Los Agentes Rurales hacen un llamamiento a prevenir los descuidos con el fuego

El uso de drones y de la unidad canina perfeccionan las investigaciones para saber el origen de la mayoría de incendios forestales

Bluesky

Los Agentes Rurales constatan que el factor humano se mantiene como el 90% de los causantes de los incendios forestales y agrícolas. De ellos, un 36% radica en la negligencia. «Normalmente corresponden a hechos muy habituales porque la gente no es consciente de que hace algo prohibido o de manera incorrecta», avisa el subinspector especializado en investigación de incendios, Quico Rivera.

Son descuidos «muy comunes», como utilizar maquinaria sin autorización, o también hay personas procedentes de otras culturas que conciben como habitual hacer una pequeña brasa en el bosque para cocer carne.

Los Agentes Rurales resaltan que la incorporación de drones y de la unidad canina les ha permitido perfeccionar las investigaciones para determinar los origenes de estos fuegos.

El 10% de los incendios se atribuyen a causas naturales. En cuanto a las causas humanas, el 13% tiene su origen en un accidente, el 15% son por motivos intencionados y un 25% queda sin identificar. .

El grueso restante proviene de la negligencia, con acciones del todo inconscientes que los Agentes Rurales piden revertir. «Es tan sencillo como que las máquinas de corte radial se utilicen con pantallas o que se pida autorización para el uso de determinada maquinaria técnica o agrícola», insiste Rivera, que recuerda que el Plan Alfa restringe los permisos en función del riesgo de incendio.

Neglicencias

Este subinspector insiste en que tras la negligencia que provoca la mayoría de incendios «no acostumbra a haber ningún comportamiento excepcional». «Hay que ser conscientes de que muchas actividades intrínsecamente ya llevaban un peligro asociado», insiste, en el marco de una recreación de investigación realizada este viernes en Viladecans.

Rivera apunta que probablemente la negligencia se mantiene estancada en cerca del 40% de los causantes de incendios debido, también, a la llegada de población foráneo, «con otras costumbres y marcos legales que impiden asimilar los riesgos».

Pone como ejemplo el encendido de brasas en zonas de riesgo, «que muchos ciudadanos creen que no están mal hechas hasta que hacen un proceso de conciencia y adaptación».

Los Agentes Rurales destacan que la labor investigadora para esclarecer las causas va del bracete de la capacidad del cuerpo para mejorar la divulgación de riesgos, «porque conociendo al enemigo, puedes hacer políticas que ayuden a regular las actividades y hacer mejor prevención».

En este sentido, el cuerpo se ha especializado en los últimos años para mejorar la efectividad y la rigidez de las pruebas recopiladas en los incendios. El jefe del área regional de Barcelona, Jaume Torralba, detalla que todos los miembros de los Agentes Rurales están formados en investigación de incendios con el fin de actuar lo más rápido posible «y encontrar evidencias físicas importantísimas».

Precisa que la prioridad es llegar al incendio tan pronto como se pueda para empezar a recoger pruebas en el punto de origen, es decir, en la cola, «mientras los Bomberos centran sus esfuerzos en la cabeza para que no avance».

Admite, sin embargo, que el número de efectivos que actualmente forman los Agentes Rurales impide garantizar esta inmediatencia las 24 horas del día, pero confía en que la ampliación de la plantilla prevista en los próximos años permita resolver esta carencia.

Torralba apunta que, cuando los agentes llegan al lugar de inicio, observan varios vestigios con el fin de identificar la dirección de las llamas y acotar el área donde presuntamente ha comenzado el fuego. Entre la especialización que ha incorporado el cuerpo en los últimos años destaca el uso de drones para tener una visión alzada que permita identificar mejor el origen.

También ha sido un «gran avance» contar desde 2020 con una unidad canina, «que ayuda a ver lo que los ojos de los agentes no perciben». Lo destaca el subinspector del área de Grupos Especiales, Lluís Pallarès. En este caso, los perros se activan cuando no hay ninguna causa evidente respecto al inicio del fuego o cuando hay sospechas de que se han podido utilizar aceleradores.

Si se trata de esta segunda circunstancia, el rastreo realizado por los perros permite corroborar el uso de estos productos «y dar solidez a las pruebas que se entregan al juez». «Antes de la unidad canina podíamos tener sospechas, pero no había evidencia, mientras que ahora podemos determinar el punto exacto donde está el acelerador y recoger una muestra para llevarla a laboratorio», relata Pallarès. La unidad canina interviene en una veintena de investigaciones de incendios cada verano.

Más población pero menos incendios

Por otro lado, los Agentes Rurales han expuesto este viernes los datos de evolución de los incendios en el conjunto de los últimos 25 años. Según el cuerpo, a pesar de que la población en Cataluña ha ido en aumento, el número de fuegos ha disminuido.

De los más de 800 incendios registrados en 2000 y más de 900 en 2005, cuando la población era de entre 6 y 7 millones de habitantes, se ha pasado a un registro de unos 450 incendios el año pasado, con casi 8 millones de personas. «Queda de manifiesto que el trabajo preventivo ayuda a mejorar la conciencia de riesgo», ha asegurado Torralba.

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