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Los técnicos del Barça ya avisaron a Laporta que Limak no era eficiente

Las obras del nuevo Camp Nou - Foto: FC Barcelona

Es indudable y plausible el mérito periodístico del espacio Què t’hi jugues de la cadena SER de haber accedido al informe interno de los técnicos del FC Barcelona sobre Limak que, antes de la concesión de la obra, puntuaba a la constructora turca como la peor preparada para la reforma del Spotify. Lo es tanto como la evidencia de que esas sospechas de los expertos de la propia casa azulgrana estaban completamente justificadas y se han demostrado, por desgracia, absolutamente acertadas en el sentido de que Limak presentaba, respecto a las dos UTES finalistas, deficiencias constatables en aspectos clave como su capacidad económica para asumir los costes del arranque de las obras, la incertidumbre real sobre el calendario propuesto y no pocas sospechas en cuanto a la factura final.

En lo principal, el cumplimiento de los plazos, Limak ya acumulará en noviembre, como mínimo, más de un año de retraso. En penalizaciones, 365 millones (un millón diario, según afirmó Joan Laporta) que nunca se exigirán por parte de la actual directiva, como dejó claro el responsable impuesto por Laporta al frente del proyecto, Joan Sentelles, en sustitución y acopio de los super poderes de la media docena de cargos que se fugaron, dimitieron o fueron despedidos antes y después de la elección de Limak a primeros de 2023. A saber, el directivo responsable del Espai Barça, Jordi Llauradó; el ejecutivo al mando nombrado por el propio Laporta, Ramón Ramírez; y no menos de cuatro altos cargos del departamento.

El escándalo de esta revelación debe centrarse en el modo en que el informe negativo emitido el 28 de diciembre de 2022, que otorgaba a Limak menos de 50 puntos sobre 100, fue obviado por la directiva y sustituido a la hora de la elección por otro informe que, dos días después, el 30 de diciembre de 2022, en el que acumulaba 74 puntos por delante de Ferrovial y FCC.

El escándalo mediático, en parte previsible, fue la reacción de la prensa barcelonista/laportista a lo largo del lunes y el martes, reproduciendo la noticia poniendo el foco en las pobres explicaciones del ejecutivo Joan Sentelles que, como su presidente, no tuvo otro remedio que mentir como un cosaco para intentar minorar el impacto de la exclusiva. Por más justificaciones y argumentos desplegados, a Sentelles le acabó dominando el pequeño Laporta que lleva dentro y, de pronto, en un tono despectivo y burlón dijo que «había otros informes y otros técnicos. Y, además, ese informe no era vinculante», añadió embusteramente.

A continuación, admitió con la misma modulación soberbia de su presidente que «la decisión final, en cualquier caso, fue jerárquica». O sea, tomada y asumida por el presidente, el mismo Laporta que se acogió a las elecciones para cambiar el pliego de condiciones del paripé final de la elección la constructora, introduciendo la posibilidad de participación de una empresa extranjera y eliminando la obligación de haber construido un estadio de dimensiones importantes, y la de haber construido al menos dos edificios en suelo español.

También ha quedado demostrado que Laporta hizo buenas migas con el propietario de Limak en un partido contra el Galatasaray antes de esas importantes modificaciones de las bases. La estrategia de Joan Sentelles en el estudio de la SER fue, perversamente, la de intentar disipar cualquier duda o sospechas de mangoneo y de ese deliberado y tramposo cambio del contenido de los informes, a base de repetir que cada paso, gestión y contacto del proceso fue monitorizado por no se sabe cuántas consultoras, abogados y los propios inversores. Todos, claro está, menos la elección de Limak, a dedo, por el presidente, sobre un informe final rectificado y firmado por la Oficina Técnica del Espai Barça liderada por Lluís Moya y Joan Sentelles, los dos únicos supervivientes de la deserción en masa que provocó la nominación de Limak.

El informa de fecha 28 de diciembre de 2022 subrayaba la insuficiencia de Limak en base a los siguientes puntos débiles:

Limak presentó respuestas técnicas consideradas indefinidas, vagas e insuficientes ante las preguntas del equipo de evaluación, sin justificar adecuadamente el ambicioso calendario de obra propuesto.

Se consideró poco realista la promesa de ejecutar la reforma en el menor plazo, y se señaló que la rapidez de ejecución defendida por Limak no estaba suficientemente sustentada desde el punto de vista técnico.

Limak exigía 200 millones de euros para iniciar la obra, frente a los 12 millones requeridos por sus rivales españoles.

El grupo encabezado por Ferrovial y FCC superaba a Limak tanto en los apartados de planificación, como de redacción del proyecto y solvencia técnica.

El equipo técnico consideró imposible cumplir los plazos comprometidos por Limak y advirtió sobre los riesgos de aceptar tal programación.

Por el contrario, el informe con de fecha 30 de diciembre de 2022, de referencia para la directiva a la hora de elegir a Limak, descansaba en una modificación sustancialmente de la valoración y puntuación a Limak, que subió de menos de 50 a 74 puntos, superando a Ferrovial (58) y FCC (40). El cambio central fue dar un peso definitivo al apartado «garantía y justificación de plazos», en el que Limak recibió 28 puntos frente a 12 de Ferrovial y 7 de FCC. Así, la propuesta de Limak, antes penalizada por falta de justificación en el calendario, pasó a ser vista como ejemplar por su ambición en los plazos. Se afirmó en ese informe que Limak «respeta con creces los hitos de referencia» y aporta «estrategias constructivas enfocadas al cumplimiento de plazos», en claro contraste con la posición de solo dos días antes.

Sentelles tampoco ocultó que Limak «se avenía a introducir en cada momento los cambios que propusiera el club», mientras que las otras dos constructoras se remitían al proyecto y licencia aprobadas por el Ayuntamiento de Barcelona, además de negarse -Limak no- a firmar el plan de financiación de sugerido por Laporta, ese en el que los 1.500 millones del préstamo se destinarán, sí o sí, a la reforma del estadio y no al conjunto del Espai Barça, como dictó la asamblea de socios del Barça.

A la hora de la verdad, en definitiva, los criterios subjetivos, de interés personal, de Laporta derivados de su buena relación la propiedad de Limak primaron por encima del resto y de las propias firmas de la elección, pues al final Limak fue la única que no se presentó como UTE, y las dos empresas asociadas, en principio, también salieron corriendo y rápidamente suplidas por otras de confianza de Laporta.

Finalmente, que Sentelles reiterara el minucioso seguimiento de Goldman Sachs sobre todo el proceso como un ejercicio de transparencia y de control decae por la propia naturaleza de la posición de la financiera americana, encantada de que Laporta le entregara la llave la negociación con los inversores en su momento, además de firmarle tipos de interés de hasta el 7% y no por debajo del 6% en un primer momento.

Que haya retrasos es el mejor escenario para Goldman Sachs, que, en la refinanciación obligada del préstamo porque Laporta nunca cumplirá con los plazos acordados, ya le ha sumado 100 millones de intereses a un tipo medio del 5,4% cuando el mercado está ahora en poco más del 3%.

Para acabar de distraer a las masas, Joan Sentellas le pasó otra vez la patata caliente al Ayuntamiento de Barcelona, asegurando que el Barça espera disponer esta semana la primera ocupación de la Fase 1A que, aunque no aplicará porque ahora el Barça prefiere seguir en Montjuïc, es un requisito indispensable para solicitar la de la Fase 2A. Al circo de Limak y de Laporta sólo le falta la carpa, esa cubierta cuya colocación que ya ha retrasado al verano de 2027 porque la constructora, como ya advertían los técnicos del club, no es eficiente.

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