Icono del sitio El Triangle

Lluís Llach convierte a la ANC en una entidad presidencialista

El cantautor de Verges s’està cremant com a líder de l’Assemblea Nacional Catalana (ANC)

Suenan campanadas a muertos en la Assemblea Nacional Catalana (ANC). La actuación de Lluís Llach al frente de la organización ha tensado la cuerda y el sector crítico no está dispuesto a dejarse arrastrar por el cantautor en su carrera hacia una organización que los descontentos ya califican como «cabdillista».

La gota que ha hecho derramar el vaso ha sido la campaña de la cúpula oficialista de la organización durante los días de votación de las enmiendas a los nuevos estatutos y al reglamento. En medio de la votación, Llach dirigió una carta pidiendo el voto por su propuesta, una acción que ha sido calificada por muchos activistas de prepotente, dictatorial, sectaria o antidemocrática. «Te pido que confíes en él y que nos des tu apoyo votando a favor», decía Lluís Llach en la misiva a la militancia.

Albert Jaime se ha quejado abiertamente de que «hoy, el presidente Lluís Llach ha usurpado el canal de comunicación, cambiando el remitente, para pedir el voto favorable a todos los socios. ¿Conoces a ningún presidente de ningún Estado democrático que haya hecho esto en medio de una votación?».

Elisenda Paluzie, expresidenta de la ANC, ha sido una de las más críticas: «En cuatro años hicimos tres reformas de estatutos y nunca hicimos ninguna campaña a favor. Los enviábamos con las enmiendas y punto. La gente votaba y se aprobaban las enmiendas. Llevan un mes haciendo campaña descarada a favor y hoy lo rematan con un mail personal del presidente a todos los socios. ¡Basta! No», ha alertado a través de las redes sociales.

Sobre la carta de Llach el día de la votación, asegura que «con este correo es más claro que nunca que el objetivo es que deje de ser una asamblea donde todos somos iguales y pase a ser una entidad presidencialista y dirigida desde arriba, como tantas otras». Su sucesora al frente de la entidad, Dolors Feliu, la ha apoyado: «Yo también lo veo así, Elisenda. Yo también votaré ‘no'». Txell Viaplana ha sacado la artillería: «Este personaje ha sido, y desgraciadamente todavía es, uno de los activos más tóxicos para el independentismo catalán, y ahora ha convertido a la ANC en una fosa séptica», acusa, refiriéndose al presidente de la organización.

Lluís Llach, en cambio, ha conseguido adeptos a su causa, como Pilar Carracelas, que ha contestado a Paluzie señalando que «no sé si son dos cosas equivalentes. Una cosa es no gustarte el talante presidencialista, que es un tema, y otra que pongas en valor no hacer campaña, que entra dentro del juego democrático».

Pero el ejército de Llach es mucho más numeroso. Parte de la cúpula de la ANC ha secundado a su presidente. Miembros del secretariado de la organización, como Jordi Llobet, Carme Vilaró, Pol Fontova, Juli González o Jordi Alsina, se han sumado en corazón a Llach para pedir el voto favorable al sí en la reforma interna de la ANC. Jordi Llobet, secretario del Camp de Tarragona, ha acusado a un lobby interno favorable a la lista cívica de «aprovecharse de la ANC para lanzar al mercado una nueva lista electoral».

Josep Costa, exvicepresidente del Parlament y líder in pectore del sector crítico, ha mantenido el pulso a Lluís Llach. En un vídeo distribuido tras la irrupción de Llach en la votación, Costa admite: «Estoy muy cansado, muy cansado de tantas peleas y tantas luchas de poder y tantas controversias. Esta es la última en la que yo participaré, la verdad. Yo votaré ‘no’ a la reforma de los estatutos, por la forma en que se ha hecho, pero, sobre todo, por todo lo que supone para el futuro de la ANC. Ahora el independentismo necesita ideas nuevas, necesita renovación, necesita regeneración. Y no ir en esa dirección. Se necesitan, por ejemplo, caras nuevas. No es necesario que vuelvan los que ya estaban la década pasada […]. Nos hace falta, sobre todo, una ANC independiente. No dar más armas a los que la quieren potinear para controlarla».

Los partidarios de Llach han lanzado contra sus rivales todos los reproches posibles. «En tiempos de independentismo de marchas y desfiles, Elisenda Paluzie y Josep Costa, vuestra ausencia en Montserrat os habría inhabilitado para encabezar el movimiento. En tiempos de independentismo de combate, no estáis donde era necesario: en los hechos, sois intelectuales autonomistas», acusa el excupero Julià de Jòdar, que está considerado por los críticos como un submarino de Carles Puigdemont, el contrapeso colocado aquí por el expresidente para hacer tándem con Lluís Llach, controlar el aparato de la ANC y ponerlo al servicio de sus intereses políticos.

Evidentemente, Julià de Jòdar rompió la exigida neutralidad del día de la votación y secundó a Lluís Llach: «Buen día, compañeros. Hoy lunes nos jugamos que la ANC siga trabajando por la independencia desde la transversalidad de la sociedad civil organizada, o bien que se vaya consumiendo, y con ella, los anhelos y las ilusiones de todo un pueblo que lucha por ser libre. ¡Votamos ‘sí’!».

El histórico Josep Guia ha sido uno de los que ha recriminado al excupaire su fabulación. «Desde mi perspectiva –más de 50 años de lucha por la liberación nacional–, me parece fuera de lugar el reproche de Julià de Jòdar a Elisenda Paluzie, la cual ha mostrado sobradamente su valía como dirigente independentista y siempre argumenta sus posiciones sin insultar a nadie».

Paluzie razonó después su posición con argumentos sólidos: «Es una reforma de estatutos que trasciende un mandato concreto, que en principio afecta al futuro de la entidad más allá de esta presidencia concreta. He dado, legítimamente, mi opinión como socia que soy, argumentando los cuatro puntos clave que no comparto. ¿Qué sentido tienes de la democracia, el de validar todo lo que apruebe una dirección política, acríticamente?».

Julià de Jòdar es del ala más dura del sector oficialista. El exdiputado asegura que «¡gente que ha estado bloqueando la ANC, y amenazando con colapsarla, porque no podían imponer sus tesis al secretariado, ahora se hacen las víctimas mientras organizan un partido para hacer crecer el nivel del pantano autonomista y, entretanto, malhablan de los partidos!». Pero también asegura que «yo no tengo ningún problema personal con Paluzie o Costa, y ellos lo saben. Todo radica en la distinta manera de entender la realidad para ningunearla. Lo que debo saber es cómo nos habría reconfortado contar con gente de su valía, codo a codo, en Montserrat».

Pero a pesar de sus disculpas, es implacable con sus enemigos. Después de hacerse el buen jan, apunta directamente al jefe de Paluzie, insinuando que es una aprovechada: «¡Esta señora que se pasea por el mundo con un cargo de la ANC, y todavía tiene la barra de posicionarse favor de los bloqueadores que promueven un partido autonomista!».

La expresidenta respondió a este ataque con mano de hierro en guante de seda: «Desde principios de junio, estoy trabajando en la Universidad de Glasgow. Esté dos meses. Hoy vuelvo a Ginebra, pagármelo de mi bolsillo, para representar a la ANC y la UNPO ante el Comité de Derechos Humanos en la evaluación que hacen de España. Hace 35 años que hago activismo para aguantar ahora según qué. No estoy jubilada y hago todo lo que puedo cuando puedo. Gracias por la lección. Seguro que todo el mundo habrá aprendido mucho, sobre todo de usted», espetó al exdiputado.

Desde el bando oficialista, a pesar de todo, hay argumentos de peso para contrarrestar las acusaciones de los críticos, más allá de los exabruptos de Julià de Jòdar. «Los que hasta hace cuatro días habíamos llevado a la ANC al borde del abismo continué intentando controlar la entidad y no tuve el apoyo de los socios. La enmienda contraria que ha conseguido más votos ha tenido 309 votos. Esa es vuestra fuerza», aducía Jordi Colomines con datos inapelables en la mano.

Las espadas dentro de la ANC están alzadas y la tensión entre sectores va en aumento cada día que pasa. Fuentes del sector crítico acusan a Llach de querer transformar la organización para que deje de ser transversal y pueda ser utilizada como un instrumento político al servicio de determinados intereses partidistas. Una anécdota ilustra esta acusación: el miembro del secretariado David Miñana lanzó el 1 de julio una foto de Llach reunido con la cúpula del grupo parlamentario de Junts. «A pesar de saber los resultados de la consulta de la ANC, nos encontramos con esta imagen. Una imagen vale más que mil palabras…».

No es el único con la mosca detrás de la oreja: «La ANC era una herramienta brutal, la mejor que tuvimos, pero los políticos de mierda que tenemos la destrozaron. Porque la ANC era el pueblo empoderado, y los políticos no pudieron soportar que algo se escape de su control. Una vez desmontada y destrozada, es igual si la gente se queda o marcha», argumentaba Pilar, una activista, en un foro restringido. «Cuando dejas entrar a los políticos, estás perdido», respondía Juan. Y Pilar rezaba: «Esto pasó desde 2015 hacia aquí. Infiltrados para desmontarla. Cuando llegue el momento de nuevo, que llegará, o el trabajo lo hagamos nosotros o no lo hará nadie de ellos».

La pregunta clave es saber si la ANC podrá resistir la polarización creciente de sus dirigentes y de sus bases. «En estos momentos, existe riesgo de ruptura. O, más bien, que un sector abandone la organización definitivamente y no vuelva hasta que salgan todos los vendidos a los partidos. La ANC ha dejado de ser transversal y se ha convertido en una organización presidencialista similar a cualquier partido político. Argumentan que lo que quieren con las reformas de los estatutos y el reglamento interno es reforzar la transversalidad, pero es mentira. Tal como estaba diseñada y montada, obligaba a buscar el consenso amplio entre la militancia. Con la reforma, esta característica esencial de la ANC desaparece. La ANC que movía a millones de manifestantes ha muerto y será difícil recostar las heridas que la actitud prepotente de la actual cúpula ha abierto», sostienen los críticos, que están dispuestos a aguantar el pulso hasta el final.

*Puedes leer el artículo entero en el número 1629 de la edición en papel de EL TRIANGLE.

Salir de la versión móvil
Ir a la barra de herramientas