No es la primera vez, ni será la última, que el portero alemán del FC Barcelona, Marc-André ter Stegen, intenta imponer su titularidad, sea por la vía de la eliminación estructural de su competidor en la portería o bajo la amenaza de irse. No soporta ni la competencia ni una eventual situación de equilibrio en la que sea el entrenador de turno quien decida. Por lo tanto, no es tan fuerte mentalmente como esa imagen que siempre pretender proyectar de seguridad, autoestima y confianza inalterable en sí mismo.
Algo falla en ese mecanismo de su conducta que, en este escenario de final de temporada, puede provocar un conflicto y derivar en un problema interno que el equipo no necesita y que Hansi Flick tampoco merece, pues desde que ha vuelto a entrenar con el grupo, cuando se daba prácticamente por hecho que su recuperación no era posible dentro de los márgenes de esta temporada, no ha dejado de provocar un enorme ruido mediático en torno a su posible reaparición a tiempo de ser titular, sobre todo en una hipotética final de la Champions.
No ha sido una estrategia acertada ni discreta, al contrario. Su aparición en una serie de medios con entrevistas inconvenientes e inoportunas -también innecesarias- insinuando que estará de vuelta a tiempo de levanta algún título, o los tres, las ha acompañado de una serie artículos y de informaciones aparecidas a propósito de su extraordinaria capacidad para recuperarse de una intervención del tendón rotuliano de su pierna derecha a finales de septiembre. Noticias reiteradas que han sido, también, el resultado de instigarlas en su círculo de amigos y conocidos en la prensa.
Si es legítimo y humano ese reto personal por regresar a la titularidad, a base de superar una delicada intervención con esfuerzo, sacrificio y determinación, también lo es discutir y cuestionar esa campaña mediática orquestada por alguien que ostenta la capitanía del equipo y que ha forzado una situación controvertida en este momento clave de la temporada.
Ter Stegen ya fue, en vísperas del partido de vuelta de los cuartos de final de la Champions en Dortmund, el gran protagonista indirecto, el centro de las preguntas de los periodistas a Hansi Flick sobre si el portero alemán tenía realmente opciones de estar bajo palos en breve. A diferencia de la firmeza de Flick exhibida días atrás sobre la cuestión, esta vez el entrenador dejó una puerta abierta a un relevo inminente, mientras que, a su lado, el propio portero polaco, Wojciech Szczesny, reivindicó su deseo y hasta su cierto derecho de defender la portería en lo que queda de Champions. Wojciech Szczesny, por decisión de Hansi Flick, es ahora el titular en las tres competiciones.
La presión impuesta por Ter Stegen al entrenador, a su compañero y al propio vestuario es evidente y reconocida por su parte, pues en las entrevistas concedidas estos días ha dado detalles sobre cómo puso sobre la mesa irse del Barça tras su segunda temporada porque Claudio Bravo era, para Luis Enrique, el portero titular de la Liga. En ambas, el Barça ganó la Liga y en una de ellas Bravo, el meta chileno, ganó el Zamora de portero menos goleado. O sea, los mismos Zamora que el alemán ha sumado en las nueve años siguientes, uno, mientras ha sido recurrentemente goleado en los partidos clave de la Champions desde el curso 2016-17. Todo lo contrario del papel clave del titular del Real Madrid, Courtois, en las grandes conquistas europeas madridistas de los últimos años, la más reciente en la edición pasada cuando reapareció para disputar la final en un alarde recuperación física y mental que Ter Stegen pretende emular en el mes largo que falta de competición.
La diferencia es que Courtois regresó sin ruido ni artimañas mediáticas, igual que el propio Szczesny se ganó la titularidad, la admiración y la empatía del barcelonismo desde que Hansi Flick decidiera que el puesto era suyo, en silencio y con personalidad y respeto tanto de parte del entrenador como el profesional polaco.
Ter Stegen, inexplicablemente, está forzando su vuelta a base de generar un debate perjudicial, eso seguro, que el extraño partido -derrota incluida- de Dortmund no hará más que avivar y actualizar. El meta polaco dio, por primera vez, algún síntoma de inseguridad y de precipitación como en la jugada del penalti y de desconcierto como en el segundo gol alemán.
Como capitán, Ter Stegen, ha practicado lo que parece un abuso de autoridad y de control del complejo entorno azulgrana por la sencilla razón de que no tolera la suplencia en ningún formato, ni siquiera en esta recta final de su puesta a punto, aun a costa de generarle al entrenador y al club un problema colosal, pues para que Ter Stegen pueda jugar en la Liga el FC Barcelona debería dar de baja a Szczesny debido a que, precisamente, pudo fichar por la baja de larga duración del alemán. Si los titubeos de Szczesny en Dortmund tienen que ver con esa atmósfera extraña de la previa sobre si Ter Stegen acabará la temporada en su lugar, es la duda que ahora planea, reconocida por Hansi Flick, en los siguientes partidos del Barça. Un clima que no ayuda en esa recta final con tres títulos en el horizonte.
También ha practicado ese mismo juego mental en la selección de su país, donde no ha dudado de poner en cuestión permanentemente la jerarquía de Neuer, ya finalmente fuera de la órbita internacional. El seleccionador alemán, Julian Nagelsmann, ha confirmado que Marc-André ter Stegen será el portero titular de Alemania en la Nations League. Nagelsmann destacó que Ter Stegen ha tenido un rendimiento sobresaliente en el FC Barcelona durante años y que, tras la salida de Manuel Neuer, es el momento de que asuma el liderazgo en la portería alemana.
También por ese motivo tiene prisa en volver, para que ahora que le ha llegado la oportunidad de ser indiscutible en la selección no se olviden de él. Puede que este sea su principal motivación para reaparecer a tiempo y el resorte usado para que Hansi Flick, como alemán, se sienta presionado, pues Julian Nagelsmann ha advertido que le necesita en forma y rodado en el Barça de cara a la Nations League.
La pregunta es si Ter Stegen está jugando limpio este otro partido fuera de la dinámica de los entrenamientos en lugar de dejar en manos del entrenador las decisiones sobre quién juega y quién no. Lo cierto es que ha generado un problema gratuito e inoportuno por puro egoísmo y sin el menor sentido del compañerismo.