Icono del sitio El Triangle

Laporta vuelve a irritar a Messi y acepta que Ter Stegen le cueste 14,4 millones

Joan Laporta i Joan Garcia - Foto: FC Barcelona

De las respuestas al test rápido que Joan Laporta ha dado en el programa de TV3 Bestial, la que menos ha atraído los titulares de la prensa colaboracionista alude a la condición de embustero del presidente del Barça. «No soy mentiroso, no me gusta la mentira. Por decir la verdad, me las cargo muchas veces. No soy egoísta, aunque todos tenemos un punto, un egoísmo de defender lo que tienes», ha dicho, por supuesto sin despeinarse, para seguir con ese peligroso abuso de su estrategia de tensar la relación con Leo Messi: «Hemos tenido muy buena relación, cuando no renovamos el contrato se estropeó y después más o menos la hemos recuperado un poco. Lo que esperamos es que se le pueda hacer el gran homenaje que se merece», ha especificado.

El entorno de Leo lo niega absolutamente porque nadie de la familia quiere saber nada de un presidente que le ha engañado sistemáticamente y que, además, les sigue enfureciendo porque utiliza su nombre en vano, recurrentemente, para aparentar que, en la trastienda, hay conversaciones para ese homenaje que nunca se producirá mientras Laporta sea el presidente del FC Barcelona.

A Laporta le da igual mentir, y a lo grande, en todo y para todo, al amparo de una protección y escudo inauditos y socialmente extraordinarios. Ha conseguido que sus trolas no solo no le pasen factura, sino que, al contrario, el barcelonismo las interprete como una demostración de sus dotes únicas para abrirse paso y burlar el acoso y persecución de los enemigos del Barça, la institución que ha puesto al borde de la ruina y de la que se aprovecha indecentemente con el mismo éxito que afirma defenderla. Si fuera verdad que la relación con Messi existiera -que no existe- no haría falta hablar en condicional sobre le homenaje que «esperamos es que se le pueda hacer». Bastaría con concretar el cuándo y el cómo, un paso que por supuesto no se atreve a dar, limitándose a jugar con esa patraña, sabiendo que la prensa le aplaudirá el gesto de abrirle a Messi las puertas del Spotify como fuera Leo el que se hubiera dado la espalda al Barça y no hubiera sido Laporta el que lo echó de una patada traicionera y todavía sospechosa de encubrir un pacto Laporta-PSG tan previo como perverso.

Otro al que Laporta ha llevado al huerto recientemente ha sido a Ter Stegen, al que quiso -y consiguió- someter a sus necesidades y urgencias, las derivadas de la enorme mentira sobre el regreso prometido del Barça a la regla 1:1, a base de aprovechar su lesión para inscribir a Joan Garcia.

La prensa laportista, como es habitual, en lugar de reprenderlo y denunciar su mala gestión financiera, además de subrayar su dilatada y malévola difamación a lo largo de tres años sobre el fair play financiero, la entrada de potentes inversores y el inminente regreso a un estado de solvencia, le ha ido aplaudiendo -y elogiando- sus esfuerzos y competencias en esa presunta recuperación económica que, a la hora de la verdad, ha resituado el margen salarial en 112 millones menos que en enero. Otra catástrofe que añadir a su currículo.

Esa misma prensa celebró con entusiasmo que Ter Stegen debiera pasar por el quirófano, y no dudó en colaborar con la presión de la junta que le retiró la capitanía y lo apartó del equipo hasta que aceptase firmar un certificado médico -él no quería- de cuatro meses de baja. Esa era, en aquel momento, la única salida para que Joan Garcia pudiera obtener su licencia, gracias al 50% de la ficha del alemán, que le alcanzó -al menos eso dicen los medios- para ser inscrito toda la temporada. Antes, hubo que ajustar y rehacer el contrato del portero catalán, recién fichado, por seis años en lugar cinco para reducir su salario, al menos en esta primera temporada.

Sólo pudo ponerse fin a la alta tensión después que Laporta y Ter Stegen se vieran a cara, reunión en la que, también en la versión de la prensa reverencial, el presidente le convenció para que depusiera su actitud, convencido como estaba de poder recuperarse antes de los cuatro meses. Ahora ha trascendido que Laporta le ofreció garantías, a cambio, de que si su médico y cirujano especialista de la espalda le daba el alta antes de los cuatro meses, el club se lo admitiría y podría reincorporarse a los entrenamientos y disputarle la portería a Joan Garcia. El precio de ese riesgo está medido y calculado en 14,5 millones de regresión en el fair play financiero.

En concreto, la norma dice que si el Barça lo convoca para jugar antes de los cuatro meses desde la fecha del informe «verá reducido su Límite de Coste de Plantilla Deportiva o su capacidad de inscripción por el triple del referido exceso de límite o capacidad que hubiera obtenido». Es decir, por la cantidad resultante de multiplicar por tres la mitad de la ficha de Ter Stegen, estimada en 4,8 millones.

En aquel momento, Laporta era plenamente consciente de la prioridad y la urgencia de poder dar de alta a Joan Garcia, con Ter Stegen caido, Iñaki Peña descartado, y a la espera de las inscripciones y sin fair play financiero siquiera para la reentrada de Szczęsny, que finalmente no pudo ser convocado hasta transcurridas algunas jornadas de Liga. Cuando Laporta le concedió a Ter Stegen ese margen para estar de vuelta antes de tiempo sabía también que su margen salarial iba a desplomarse en 112 millones y, por tanto, que no existía ninguna posibilidad de legalizar a Joan Garcia si no era traspasando a Araujo, Fermín y Casadó, por los que la propia junta hizo correr ofertas por las redacciones sin ningún futuro. En el fondo, al presidente ya le daba igual estar excedido en 112 millones que por 14,4 millones más.

De momento, la recuperación de Ter Stegen va como un tiro, según el futbolista alemán.

Salir de la versión móvil
Ir a la barra de herramientas