Finalmente la cantante israelí Yuval Raphael, superviviente de la brutal matanza del 7 de octubre de 2023 no ganó el Festival de Eurovisión con la canción «New Day Will Rise» (Un nuevo día se levantará), llevándose Austria la victoria. Un festival en el que la guerra de Gaza y el genocidio que Israel está provocando en la Franja, donde no permite la entrada de comida ni medicinas desde hace un mes y medio y donde cada día mueren un centenar de civiles por las bombas y drones israelíes, han centrado la polémica. Televisión Española hizo algunos gestos en solidaridad con las víctimas de la barbarie israelí y fue advertida por los organizadores del concurso y censurada por el Partido Popular y Vox. El disparatado sistema de televoto que permitía votar veinte veces desde un mismo terminal facilitó que los lobbis sionistas de todo el mundo, y buena parte de la derecha y ultraderecha europea animaran a sus militantes y simpatizantes a votar masivamente por Israel. En España lo hicieron desde las juventudes del PP y también los simpatizantes y militantes de Vox y Aliança Catalana.
He calificado los hechos del 7 de octubre de 2023 que vivió la joven cantante israelí de brutal matanza porque es sencillamente lo que fue. Un ataque indiscriminado dirigido mayoritariamente contra la vida de población civil. Pero condenar aquellos hechos, por comprensible que fuera la ofensiva de Hamás y otros grupos como la Yihad Islámica, no me impide calificar de genocidio de exterminio lo que está haciendo actualmente Israel a ojos de todo el mundo. Un estado creado gracias al sentimiento de culpa de Europa por no haber evitado el Holocausto de seis millones de judíos. Un estado que se creó expulsando por la fuerza de las armas a los habitantes de aquella tierra. Un nuevo estado y una tierra que los fundadores de Israel consideraron que debía ser la casa de todos los judíos del mundo que quisieran ir allí y también de todos aquellos que, a pesar de no ser ni judíos ni creyentes, argumentaran tener un antepasado, un abuelo judío.
Este ha sido uno de los motivos que ha hecho imposible la paz entre Israel y los palestinos, ya que Israel no sólo ha negado el derecho al retorno a los árabes que pronto cumplirá ochenta años que fueron expulsados de su casa, sino que con la llamada ley del retorno de 1950, el Aliá, concede el derecho a instalarse en Israel y obtener la nacionalidad israelí y ayudas para comenzar una nueva vida, o sea tierra o casa y trabajo, a cualquier persona del mundo que reivindique tener un antepasado judío. Tanto da que esta persona sea atea, agnóstica o crea en otra religión. Quien manifiesta haber tenido un abuelo judío, tiene derecho a intalarse también con su pareja aunque ésta no tenga antepasados judíos. Precisamente el año pasado la representante de Israel en Eurovisión fue la joven rusa israelí Eden Golan, hija de una pareja ruso ucraniana que emigró de Rusia, argumentando este derecho del retorno de los descendientes de judíos.
Tras humillar los diferentes gobiernos de Israel a los palestinos de Gaza y Cisjordania, haciendo inviables todos los planes de paz y la solución de los dos estados con la ocupación de más tierra palestina en Cisjordania, y dejando sin esperanza a los ciudadanos de Gaza recluidos en la mayor cárcel y gueto a cielo abierto del mundo, Hamás actuó como actuó hace veinte meses. Y Netanyahu aprovechó el embate para llevar el país a un estado de guerra permanente, rechazando las propuestas de acuerdo que hubieran significado la liberación de todos los rehenes para perpetuarse en el poder y demorar los procesos judiciales que pesan sobre él, por diversas causas de corrupción. El presidente Joe Biden en los últimos meses de su mandato fue incapaz o quizás no quiso hacer que Netanyahu desistiera de destruir Gaza y detuviera el genocidio.
Después Donald Trump, apoyando a Netanyahu, dijo que acabaría con la guerra haciendo propuestas extravagantes de convertir Gaza en un territorio de hoteles y casinos del que tendrían que marchar la mayoría de sus habitantes. Una deportación que no ha sido posible por la negativa de Jordania, Egipto y Líbano a recibir a los palestinos que Trump y Netanyahu quieren expulsar. Y tras negociar por su cuenta la liberación la semana pasada del último rehén de nacionalidad americana, se ha desentendido del conflicto mientras las monarquías saudita, qatarí y del Emiratos firmaban con él millonarios contratos de armamento e inversiones, no sólo con empresas americanas, sino también aprovechándose del cargo en beneficio propio, con empresas del entramado empresarial que él preside. Las tres monarquías se fortalecen con los acuerdos firmados con el presidente de Estados Unidos y con los bolsillos llenos han dejado de presionar a Trump para que contenga a Netanyahu.
Y es que la historia a veces se repite. Algunas de las víctimas de ayer se convierten en los verdugos de hoy. Y, al igual que una vez que Hitler vio imposible la deportación masiva de los judíos de Europa hacia Uganda, Kenia, Madagascar o Palestina, optó por la solución final dejando de considerar personas a los judíos, Netanyahu reocupa militarmente Gaza, niega la entrada de comida para sus habitantes, no les da ninguna esperanza de futuro, y sin contar los que mueren de hambre, desnutrición y enfermedades, ejecuta con bombas y drones a más de un centenar cada día. Para los cerca de dos millones de ciudadanos de Gaza el día siguiente y este nuevo sol que se levanta al que se refería la canción de Eurovisión no será en ningún caso mejor. Pero los israelíes olvidan que con tanta destrucción sólo generan más odio y tampoco lo será para ellos.