¿Por qué esta ola anti-inmigración?

Bluesky

Trump, el que se considera «el dueño del mundo» ha hecho de la anti-inmigración una de sus batallas: ha deportado, encarcelado, separado a familias, convirtiendo a las personas inmigrantes en «el enemigo a batir», olvidando que él mismo es nieto de inmigrantes y que el 99% de los ciudadanos de su país son descendientes de inmigrantes, ya que de los que vivían en Norteamérica quedan muy pocos, porque fueron exterminados por los primeros inmigrantes ingleses.

En nuestro país, el partido de Vox, fiel vasallo de su «Papi» dice que, si gobierna, (esperamos y deseamos que esto sea NUNCA), expulsará a 8 millones de inmigrantes. Una afirmación totalmente inviable y descabellada, pero que hace daño. Sobre todo porque la ignorancia de mucha gente, y sobre todo de los más jóvenes, hace que se acaben creyendo las mentiras de este partido y de la gran ola anti-inmigración que circula por las redes (youtubers, TiK Tok, etc.).

Xenofobia, islamofobia, racismo, sionismo… no importa el nombre, todas ellas tienen un rasgo en común: la discriminación de un colectivo identificado por alguna de sus características: el color de la piel, el lugar de origen, la cultura, la lengua que hablan, la religión que profesan… para que otros colectivos, los ricos o los nacionales, puedan seguir disfrutando de sus privilegios.

Los objetivos también son los mismos: buscar una «cabeza de turco» para justificar todos los males que sufre la sociedad en un momento determinado. Estigmatizar a todo un colectivo para poder sacar algún beneficio, normalmente a partir de su sobreexplotación. Y, finalmente, también sirve para desviar la atención de otros problemas, aumentar la represión sobre toda la población, aumentar el control, justificar guerras y masacres… ¡¡El genocidio de los palestinos a manos del ejército asesino de Israel es uno de los ejemplos actuales más terribles!!

En estos tiempos de crisis, económica, política, climática, de aumento de las desigualdades, de trabajos precarios y mal pagados, de dificultades para encontrar una vivienda, de privatización y disminución de los servicios sociales, promover la xenofobia en lugar de enfrentarse a los poderosos es una salida fácil y vergonzosa que la derecha utiliza y a la que la izquierda no da respuestas con suficiente contundencia. El creciente malestar social, la inseguridad laboral y el desempleo son el telón de fondo en el que crecen los adolescentes actuales y el peligro del aumento de actitudes xenófobas es muy latente.

Estamos en un momento muy complicado y hay que poner todas las medidas que hagan falta para no caer en la violencia racista, tal y como está pasando ya en otros países. La educación, en el sentido amplio de la palabra, es una de las armas más potentes para luchar contra estas actitudes. La escuela, las redes sociales, los medios de comunicación, los partidos políticos, deben tener muy claro que se debe hacer pedagogía y educar en unos valores que hagan posible una sociedad sin enfrentamientos culturales, sin racismo y sin discriminación. Entre otras, hay que explicar muy bien tres cosas:

  1. Las migraciones forman parte de la historia de la humanidad. Desde los inicios de la especie humana ha habido desplazamientos masivos de personas y comunidades enteras. No es, pues, ninguna novedad. La mayoría de países se han formado a partir de la convivencia entre diferentes grupos culturales. Hay que recordar que las crisis económicas y sobre todo las guerras, son siempre una fuente de desplazamiento. Las personas, como es normal, huyen de las situaciones terribles donde su vida y la de su familia está en riesgo. Nuestro país tiene una historia reciente de emigraciones al final de la guerra civil y luego con la crisis económica durante la primera etapa del franquismo.
  2. La cultura no es una característica medible. La cultura es un conjunto de invariables que son comunes a todos los grupos humanos: una manera de comunicarse, de vestir, de comer, de relacionarse con las divinidades, de aparearse, de cantar, de bailar… Y la única diferencia entre unas culturas y otras es la forma que toman estas manifestaciones culturales. Las culturas no son mejores o peores, son, sencillamente, diferentes. Dentro de cada cultura podemos encontrar rasgos positivos y rasgos negativos.
  3. Hay que explicar las causas del racismo y de la islamofobia y sus consecuencias. Dar información que ayude a entender los mecanismos, las causas y los objetivos de las actitudes discriminatorias. Buscar estrategias que ayuden a ver de qué manera el racismo racionaliza y justifica la desigualdad y el acceso diferencial a los recursos entre «ellos» y «nosotros», dividiendo, así, a los trabajadores y trabajadoras que sufren los mismos males.

Hay que analizar los intereses que se esconden detrás del terrorismo y las guerras occidentales en los países musulmanes, que son de carácter económico y de geoestrategia, pero no de signo religioso. Es necesario que quede claro que las personas que emigran huyen de la guerra y la miseria. Poner vallas y fronteras, y dejar que las personas mueran en el mar, en su intento de tener una vida digna, va contra todos los principios humanitarios, de justicia y de derechos humanos.

Finalmente, hay que tener claro que hay un solo planeta y que es de toda la humanidad y que, por lo tanto, hay que compartirlo.

Tal y como dice Zygmunt Bauman: «La humanidad está en crisis y no hay otra salida a la crisis que la solidaridad».

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