Las «Competencias Básicas» han venido para quedarse en nuestros centros educativos, a pesar de que ya son muchas las voces de docentes y familias que están alertando de que los chicos y chicas no aprenden lo suficiente. Cuestión que avalan distintos indicadores.
Pero, ¿qué son y de dónde salen estas Competencias?

Para averiguarlo debemos ir un poco lejos y entender cómo el neoliberalismo (o sea, las empresas y el mundo financiero) está interviniendo en la educación. Y es que las competencias básicas no son un invento pedagógico, ni una demanda del profesorado, ni un ideal de las familias, son una exigencia del mundo económico vehiculado por la OCDE.
Tampoco son una novedad pues desde los años 90 que se están intentando introducir. En 2006 el Parlamento europeo ya aprueba un cuadro de «competencias clave» necesarias para «el aprendizaje a lo largo de la vida, el desarrollo personal, la ciudadanía activa, la cohesión social y la empleabilidad», a iniciativa de la OCDE y el Banco Mundial.
Para la OCDE la cuestión principal no son tanto los conocimientos que la escuela debe transmitir sino cómo la educación «puede promover el tipo de habilidades transferibles que se pueden utilizar para hacer frente y adaptarse a la incertidumbre y el cambio económico». Así, en la educación por competencias, el conocimiento como tal deja de tener importancia y el objetivo del aprendizaje son las técnicas para la resolución de problemas. Se pasa del «saber», como aprendizaje de conceptos y contenidos, al «saber hacer».
La crisis del sistema y la creciente competitividad empresarial desemboca en tres exigencias sobre la educación: 1) la necesidad de reducir el gasto público destinado a la educación y aumentar la privatización y contribución de los ciudadanos y las empresas en su financiación. 2) La necesidad de los capitales de encontrar nuevas oportunidades de invertir de forma rentable y las nuevas formas de educación derivadas de los avances tecnológicos son un buen mercado, por eso «hay que» introducir al máximo las TIC en los centros educativos y promocionar la educación on line. 3) Y más importante, que lo que se enseña en la educación esté al servicio del mercado: se trata de disminuir los conocimientos humanísticos y críticos y promocionar el aprendizaje de competencias vinculadas al mundo del trabajo.
Resumiendo: las Competencias básicas son aquellas habilidades que las empresas han decidido necesitar para el futuro del mundo laboral. Y para imponerlas y para que sean menos costosas para el Estado, se recomienda que las instituciones privadas colaboren en esta labor. Y esto es lo que explicaría el porqué, tanto desde la nueva Innovación educativa (Escola Nova 21), como desde las empresas y bancos (Telefónica, Google, La Caixa, Banco Santander, etc.), ya hace tiempo que se está promocionando esta práctica en las escuelas e institutos. Y, finalmente, el Govern y el Departamento de Enseñanza ha decidido hacer su política, a partir de la LOMLOE y su aplicación en nuestro país.
El problema es que cuando se dice que lo que debe hacer la escuela es «preparar al alumnado para la sociedad del siglo 21», lo que se está escondiendo es que lo que se quiere es preparar al alumnado para un futuro laboral incierto, precario y competitivo. Está claro que la educación debe prepararse para el mundo del trabajo, pero no es ésta su misión principal. La educación es un valor social y debe trabajar para la realización personal y la mejora de la sociedad, para hacer de nuestros chicos y chicas ciudadanos cultos, críticos, solidarios y democráticos.
No queremos educar para que los jóvenes «se adapten» al nuevo mundo del trabajo, sino para que tengan herramientas para defenderse de la creciente explotación y precariedad. Y por eso es necesario que nuestro alumnado, y sobre todo los más desfavorecidos, tengan acceso a los contenidos culturales a partir de los cuales podrían comprender y poner en cuestión las causas políticas y económicas que les abocan a su situación.
Finalmente, es evidente que es necesario mejorar la educación, pero cualquier innovación educativa debería tener como objetivo buscar aquellas prácticas educativas que mejor ayuden a aprender y preparar personas libres y cultas, críticas y solidarias y no trabajadores/as productivos o emprendedores competitivos. La escuela no puede ser una mera fábrica de jóvenes precarios, sumisos e incultos, y eso es precisamente lo que está intentando la deriva neoliberal en la educación y algunas de las nuevas prácticas «innovadoras». Habrá que estar muy atentas.