Doctor en Ciencias Políticas. Ha escrito sobre nacionalismos, memoria, identidad, violencia política, víctimas… También sobre la desigualdad que provoca el inconsciente neoliberal. Entre sus numerosas publicaciones, Alquimistas del malestar. Del proyecto Weimar al trumpismo global , en colaboración con F. Javier Merino. Ahora sale en las librerías El rabo mueve al perro. Israel y Estados Unidos en el devenir de Oriente Próximo (El Viejo Topo).
¿Quiénes son la cola y el perro? ¿Por qué y cómo la una mueve al otro?
Lo normal es que sea el perro quien mueva la cola. Si sustituimos la metáfora, el perro serían los Estados Unidos, y la cola, Israel. Hace pocos días, por citar un ejemplo rápido, los EE.UU. vetaron otra vez una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que pedía un alto el fuego en Gaza. En lo que va de siglo, los Estados Unidos han aplicado siempre el veto en cuestiones que tienen que ver con Israel. Obviamente, todo esto (como algunos norteamericanos, wilsonianos, están señalando), no parece que sea para defender, directamente, los intereses de los EE.UU., sino para defender los de Israel. Así lo reconocen expresidentes norteamericanos (que se dejaron manipular) después de haber pasado por la Casa Blanca. La metáfora fue utilizada por Netanyahu cuando creía que no lo estaban grabando: «América es fácil de mover», dijo literalmente. El balance de lo que está pasando ahora en Gaza (que no es un «cisne negro», sino una continuidad, al menos desde 1967) tiene el imprimatur de los Estados Unidos, no únicamente, pero básicamente.
¿Crees, como sostienen ahora algunos, que el reciente viaje de Trump por los países árabes conllevaba un pacto para detener la masacre de Gaza?
La lógica de Trump es la de un rico que quiere hacerse más rico. Su lógica es la de un hombre de negocios corrupto, como está demostrado. No es la de un estadista. Por eso dice que lo suyo es hacer negocios. Hasta cierto punto, el viaje puede haber sido un mínimo desaire para Israel, pero los EE.UU. nunca han mandado una nota de advertencia a Israel, pidiendo que paren. Es una vergüenza la utilización de la ayuda humanitaria como arma de guerra, privatizada, al frente de la cual han puesto a Johnnie Moore, pastor evangélico, asesor de Trump en temas religiosos, que es uno de los principales apoyos del lobby israelí en Estados Unidos. Además de éste, hacen lobby el Comité de Asuntos Públicos EE.UU.-Israel (AIPAC) y los Neocons, que le hicieron la campaña a Netanyahu en 1996.
¿Por qué Estados Unidos-Israel es un solo cuerpo, como señalas en el libro?
Netanyahu es un personaje con un formato mental netamente norteamericano. Ha sido invitado cuatro veces, el que más, a una sesión conjunta del Congreso y el Senado. Esta relación especial es de tal naturaleza que, para los EE.UU., Israel forma parte de su política interior. La relación especial es eso. Y en su origen está la Guerra Fría. Entonces, los países árabes eran, con la descolonización, más bien de filiación soviética. Así, Israel se fue convirtiendo en una especie de cabeza de puente de los EE.UU. en la zona. Kissinger tuvo mucho que ver con la configuración de esta relación especial. Cuando era asesor de Nixon, estableció una relación acumulativa con Israel, con elementos estratégicos, culturales, psicológicos… Entre los primeros, destaca lo que pasó en 1975, tras el desastre de Vietnam, que coincide con el Watergate: un golpe a la autoestima de los EE.UU. Hace de Israel una especie de escaparate favorable, algo propio, que ya venía marcado por Éxodo, la película de Leon Uris. El imaginario norteamericano sobre Oriente Próximo, y en particular Israel y Palestina, está hecho desde Hollywood. Después abunda La lista de Schindler. También la creación de museos del Holocausto en EE.UU. tiene que ver con ello. Es algo relativamente tardío, que coincide con el derrocamiento de Allende y la promoción de las dictaduras en el Cono Sur.
¿Consideras, como sostienen algunos historiadores, que el Holocausto es más bien una creación occidental católica y, claro está, norteamericana?
Es un elemento clave. No hace mucho, el embajador permanente de Israel en las Naciones Unidas se presentó con una llamativa estrella amarilla de los campos nazis en la solapa. Con ello trataba de poner de manifiesto este tipo de cúpula de acero que les protege. Un blindaje moral. Es fundamental desentrañar la utilización política de ello. La lista de Schindler convirtió a Spielberg, que era un director de cine de entretenimiento, en un cineasta «serio». Creó la Fundación Soha. Ha recogido testimonios de los supervivientes de los campos nazis, a los que ha añadido los de supervivientes de Hamás, del 7 de octubre. Considerar que el atentado de Hamás es una continuación de Auschwitz responde precisamente a este proceso de deshistorización. El imaginario norteamericano sobre el Próximo Oriente, y en particular Israel y Palestina, está hecho desde Hollywood. El Holocausto se ha convertido en una especie de sintagma mágico, aislado de la historia. Es importante leer a Bauman, un nieto del cual acaba de publicar El desastre de la ocupación. Algo que no tiene nada que ver con el antisionismo, como así se hace ver, sino todo lo contrario. Primo Levi no fue detenido por judío, sino por partisano: muchos judíos no murieron en Auschwitz, donde también murieron muchos no judíos. Otra cuestión que llama la atención con el Holocausto es su privatización. Es algo que sólo se puede contabilizar como patrimonio propio de Israel.
¿Qué es para ti la «israelización» del mundo, de la que ya hablabas en tu libro anterior?
De eso trata precisamente el segundo capítulo de libro: «Israel: avales para un prototipo». Ahora se habla mucho de procesos vinculados a lo que pasó con movimientos como Occupy Wall Sreet, el 15-M, la Intifada, la Primavera Árabe…, que, en un movimiento de péndulo, se han convertido en las extremas derechas, que parece que están ganando terreno. Esto ocurre en Israel desde la segunda mitad de la década de los 90 del siglo pasado. Israel es un prototipo de esta deriva autoritaria, supremacista, nacionalista. Trata de acabar con la división de poderes, con los checks and balances. Lo que pasa en Gaza es un exponente de la deshumanización y la brutalización colectiva. Algo que no sólo sufren los gazianos y cometen los perpetradores, sino que lo presenciamos los demás, mientras el derecho internacional ha sido completamente neutralizado. Es como una enmienda a la totalidad a la lección que aprendimos en la segunda mitad de los años 40. Algo que está enterrado entre los escombros de Gaza, con los niños, los periodistas…
¿Con el agravante de expandir la agresión a Cisjordania, Siria, el Líbano, Irán…?
En esto interviene un factor de orden ideológico. La radicalización de la sociedad israelí tiene que ver con dos de los elementos más legitimadores de toda violencia, el nacionalismo y la religión. Los ultraortodoxos están expulsando a la gente de Cisjordania, mientras estamos mirando a Gaza. Esto, junto con la radicalización del sionismo colonial, anima la idea del Gran Israel: del Nilo al Eufrates. Ayer fue el Líbano, dos veces a la semana Siria… Ahora está atacando a Irán. Todo ello a la sombra de la impunidad. Le sale gratis, porque el perro lo protege.
¿Por qué calificas de «radioactivo» esto de Gaza?
Hace poco, France Culture emitía un reportaje sobre el miedo de los periodistas franceses a hablar de Gaza. El «poder blando» de Israel es un poder duro, porque ha impuesto la narrativa de la destrucción como norma. La proporción mediática de Israel con Palestina es igual a la militar. Es una cuestión radioactiva porque cualquiera que se pronuncia está vetado. Hace unas semanas, el fiscal general de Israel declaró que el Tribunal Penal Internacional y el Tribunal Internacional de Justicia son antisemitas. Este mismo libro que publico, si trasciende del círculo de lectores, crítico para Israel y sus amistades, será, sin duda, tachado de antisemita, como así está pasando, sistemáticamente, con todos los que se atreven a hablar.
¿Republicanos y demócratas son el mismo perro, respecto a Israel?
Al menos desde el Tea Party, la sociedad norteamericana está muy polarizada, pero en eso no hay polarización. Es el único elemento en el que hay consenso nacional. Joe Biden es una de las personas que más dinero recibió de estos lobbies proisraelíes. Obama fue el que firmó el acuerdo de los 18.000 millones para dotar de aviones F-18 a Israel. Los demócratas están en el Campo David 1, 2… En los conflictos internacionales, parece que el actor que debería llevar la voz cantante serían las Naciones Unidas. Con Israel no ha sido así. Los llamados procesos de paz acabaron con el asesinato de Rabin, en noviembre de 1995. Ahora, tampoco hay diferencias entre laboristas y conservadores en el propio Israel.

