El Gamper 2025 presenta un cartel insólito: Laporta contra Collboni

El presidente, que se juega el 'fair play' financiero y el balance del ejercicio a que el Ayuntamiento de Barcelona le dé los permisos de apertura para validar la operación de los asientos VIP, presiona al alcalde con el voto de los miles de socios barceloneses

Joan Laporta i Jaume Collboni - Foto: Ajuntament de Barcelona

El FC Barcelona se enfrenta a una necesaria, urgente y dramática obligación de conseguir la reapertura parcial del Camp Nou en medio de importantes retos técnicos, económicos y administrativos que mantienen en vilo a Joan Laporta y a toda su junta. Si antes del 10 de agosto no consigue del Ayuntamiento de Barcelona la licencia de apertura, ni que sea limitada a unos miles de espectadores, parece que no podrá acreditar ante LaLiga y ante Goldman Sachs que al menos una parte de los palcos y de los asientos VIP están operativos y generan los primeros ingresos extra, según el diseño de construcción y los plazos acordados para la financiación de la obra.

Es la única forma de que LaLiga, con los 100 millones en juego de la operación de los asientos VIP pendientes de incluir desde enero, resitúe el fair play financiero de Laporta al estado 1:1, de forma que a partir de entonces pueda inscribir renovaciones y fichajes con ventas y cesiones a tiempo de completarlas antes del cierre del mercado. En caso de producirse un retraso en la reapertura, aunque el primer equipo pudiera jugar a mediados de septiembre, ya no se beneficiaria de este recurso financiero a efectos del margen salarial.

Por esta razón, aunque el club filtró con entusiasmo su intención de acoger el Trofeo Joan Gamper el 10 de agosto con 60.000 espectadores, la realidad de las obras y los trámites municipales podrían limitar el aforo inicial a unos 20.000, priorizando la zona de tribuna para cumplir con los compromisos VIP y económicos.

Esta edición del Gamper, pues, no será una contienda entre el Barça y cualquier otro equipo (el Como italiano que entrena Cesc es quien se ha avenido a estar preparado por si al final se juega), sino que presenta un cartel inédito, el de Laporta contra Collboni o el de la directiva del Barça contra el Ayuntamiento.

La situación es que las obras avanzan a diferentes ritmos en las diversas zonas del estadio. La tribuna es la parte más adelantada, mientras que el lateral y el gol sur muestran retrasos. El gol norte evoluciona mejor, pero la posibilidad de abrir solo la tribuna está sobre la mesa, ya que es esencial para la presencia de socios VIP y el cumplimiento de compromisos comerciales.

El Ayuntamiento, representado por la teniente de alcaldía Laia Bonet y el alcalde Jaume Collboni, ya ha dejado claro que las obras de la primera fase —la finalización de los dos primeros anillos— deben estar completamente finalizadas y revisadas antes de conceder la licencia de primera ocupación, requisito indispensable para poder acoger público de forma masiva y segura.

La directiva ya asume que la apertura de la tribuna podría ser la única opción viable como prueba piloto. Limak, la constructora, señala que todo depende del ritmo de los trabajos y espera realizar pruebas de carga y de accesos para probar la seguridad y funcionalidad del recinto, en principio siempre de cara al debut liguero contra el Valencia el 14 de septiembre y para la Champions.

El Gamper a escala reducida es la propuesta de Laporta a Limak y al Ayuntamiento para disponer del fair play financiero que no tiene y por culpa del cual ya ha perdido a Nico Williams. La reactivación de los palcos VIP del nuevo Spotify Camp Nou es crucial desde el punto de vista financiero siempre y cuando estos palcos estén terminados y en uso durante el Gamper, y reciban finalmente la validación de la auditora Crowe Global y de LaLiga. Si esto no ocurre en agosto, la oportunidad no se repetirá hasta septiembre, implicando un retraso relevante en la recuperación económica y la imagen institucional del club.

En la desesperación, Laporta ha lanzado la campaña «Tornem a casa, vibrem», que insinúa el regreso al Camp Nou para el 10 de agosto sin que el Ayuntamiento haya recibido aún la solicitud formal de permisos. Las autoridades municipales, molestas con su actitud y este intento de presionar al alcalde Jaume Collboni, han respondido insistiendo en que no pueden conceder licencias hasta que las obras estén realmente finalizadas y revisadas, especialmente en lo que respecta a la seguridad.

La reapertura parcial del Camp Nou ya es, a falta de poco más de un mes, una carrera contrarreloj para Laporta, en la que confluyen distintos factores constructivos, legales, técnicos, administrativos y económicos.

Como siempre, fuego de artificio de Laporta, el uso perverso y manipulador de todos los recursos mediáticos a su alcance, y la treta de ilusionar al barcelonismo con el regreso a su casa, dos años más tarde, para que el alcalde no se atreva a ponerle trabas ni defraudar al barcelonismo, en buena parte votantes en las elecciones municipales. Miles de votos de los socios del FC Barcelona residentes en la capital pueden estar en juego si Laporta le acaba echando las culpas del desastre que puede suponer el aplazamiento del retorno a Les Corts al actual equipo de gobierno municipal.

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