de iniciar el proyecto era precaria —con 450 millones de euros en fondos propios negativos y problemas de liquidez para pagar nóminas en marzo de 2021—, lo que forzó a buscar soluciones financieras rápidas y creativas. En ese contexto, la alianza con Goldman Sachs fue considerada esencial para garantizar la viabilidad del Espai Barça, lo que reforzó su influencia en la selección de Limak.​

Delirante por dos razones evidentes. Primera y principal, que Goldman Sachs ya había prestado dinero para el Espai Barça al club antes de la llegada de Laporta y ya tenía diseñada una financiación que incluía la totalidad del proyecto, es decir, con el Palau nuevo y el resto de los equipamientos y la reurbanización total del entorno, en  ningún caso con incidencia ni atribuciones en el proceso de elección del contratista más allá de la obligación coherente de estar informado de forma puntual por la directiva, a su vez única responsable de garantizarle a Goldman Sachs que la constructora escogida cumplía con los requisitos, exigencias de materiales, de logística y de los plazos acordados de obra.

En segundo lugar, Laporta debería dimitir si es verdad que dejó descabelladamente en manos de Goldman Sachs la elección de Limak siendo consciente de que la penalización por los retrasos no recaerían en Limak, sino en el Barça, directamente en su tesorería, pudiendo intervenir, retener y quedarse cuantos ingresos procedentes de la explotación del estadio sean necesarios para afrontar las cuotas de intereses y de capital previstas. Ahora mismo, por ejemplo, Goldman Sachs va a congelar 175 millones de los ingresos de esta temporada hasta que el Spotify no sea operativo según los plazos previstos.

Los pactos secretos entre Laporta y Limak

Otra cosa distinta es que, a Goldman Sachs, una vez otorgada la licitación a Limak, estuviera encantada ante la posibilidad cierta de que, a causa de su presunta incompetencia, el Barça deba afrontar el pago de intereses más altos y por más tiempo -de momento hasta más allá del año 2050- a lo largo de este camino de la financiación.

Salvar a Limak incluso del castigo de la mala opinión pública de sus retrasos es la principal preocupación del universo laportista como también se encargó de demostrar en la asamblea la vicepresidente Elena Fort con otra intervención decadente y amateur: “Las cosas pequeñas suman muchos retrasos”. La que faltaba.

Limak ajustó el tiempo de vuelta al estadio tras un año de exilio en Montjuïc y el equipo ya ha iniciado la tercera temporada lejos del estadio, una situación que sólo beneficia a Golman Sachs. Como consecuencia de esta disparatada y descontrolada maniobra mediática de la junta de Laporta también ha sido revelada, por parte de Joan Sentelles, que el Barça asumió el compromiso con Limak de no acudir a los tribunales en caso conflictos. ¿Cuáles serán los secretos aún desconocidos de los pactos Laporta-Limak? ¿Serán los que la mayoría sospecha?

Quien fuera que eligió a Limak, que hay pocas dudas sobre la paternidad de la decisión, se equivocó o antepuso otros intereses a los del FC Barcelona.

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