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«Muchos migrantes mueren en el Egeo a manos de la guardia costera griega»

Hibai Arbide Aza

Reportero. Cubre fronteras, conflictos…, por cuestiones relacionadas con los derechos humanos. Fue abogado durante casi una década. Vive en la isla de Lesbos, una de las fronteras exteriores de la UE, y eso hace que los temas en los que más trabaja estén asociados a migrantes, refugiados, personas en tránsito… Es coautor, entre otras publicaciones, de Balas contra la infancia, y ahora publica Con el agua al cuello (Capitán Swing).

¿Quién, por qué, «con el agua al cuello»?

«Con el agua al cuello» es una expresión coloquial, que en este caso es una descripción precisa de lo que pasa aquí: que las personas que intentan llegar a Grecia, a través del mar, acaban naufragando, a veces de manera fortuita y otras de manera provocada. El subtítulo, «Muertes y devoluciones en caliente en la peor frontera de Europa», resulta bastante explicativo.

¿Dónde está, cómo es la peor frontera de Europa?

He trabajado en el norte de África, en Oriente Medio, en Ucrania, y en otras fronteras, pero en el libro se habla de lo que ha pasado en los últimos diez años en Grecia. Hay fronteras que son terribles. La ruta canaria es, por ejemplo, más mortal, que la del Egeo. También la del Mediterráneo central es, estadísticamente, más letal. En estos casos, las muertes se producen por la peligrosidad del viaje. En el mar Egeo, en cambio, la mayoría son consecuencia de la acción de la guardia costera griega, o de sus cómplices. Las muertes no son accidentales, sino, en definitiva, consecuencia de decisiones tomadas en Europa. La frontera entre Grecia y Turquía está en esta zona, en una pequeña parte, terrestre, pero sobre todo está en el mar.

¿La migración a través de esta ruta es más bien coyuntural, asociada a la guerra en Siria, o estructural, con gente que huye de otros lugares?

La gente que intenta ahora llegar a Grecia por el Egeo procede, sobre todo, de Afganistán. En 2015, cuando comenzó a ser conocida la llamada «Ruta de los Balcanes», la mayoría de las personas que llegaban eran de Siria, como consecuencia de la guerra civil. Ahora, no. Además de los afganos, también emigra gente de Irán y, cada vez más, de las guerras de África: Somalia, Eritrea, Etiopía… También de lugares donde hay grandes hambres. La emigración no es tan homogénea como lo fue hace diez años, aunque sigue habiendo personas procedentes tanto de Siria, como del Kurdistán o de Irak.

¿Qué explica el hecho de que, aparentemente, las barreras contra los emigrantes sean más excluyentes y duras en territorios de la UE, que en los de sus vecinos, como podría ser el caso de Turquía?

En realidad, sí que hay represión en Turquía. Lo que pasa es que no consigue controlar la totalidad del movimiento. Allí las condiciones son cada vez más duras para los migrantes. Los tiempos de detención son más largos, las detenciones más arbitrarias. También hay más deportaciones… Esto produce un efecto perverso, porque cuanto más difícil es continuar en Turquía, más gente de la que está allí siente la necesidad de irse. Cuanto más presiona Europa para que Turquía endurezca sus condiciones y cumpla de manera más eficaz su papel de guardián de las fronteras europeas, más gente desea irse del país. Después de los acuerdos de Turquía y la UE, de 2015, mucha gente pensó que lo mejor para ellos era quedarse en Turquía. De hecho, Turquía tiene tres millones y medio de refugiados. Pero la dureza de las políticas de los últimos años ha hecho que gente que llevaba años en Turquía decidiera venir a Europa.

¿Qué características tienen las devoluciones en caliente en la frontera del Egeo?

En general, las devoluciones en caliente son muy habituales en las fronteras terrestres, como las de Ceuta y Melilla, por ejemplo. Lo más peculiar de las devoluciones en el mar Egeo es que, al darse en el medio marino, no consisten sólo en empujar unos metros hacia atrás a una persona, sino que se producen mediante un asalto de las embarcaciones en el mar. Rompen el motor con la intención de dejar la embarcación a la deriva, acompañado a veces de palizas, robos, vejaciones… En los últimos cuatro años, más de 100.000 personas han sido rescatadas a la deriva… Estas prácticas, también se dan en tierra, una vez llegan a las islas.

¿Estos métodos son consecuencia de políticas digamos autónomas, nacionales, de Grecia, o vienen de Bruselas?

Son europeas, en el sentido de que Europa pone las infraestructuras y el dinero para que los guardacostas griegos dispongan de medios. Frontex paga un 75% de los barcos y su equipamiento. En muchos casos, lo que hace Frontex es encubrir las malas prácticas. Sin embargo, su sistema de monitorización de los derechos humanos ha realizado numerosos informes, en los que constata que esta vulneración no es algo coyuntural, sino estructural; que se da con asiduidad. En este sentido, se ha llegado a proponer que Frontex deje de apoyar a Grecia. Sin ningún éxito, claro.

Parece que, en esta ruta migratoria, Grecia es para muchas personas un lugar de paso, una etapa hacia otro destino. ¿Cuáles son las metas de estos migrantes?

La mayoría quiere ir a Alemania, pero depende mucho del momento y de las condiciones de cada uno. También de los lugares de origen. Por ejemplo, los palestinos no quieren ir a Alemania, porque su apoyo explícito a Israel hace que sea un lugar muy hostil para ellos. La gente de Afganistán intenta llegar donde tienen a familiares. Muchos van a los países escandinavos, y antes a Holanda, donde ahora la legislación se ha hecho más restrictiva.

Todo ello sigue siendo considerado en los medios españoles como una cuestión lejana, ajena…

Los que hacemos periodismo en los márgenes, en lugares periféricos, siempre nos encontramos con este problema del foco de atención, que funciona a tirones. Un día algo llama la atención, y al día siguiente no. Se compite con hechos que, en ocasiones, no merecen ninguna atención, como puede ser el caso de los problemas en el Cáucaso o en Asia central. El tema sigue despertando cierto interés en Europa, pero pasa que el periodismo prefiere explicar hechos puntuales que estructurales. Si las barbaridades que explico en el libro fueran, digamos, singulares, tendrían más difusión, porque serían noticia. Al repetirse, dejan de serlo por definición. Así, lo más grave es lo que resulta más difícil de explicar.

¿La mala relación histórica entre Grecia y Turquía influye de alguna manera en la cuestión de la ruta migratoria del Egeo?

Influye mucho. Para el nacionalismo griego, los refugiados son una especie de agentes enviados por Recep Tayyip Erdogan para erosionar la soberanía griega. Algo que no se sostiene en ningún análisis racional, pero sí en el imaginario.

En cualquier caso, ¿en la ruta del Egeo también hay, digamos, una geometría variable a la hora de enfocar y tratar la emigración?

La economía griega no ayuda a que el país sea visto como lugar de destino de emigrantes. Pero, a pesar de ello, sí que hay una doble vara de medir que se podía percibir, por ejemplo, comparando la situación de las personas procedentes de Siria con las de otros lugares. Los de Afganistán siempre lo han tenido peor. Tienen que pagar más por trasladarse y, normalmente, son más pobres. Muchos refugiados sirios eran de clase media. También hay cuestiones raciales de por medio. Los sirios se parecen más a los europeos… El agravio comparativo existe, y temo que iremos a peor.

¿Cómo se emigra por el mar Egeo, en familia, jóvenes, hombres…?

Emigrar a toda la familia resulta caro. Hay algún caso de emigración de familias juntas, pero es más habitual que primero lo haga el padre. También lo hacen, a veces, los hijos… Pero, en definitiva, el coste y las circunstancias resultan decisivos.

¿En Grecia la cuestión está en la opinión pública?

Hace poco hubo un naufragio en el que murieron ocho personas. Sólo salió en los medios griegos y en la BBC. Nadie más se hizo eco, de eso. Sigue habiendo muchos silencios. También en Grecia.

Y todo esto ocurre en un destino turístico privilegiado…

El mar Egeo es uno de los principales reclamos turísticos del mundo. Hay una paradoja, que no se da sólo en Grecia, pero que aquí es muy evidente. El interés por lo que pasa aquí es inversamente proporcional a la cantidad de turismo. Cuanto más turismo hay, menos interés por saber qué pasa, porque nadie quiere ir a pasárselo bien pensando que en el mar en el que se está bañando hay muertos. El interés turístico por Grecia está disminuyendo.

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