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Tengamos la lengua en paz

Siscu Baiges

Periodista de Solidaritat i Comunicació - SICOM, activista, cabrejat amb les injustícies
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Una parte de mi vida profesional la dediqué a trabajar en el programa ‘Parlem-ne‘ de Ràdio 4. Lo hice primero con Joan Lluch como presentador y después con Joan Barril. Ambos han traspasado ya, desgraciadamente. La filosofía del programa era el clásico «hablando la gente se entiende». Lo hacíamos en catalán y, lógicamente, no le hacíamos ascos a entrevistar o invitar a colaboradores que se expresaban en castellano.

Creo y entiendo que las lenguas están para que las personas se comuniquen entre ellas. No veo en las lenguas el valor emocional que le otorgan otros. Con mis padres hablaba en catalán, claro. Con mi compañera lo hago en castellano. Y con mi hijo en catalán, castellano y unas dosis de inglés, un idioma que está omnipresente en nuestras vidas.

Hoy doy una clase en el programa para estudiantes internacionales Study Abroad de la Universidad Autónoma de Barcelona. Hay alumnos de Estados Unidos y de Egipto. Hablaremos en inglés. Yo lo pasaré mal porque mi inglés es bastante justito y entender a chicos y chicas de Estados Unidos con la forma en que lo hablan allí se me hace muy difícil. Se hará lo que se pueda.

Cuando ejercía de profesor en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB y había alumnos que acababan de aterrizar en la Universidad procedentes de Andalucía o Ecuador daba las clases en catalán pero estaba pendiente de echar una mano a estos alumnos si veía que perdían el hilo de lo que explicaba. No hay nada que no se pueda resolver con buena voluntad.

Pienso que es la misma manera en que deberíamos tratar la convivencia de idiomas en general. Si convertimos las lenguas en armas de defensa de ideologías determinadas, mal vamos. Si los independentistas hacen del catalán un factor de combate contra el castellano, mal asunto. Si el castellano se convierte en una herramienta de lucha contra los independentistas, fatal.

En este debate necesitamos más voluntad de entendimiento y menos hipocresía. Es lamentable que la derecha española se niegue a aceptar que el catalán es una lengua oficial que se puede usar en el Congreso de los Diputados, el Senado, los juzgados, la Conferencia de Presidentes Autonómicos o el Parlamento y la Comisión Europea. Y chirría que empresarios y periodistas que se han hecho de oro haciendo programas en catalán en TV3 se conviertan en abanderados de los que aseguran que el catalán se muere.

Evidentemente he hecho estas reflexiones después de ver cómo se ha revolucionado el mundo independentista ante la representación teatral que hizo el grupo Teatro sin papeles en el acto de presentación del último informe de la Oficina para la No Discriminación del Ayuntamiento de Barcelona. En esta representación, unas mujeres migrantes mostraban sus problemas para recibir atención sanitaria porque no entendían el catalán en que se les dirigían. Lo deduzco después de ver numerosas veces la grabación defectuosa que distribuyó la Plataforma per la Llengua por las redes sociales, porque no se acaba de entender muy bien qué dicen. Los que se han sumado a la protesta indignada supongo que han sufrido el mismo problema que yo.

En marzo pasado, poco después de llegar a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump firmó una de sus muchas órdenes ejecutivas que convertía el inglés en el idioma oficial de Estados Unidos. El inglés llegó a los Estados Unidos procedente del Reino Unido. En aquellos tiempos se hablaban allí lenguas nativas y otras como el español, el francés, el holandés, el alemán o el sueco. Trump quiere poner dificultades a los que no dominan el inglés y, de paso, da alas a la aversión contra los inmigrantes que impulsa su Make America Great Again (MAGA), que en castellano sería Hagamos América Grande Otra Vez (HAGOV).

Si no se pone buena voluntad en la solución de estos incidentes agravaremos el problema de la convivencia y la comunicación constructiva. No creo descubrir nada especial si considero que la mejor manera de atender a un enfermo es que se exprese en su lengua. Y si no hay forma de entenderse, hay que tener un intérprete a mano. Si queremos que Cataluña sea Grande Otra Vez (CGUAV), recomiendo no seguir el ejemplo de Trump y apostar por el diálogo, la comprensión y la voluntad de resolver los problemas y necesidades de las personas, especialmente las más vulnerables.

Tengo un amigo de unos cuatro años, Hossein, hijo de los pakistaníes que regentan un súper cerca de casa, con el que me comunico con el google traslator. El chaval alucina y le habla entusiasmado en urdu a mi móvil.

Dicen que los chinos han inventado unos aparatos que convierten un mensaje de voz de un idioma a otro de forma instantánea. Visto que el esperanto no terminó de cuajar y que el inglés es un idioma manifiestamente mejorable, quizás debemos dejar en manos de la tecnología la salida a un debate que ha generado y genera muy mal rollo y esforzarnos en que todo el mundo, la gente de aquí de toda la vida y la que van llegando, tenga la atención médica que necesita. Y que se la facilite un médico o una médica de forma eficiente, rápida y, ya puestos, con una sonrisa, hablando en el idioma que quiera.

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