El escritor israelí David Grossman declaró hace unos días, en una entrevista del diario italiano La Repubblica, que en Gaza se está produciendo un genocidio. Se castiga colectivamente a la población impidiendo que entre comida y medicinas, se destruyen la mayor parte de las casas y la red de agua potable, y se mata diariamente a docenas de personas en las colas de recogida de alimentos. Grossman es un sionista, que cree en el derecho de Israel a existir y tener un estado seguro y en paz. Y siempre creyó que se tenía que llegar a un pacto con los palestinos para que estos tuvieran también su estado. No sólo porque los palestinos lo merecían sino también porque si estos no tienen esperanza y las garantías de poder vivir con todos los derechos y que se respete su identidad, Israel nunca tendría la paz y seguridad a la que aspiraba cuando se creó.
En el actual contexto en que cada vez más países reconocen el Estado de Palestina y tribunales nacionales o internacionales imponen órdenes de detención contra dirigentes israelíes y también contra militares y soldados por los crímenes cometidos en Gaza y Cisjordania, Netanyahu y aquellos sectores lamentablemente mayoritarios de la sociedad israelí que le apoyan se enrocan. Unos negando lo que es evidente, mientras otros lo justifican y dicen que se tiene que ir mucho más allá. De hecho emulan lo que afirmaban hasta hace unos años sectores de la extrema derecha europea en relación al Holocausto nazi cuando unos negaban que hubiera existido mientras otros afirmaban que el error que se cometió fue dejarlo a medias.
La propaganda del gobierno israelí y las principales cadenas televisivas, la prensa y las gacetas digitales leales al gobierno niegan que se esté haciendo un genocidio o exista la voluntad de hacerlo. En cambio el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, y el de Finanzas, Bezalel Yoel Smotrich, no dicen que se esté haciendo pero si justifican las matanzas y el hambre con que se castiga a la población, proponiendo que estas medidas deben mantenerse y endurecerlas y no dejarlas a medias. Así, los líderes israelíes repiten en relación a Gaza y Cisjordania las versiones que tenían los ultras europeos antes de hacerse repentinamente prosionistas, cuando unos decían que el Holocausto como tal no existió, mientras otros lo que lamentaban era que no se hubiera llegado hasta el final.
Netanyahu el domingo pasado negó ante un grupo de periodistas extranjeros que se estuviera perpetrando ningún genocidio en Gaza afirmando que «si lo hubiéramos querido hacer, lo hubiéramos hecho en solo una tarde». Una afirmación que sorprende saliendo de la boca de alguien que debería conocer bien el Holocausto, cuando Hitler tardó cinco años para matar a seis millones de personas. Primero haciendo pasar hambre a los que encerraba en los guetos y campos inicialmente de trabajo y haciendo fusilamientos masivos como los de Ucrania en 1941. Pero luego diseñando el industrial sistema de cámaras de gas con fosas comunes masivas y crematorios. Por eso ignoro en qué método mágico y rápido piensa Netanyahu cuando dice que si quisiera, él podría eliminar en solo un día a la tercera parte de personas que Hitler mató y enterró o quemó en cinco años.
Ahora, el gobierno israelí no disimula que la muerte de seis periodistas de Al Jazira, entre ellos el popular Anas al Sharif, fue deliberado, propone ocupar toda la ciudad de Gaza y expulsar no sabemos hacia dónde un millón de personas. Una ocupación permanente de todo Gaza a la que se opone el jefe estado mayor Eyal Zamir, un militar nada pacifista, pero que como militar sabe las consecuencias que esta acción podría tener a medio plazo teniendo en cuenta el número limitado de soldados de lo que dispone Israel y que en ningún caso haría que el Israel del día siguiente de la ocupación tuviera más seguridad. El apoyo incondicional de alguien como Donald Trump no suple la falta de efectivos humanos para aplicarla más allá de la consideración de que si Egipto y Jordania continúan oponiéndose a quedarse los dos millones de gazianos que Netanyahu quiere expulsar, con tanta muerte y humillación, matando de hambre y epidemias a la población, lo único que conseguirá será una nueva generación de jóvenes palestinos ansiosos de justicia y venganza.
