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La primera víctima de la democracia es la verdad

Siscu Baiges

Periodista de Solidaritat i Comunicació - SICOM, activista, cabrejat amb les injustícies
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Dicen, y con razón, que la primera víctima de las guerras es la verdad. Desgraciadamente, cada vez parece más claro que la verdad también es una víctima de las democracias actuales, donde los populismos, los multimillonarios, las grandes empresas tecnológicas y las redes sociales con más seguidores imponen su ley.

Lo de que en este mundo traidor nada es verdad y nada es mentira y todo depende del color del cristal con el que se mira tiene una vigencia absoluta. El debate que se abre es si hay que combatir a las mentiras con mentiras contrapuestas o confiar en que la verdad acabe imponiéndose.

Donald Trump ha llegado a la presidencia de Estados Unidos aupado por las mentiras de todos colores que ha difundido y en el apoyo que le han dado los ricos y los magnates de las grandes plataformas, empezando por el esperpéntico Elon Musk. Si las mentiras facilitan llegar a la presidencia del país más poderoso del mundo, ¿por qué renunciar a utilizarlas?

El imperio de las falsas noticias y la tergiversación de la realidad está en la base del crecimiento de la extrema derecha y del populismo que ha llevado a la cima del poder a personajes como Javier Milei o Jair Bolsonaro.

En nuestro país tampoco nos quedamos atrás en esta dinámica. La verdad fue una de las primeras víctimas del procés y la fachoesfera española hace de la mentira un uso intensivo.

Tiempo atrás, cuando a algún político o a un periodista lo pescaban mintiendo dimitía o desaparecía de escena. Ahora, no. Ahora se trata de mantenerse firme en la mentira y resistir hasta que escampe. Pedro J.Ramírez podría ser considerado el primer periodista mentiroso que ha utilizado esta práctica. Hay que tener mucha jeta, apoyos diversos y poca vergüenza para dirigir un diario que durante meses pretendió hacer creer que ETA estuvo implicada en los atentados de Atocha de marzo de 2004. Murieron 191 personas y el señor Ramírez todavía dice que es periodista y dirige un digital bien engrasado por las administraciones que gobierna el PP, empezando por la Comunidad Autónoma de Madrid.

Miguel Ángel Rodríguez, de la misma escuela que Pedro J.Ramírez, reconoció ante el juez que mintió atribuyendo al fiscal general del Estado un mensaje falso. Hemos visto las imágenes de su declaración. Dice que mintió porque tiene el pelo blanco. Debe haber alguna otra razón para que el que sea procesado no sea él sino el fiscal general del Estado. La mentira no solo no recibe el castigo que se merece sino que es gratificada.

La fachoesfera campa a su aire. Es impune. Se apodera de la redacción de Madrid de El Periódico de Catalunya y debemos darlo por normal. El presidente de la Junta de Andalucía se pone chuleta en el Parlamento de esta comunidad diciendo que su gobierno ha hecho cero encargos de mamografías a hospitales privados y las mujeres que se las han hecho en estos centros sanitarios derivadas del sector público alucinan con la desvergüenza del señor Moreno Bonilla.

El octavo mandamiento del Decálogo cristiano ordena «no dirás falso testimonio ni mentirás». Muchos de los que prosperan en política gracias a las mentiras y los testimonios falsos dicen que son cristianos.

Los progres decíamos aquello de que «vendrá el día en que el trabajo vencerá». Yo lo actualizaría diciendo que confiamos en que «vendrá el día en que la verdad vencerá».

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