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Laporta intenta sin éxito otra extorsión indecente a la figura de Messi

Leo Messi, durante la entrevista con David Carabén - FC Barcelona

Como de lo que se trata es de mostrar el Barça más idílico, sólido, sensible y proyectado hacia un gran futuro, el aparato mediático y de propaganda del presidente Joan Laporta ha puesto la guinda a otro verano dramático con un montaje periodístico mezquino —una vez más— en torno a Leo Messi y su relación con el Club. Una maniobra perversa, maligna y malintencionada que, en el fondo, no deja de ser otro chantaje a la figura futbolística más importante de la historia del Barça. Un hecho lamentable, sin duda, fruto de la mentalidad maquiavélica y depravada del actual presidente.

La trampa ha consistido en filtrar a los medios que Laporta sueña con inaugurar el nuevo Spotify con una especie de homenaje a Messi porque considera necesario que las relaciones se normalicen y que Leo merece tener por fin este reconocimiento de su afición. La prensa, siempre servil y manipuladora a favor de los intereses más insanos de Laporta, no ha tardado en dar por hecho que quien tiende la mano a Leo, generoso y bienvenido, es Laporta, «porque es un presidente —se ha llegado a afirmar— que antepone por encima de todo lo mejor para el Barça», con este gesto que, además, suponen también los medios, incluye el guiño y la complicidad de Messi, impaciente para que este homenaje vea por fin la luz.

Así lo han expuesto la mayoría de los medios, excepto sólo uno que, antes de apuntarse a esta nueva fiesta laportista de ficción y de imaginación, se puso en contacto con Messi a través de los canales que lo conectan con su entorno más fiable. La respuesta fue que no sólo no tenían noticia sobre esta iniciativa, es decir, que nadie de la directiva se había molestado ni siquiera en consultar la predisposición de Messi, sino que haber lanzado con tan mala intención esta noticia añadía otro motivo de disgusto, enfado y distanciamiento de la estrella argentina con Laporta.

Porque Leo Messi no está enfadado con el Barça, todo lo contrario. Es su club, el de su corazón, del mismo modo que Barcelona es y será siempre su hogar y el de su familia. El problema lo tiene Laporta con Messi, a quien además de echarlo con una puñalada traidora y una patada sin contemplaciones, ya ha intentado engañar dos veces, además de seguir utilizando su nombre y su figura para sus intereses personales y para favorecer su imagen de presidente extremadamente barcelonista.

Messi no verbalizará lo que realmente siente y piensa porque, entre muchas otras cualidades de su personalidad futbolística y de sus sentimientos como barcelonista, él sigue «queriendo» al Barça, y sabe mejor que nadie cómo se las gasta la prensa laportista, ridículamente provinciana y sometida. Cualquier cosa que diga o haga Laporta la usarán para seguir construyendo ese relato artificial que los medios le han comprado, según el cual fue Messi quien se marchó «de aquella manera» en verano de 2021; quien no quiso volver con Xavi Hernández cuando acabó el contrato con el PSG; quien se negó a asistir al Liceu en la gala del 125º aniversario; y ahora es Messi también quien no sabe, no contesta y no muestra la menor gratitud hacia esta oferta de homenaje para inaugurar el Spotify.

En todos los casos, se trata de una extorsión y de una manipulación de la realidad que, igualmente, no moverá a Leo Messi de su posición de permanecer lo más alejado y protegido posible de las maquinaciones laportistas, pero no del Barça, institución a la que se siente emocionalmente vinculado para siempre. Lo que hace Laporta es, a pesar de los olé de su ejército de palmeros, feo, repulsivo e indecente. Dejar que la prensa dibuje el horizonte feliz del día de Messi para reabrir el estadio algún día lejano, acontecimiento que incluiría ese abrazo y foto pendiente -según el fantasioso hilo argumental de los medios- no es más que otro truco.

En realidad, sólo se trata de minimizar y restar importancia al hecho irrefutable de que, ahora mismo, el retorno al Spotify no está ni mucho menos programado, ni es tampoco seguro que se produzca este agosto o septiembre y que, en el mejor de los casos, se ajustará a un aforo limitado, mínimo y a los umbrales más extremos de la legalidad y la normativa municipales. Otro artificio para que, como sea, precipitadamente y presionando también al alcalde de Barcelona para que se salte la ley y así evitar el desencuentro de los votantes azulgranas de la ciudad, sobre todo de Les Corts, la reapertura -tarde y mal- no se parezca a lo que es, otra exhibición de Laporta y Limak de su rotundo fracaso y engaño. Tanto en la gestión de las obras como en la venta de unos asientos VIP que, si no funcionan en el Gamper, aunque no entre nadie más que los abonados a 5.000 euros el asiento, amenazan con hacer saltar la banca laportista.

En esta necesidad de distraer, enmarañar y confundir, Laporta no ha dudado en recurrir nuevamente al comodín de Messi porque está convencido de que Leo no irá a la guerra directamente contra él, consciente de que el barcelonismo, convenientemente manipulado por el poderoso aparato mediático laportista, lo interpretaría como un ataque al Barça. Al menos así ha sido hasta ahora.

Pero aquí quedan todos estos desprecios de Messi a Laporta cuando han coincidido en las galas del Balón de Oro y en el 125 aniversario azulgrana, siendo el delantero argentino el único que no picó ni se dejó arrastrar por un acontecimiento que, en el fondo, en la forma y en la práctica, sólo fue un acto de egoísmo, vanidad, culto y exaltación del laportismo, de sus excesos y de su soberbia, por desgracia, cada vez más confundidos con estos valores del barcelonismo, ya desviados y ausentes de la vida social desde hace años.

Laporta puede seguir abusando y aprovechándose de la paciencia y elegancia de Leo, pero haría bien en no seguir jugando con fuego sabiendo, sin duda, que no conseguirá esa foto con Messi ni ese abrazo imposible.

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