Periodista, escritor y consultor medioambiental, ha dedicado toda su vida al activismo ecologista. Ha escrito más de veinte libros, entre ellos cuatro novelas y tres ensayos sobre los accidentes de Harrisburg, Chernóbil y Fukushima. Con su trabajo ha intentado introducir el pensamiento ecologista en el catalanismo (El econacionalismo). Ahora publica Los conspiradores del cambio climático (Lapislázuli Editorial).
¿Quién, por qué Los conspiradores del cambio climático?
He intentado explicar, razonándolo con datos, hasta qué punto la mayoría de las conferencias internacionales sobre el clima y el llamado desarrollo sostenible han sido instrumentalizadas, desde los años 70, por las grandes empresas energéticas, especialmente las petroleras. Lo han hecho introduciendo sus peones en la diplomacia, en la política, en las ONG…, infiltrando sus intereses comerciales y financieros para que la transición hacia las energías renovables o el cambio de paradigma en el modelo de desarrollo se retrase más allá de 2050. Estamos asistiendo a una falacia en la forma de detener el cambio climático. Hay un sistema ideológicamente corrupto, desde la primera conferencia del medio ambiente humano de Estocolmo, en 1972, hasta la de Bakú y la que se prepara en Belém, que demuestra la debilidad del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
¿Dónde hay que buscar la raíz de todo esto?
La primera perversión es de concepto. No se puede cambiar el modelo de desarrollo energético con las mismas formas de pensamiento que han provocado la crisis climática. Se sigue hablando de «crecimiento sostenible», que es un oxímoron. El greenwashing se ha instalado de una manera brutal en los órganos de gobernanza del cambio climático. Lo que hace este sistema es que todo cambie para que todo se mantenga igual, como dice Tancredo, en Il Gattopardo. Es curioso ver que a medida que se van haciendo conferencias sobre el cambio climático se producen más explotaciones de yacimientos de petróleo.
Ante esta cruda realidad, ¿constituye una alternativa el decrecimiento, tan injuriado por algunos economistas?
El decrecimiento es la única salida. Las grandes instalaciones de parques solares y eólicos no resolverán la demanda de energía eléctrica de la inteligencia artificial y de los data centers. Ya se está anunciando que en Estados Unidos se incrementará el consumo de electricidad de un 6% a un 12%. En Europa, hasta el año 2030, se calcula que el aumento puede ser de un 16%. Por eso se está fomentando de nuevo la energía nuclear. Hay una alianza entre energéticas y big tech (Gates, Musk, Bezos…) para producir electricidad a través de pequeños reactores modulares (SMR), desde 5 a 300 megavatios de potencia. Una estrategia que también conecta con la industria militar y, a escala política, con la extrema derecha. Este triángulo es terrorífico. Esta policrisis (clima, guerra, IA) no la pueden resolver las COP. Es más, en la COP 28 de Dubai se acordó que las energéticas podrían seguir emitiendo gases de efecto invernadero siempre que se neutralizaran las emisiones antes de llegar a la atmósfera mediante la geoingeniería.
Los reiterados pronunciamientos empresariales, la propia militarización de la UE, ¿están anunciando la resurrección de la pesadilla nuclear?
Quieren prolongar la vida de las nucleares hasta 60 u 80 años, un gran negocio para las eléctricas, porque ya las tienen amortizadas. En Cataluña, esta decisión sería contradictoria con la Ley de cambio climático del Parlamento catalán y con el acordado cierre de Ascó y Vandellòs de 2030 a 2035. Por otro lado, es aberrante que la propia Comisión Europa haya declarado la nuclear como energía verde. Ello conlleva que subvenciones y ayudas financieras que iban a las renovables vayan a los nuevos reactores SMR, diciendo que no emiten CO2. Es algo que no tiene ninguna justificación, a la luz de las emisiones en las minas de uranio, en el enriquecimiento y el retratamiento, el transporte, la construcción… ¿Cómo se atreven a hablar de energía verde cuando no se ha resuelto el gran problema del almacenamiento de los residuos nucleares?
Acaba de publicarse que solo 36 compañías son responsables de más de la mitad de la emisión global de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Teóricamente, no parece tan difícil poder obligarlas a entrar en razón.
Estas compañías son las que dominan las COP y el PNUMA, lo que cuestiona la gobernanza democrática de la lucha contra el cambio climático a escala global. Debería crearse una organización mundial del medio ambiente dirigida por científicos, expertos y diplomáticos, con paridad de género y no vinculados al sector energético. También es necesario un tribunal penal internacional de medio ambiente (porque el de La Haya ni sirve, ni tiene capacidad) que pueda juzgar a las grandes corporaciones responsables de ecocidios. ¿Quién se resiste a crear estos organismos? Estados Unidos, Brasil, Rusia, India, Canadá… Los grandes países contaminantes no quieren nuevas estructuras de gobierno que se opongan a su dominio. Se acomodan a que los compromisos que se firman en las COP son voluntarios y que, si no se cumplen, no se pueden penalizar.
En cualquier caso, el marco político global no parece nada propicio al medio ambiente, sino todo lo contrario…
Con la llegada de Trump y su corte de negacionistas al poder se consolidarán las estructuras corruptas, que hasta ahora han dominado la gestión global del medio ambiente. Con Biden se han continuado haciendo nuevas perforaciones en el golfo de México. Las petroleras han financiado también las campañas electorales de los demócratas. Lo más paradójico es que esta conspiración contra las energías renovables la denunció el propio Al Gore cuando era vicepresidente, en un encuentro con la International Federation of Environmental Journalists (IFEJ) que tuvo lugar en el Kresge Auditorium del MIT en 1995 y en la que tuve la ocasión de estar presente.
¿Viene a significar lo mismo desarrollo sostenible que ecodesarrollo?
El crecimiento sostenible y el ecodesarrollo son dos términos incompatibles. En junio de 1971, destacados expertos en desarrollo y medio ambiente, convocados por Maurice Strong, realizaron una reunión ad hoc en la población suiza de Founex, y acordaron, con el liderazgo del economista polaco Ignaci Sachs, el concepto de ecodesarrollo, que fue consolidado en la Conferencia de Estocolmo de 1972. Se creó para los países del Sur, y significaba una gestión democrática de los recursos y una autosuficiencia alimentaria. Un modelo de base bioregional para no emular el desarrollismo del Norte. Algo que no interesó nunca a Henry Kissinger, que, siendo jefe de la diplomacia norteamericana, envió una carta a Maurice Strong proponiéndole cambiar el término ecodevelopment por el concepto más ambiguo y anglosajón de sustainable development.
¿La proliferación nuclear tiene algo que ver con la multimillonaria cifra que Europa quiere dedicar al desarrollo militar?
La escalada de la energía nuclear civil está muy vinculada al nuevo desarrollo militarista en Europa, y al pacto de las grandes tecnológicas con las energéticas y la industria armamentista. Todo el mundo se ha alarmado con Trump, que no es más que la aberración política que ha generado y tolerado la socialdemocracia. El capitalismo verde ha devorado los valores revolucionarios y emancipadores de la ecología política de los años 70 y 80. En Europa la otra gran decepción son los partidos ecologistas, que han entrado en el sistema. La conspiración llega a niveles esperpénticos. La Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) está situada en Abu Dabi. Las últimas tres COP se han realizado en países petrolíferos, y la próxima se hará en Brasil, que tiene previsto explotar 3.000 pozos off shore en el Margen Ecuatorial, ante la desembocadura del Amazonas. Lula dice que es necesario seguir extrayendo petróleo porque gracias a ese dinero Brasil podrá dar el salto a la «famosa y soñada transición energética».
¿Cuál es en este momento la foto fija del cambio climático?
Hemos superado los 1,5ºC de aumento temperatura media en cuanto a los niveles preindustriales. Y continuamos incrementando la producción de petróleo y gas. Lo más alarmante es la rapidez con la que se está haciendo este proceso. A la conspiración contra el clima solo se puede responder con una conspiración civil, de consumidores conscientes, incluso sin pensar en lo que puedan aportar los partidos políticos. ¿Qué ha pasado con Greta Thunberg y los movimientos estudiantiles que generó su activismo? Pues que, tras las guerras de Gaza y Ucrania, se han ido diluyendo con la decepción que los invade. Es de pusilánimes creer que el desarrollo sostenible y la transición energética puedan ser compatibles con los genocidios y ecocidios que sufre la humanidad.

