Australia tiene razón: No a un mundo de búnkeres

Bluesky

El primer ministro de Australia, el laborista Anthony Albanese, considera que los aranceles que ha anunciado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra prácticamente todo el mundo son «totalmente injustificados» y representan un acto nada amistoso pero ha renunciado a replicarlos con la misma moneda. No impondrá aranceles recíprocos de Australia contra los productos que importe de Estados Unidos.

«Los aranceles no tienen fundamento y contradicen la base de la alianza entre nuestras dos naciones», ha dicho Albanese que considera que la decisión de Trump «aumentará la incertidumbre en la economía mundial y los costes para los hogares de Estados Unidos. Es el pueblo de Estados Unidos el que pagará el precio más alto por estos aranceles injustificados».

Trump quiere convertir a su país en un búnker. Cerrado a todo lo que venga de fuera y si no hay otro remedio que adquirir productos de fuera hacerles pagar unos aranceles enormes a los que los exporten. La idea es que Estados Unidos se lo haga y se lo coma todo él solo. Y lo que pase más allá de las fronteras del país sólo le interesará si es que necesita apoderarse de algún territorio por intereses geopolíticos y económicos. Si la gente se muere de sida en Uganda o por los efectos de un terrible terremoto en Myanmar, no es su problema. Hagamos América grande otra vez a base de empequeñecer y hundir a los países y a la gente que no tiene la suerte de tener la nacionalidad estadounidense.

Me gusta la reacción de Australia porque es una lección de modales. En el mundo hay grandes desequilibrios sociales y de calidad de vida que nos obligan a mirar más allá de nuestras narices, de nuestros países, de los intereses de «nuestra» gente. Si de lo que se trata es de bunquerizar el planeta, que cada país se convierta en un búnker donde cada uno se preocupe sólo de él y de los «suyos», estaremos construyendo un mundo de familias mafiosas. Importará la familia, «nuestra» familia y dejaremos desatendidas y abandonadas a las otras familias, que, muchas veces, demasiadas veces, tienen unas necesidades más urgentes a resolver que las nuestras.

Es lamentable ver a Trump y a los miembros de su gobierno rezando al inicio de sus reuniones. ¿A qué dios rezan? ¿Un dios que avala el egoísmo, la insolidaridad, el «nosotros» primero y el resto que se espabile?

La epidemia de Covid demostró que la Humanidad es una, dividida en países hoy por hoy, y que nos necesitamos los unos a los otros. Levantar barreras, físicas o económicas, no es el camino que nos debe llevar al mundo justo que quisiéramos. Trump y sus medidas y amenazas representan dar marcha atrás en ese camino. Estoy convencido de que los propios ciudadanos de Estados Unidos lo detendrán. Las manifestaciones en las grandes ciudades del país de este sábado invitan a esta convicción.

El «ojo por ojo, diente por diente» es la peor solución para cualquier discusión. Me apunto a la respuesta australiana.

¿Alguien más?

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