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José María Mena asegura que las amenazas que sufrió por la querella de Banca Catalana no influyeron en su actuación como fiscal

El 23 de mayo de 1984, los fiscales José María Mena y Carlos Jiménez Villarejo presentaron una querella contra Jordi Pujol y 24 administradores de Banca Catalana por la quiebra de esta entidad. Seis días después, Pujol, reelegido presidente de la Generalitat, gritaba desde el balcón del Palau a los seguidores que le apoyaban desde la plaza de Sant Jaume: «¡El gobierno de Madrid ha hecho una jugada indigna! Y a partir de ahora, cuando se hable de ética y de moral podremos hablar nosotros, pero no ellos!». En noviembre de 1996, la Audiencia de Barcelona consideró que no había suficientes indicios para procesar a Pujol. En marzo de 1990, también exculpó al resto de procesados y cerró la causa.

Mena y Jiménez Villarejo sufrieron todo tipo de acusaciones, insultos y amenazas por su instrucción de la querella. Ahora, cuarenta años más tarde, Mena ha accedido a hablar de aquellos tiempos difíciles para él y su compañero en la Fiscalía. Lo ha hecho en una entrevista en la revista Barcelona metrópolis, realizada por el periodista Jesús G. Albalat, en la que afirma que todas las presiones que sufrieron no influyeron en su gestión profesional del caso.

El fiscal explica cómo llegó este encargo a sus manos: «Banca Catalana fue un asunto normal y corriente con grandes dificultades procesales y de trascendencia extrajurídica. Aterrizó en la fiscalía porque vino de Hacienda. Era un buen montón de papeles. Un asunto contra el presidente de la Generalitat [Jordi Pujol] debía corresponder al fiscal jefe. Pero él, en cambio, reunió a sus subordinados para ver quién se encargaría de ello. El más antiguo era Alejandro del Toro, pero llevaba un caso complicado, y el siguiente era Carlos, y él no decía nunca que no. Era mucho trabajo y necesitaba ayuda. El elegido fue yo. Me lo mandó mi jefe». Niega que recibieran presiones políticas en la elaboración de la querella, pero recuerda que padecían grandes limitaciones materiales. «No tenía sentido que presionaran. Nosotros trabajamos con un papel, y entre el papel en blanco y uno mismo y el bolígrafo no hay nadie enmedio. No hay ninguna posibilidad de presión».

El periodista le recuerda que «tuvieron vivencias desagradables, como llamadas telefónicas» y él comenta: «Sí, pero no implicaron una presión que incomodara la tranquilidad para tomar una decisión profesional. Recuerdo que mis hijas, que eran adolescentes, cuando cogían el teléfono y era alguien que me quería insultar, ellas discutían y decían: ‘No, se confunden con mi padre; no es así como ustedes dicen'». Y sobre si hubo más incidentes, Mena responde que «bueno, eso del disparo con perdigones a la ventana, en la segunda residencia; también nos rompieron los cristales. Pero no es atribuible a Jordi Pujol, sino a un fanático que, como mucho, lo debió votar. No se llegó a saber quién había sido. No me influyó en nada».

Este capítulo de la entrevista se cierra con una pregunta sobre si hay cosas que todavía no se saben de Banca Catalana. La respuesta del fiscal es contundente: «No tengo ni idea. Para mí es un tema acabado. Cuando me jubilé mandé a que se destruyera un archivo porque lo tenía a consecuencia del proceso, y usarlo fuera habría sido como una prevaricación. Lo he destruido, me lo he sacado de la cabeza y ni siquiera tengo nada contra nadie. Ni tuve ni tengo nada contra nadie; para mí eran justiciables normales».

El caso Banca Catalana ya hace tiempo que pasó a la historia. Las reflexiones de José María Mena en Barcelona metrópolis llegan 10 meses antes de que Jordi Pujol sea juzgado por otra causa. Se le acusa de asociación ilícita, blanqueo de capitales, falsificación de documento mercantil, contra la Hacienda pública y frustración de la ejecución y el juez le pide 9 años de prisión. Cuando comience este juicio, el ex presidente de la Generalitat tendrá 95 años. José María Mena y Carlos Jiménez Villarejo ya hace tiempo que se han jubilado. Se ahorrarán las llamadas insultantes, que hoy serían mensajes amenazadores en las redes sociales.

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