El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha reconocido este lunes que la propuesta para que el catalán, el gallego y el euskera se conviertan en lenguas oficiales de la Unión Europeaaún no cuenta con el apoyo unánime de los 27 estados miembros, requisito imprescindible para su aprobación.
Albares ha remarcado que la iniciativa «no ha sido rechazada», pero tampoco se ha aprobado, y ha asegurado que el ejecutivo español mantiene el compromiso y la propuesta «continúa sobre la mesa». Ha denunciado que la situación actual supone una «discriminación» para los ciudadanos que hablan estas lenguas y ha defendido el plurilingüismo como valor europeo.
Varios países, como Finlandia, Suecia y Croacia, reclaman más tiempo para analizar el impacto legal y económico del reconocimiento, aunque España se ha comprometido a asumir su coste —unos 132 millones de euros anuales— y a aplicarlo de manera gradual.
En paralelo, fuentes diplomáticas señalan que el Partido Popular europeo y el PP español han actuado para frenar la iniciativa, y que la presidencia rotatoria del Consejo no ha impulsado el tema. Mientras tanto, eurodiputados como Javi López trabajan para que el catalán se pueda usar en la Eurocámara por otras vías que no requieren unanimidad.
A pesar de las dificultades, Albares asegura que España seguirá defendiendo la propuesta en el ámbito europeo. La oficialidad del catalán, sin embargo, sigue encallada.