Laporta renueva con truco a Araujo con la intención de traspasarlo en verano

La directiva ya no hará públicas las cláusulas de rescisión ni volverán a ser de 1.000 millones como ‘blindaje’ para facilitar operaciones de traspaso que son necesarias porque el margen salarial volverá a estar excedido en junio si no hay ventas importantes

Joan Laporta, presentant la renovació d'Araujo - Foto: FC Barcelona

A escasos días del cierre del mercado, Joan Laporta no tiene recursos ni posibilidades de fichar a menos que se produzca la salida de algún jugador que deje en caja el dinero necesario para afrontar alguna operación antes del 3 de febrero próximo, fecha final para el resto de los clubs.

Para Laporta, esos límites siempre están menos claros. No porque la norma sea confusa, sino porque llegado el caso ya buscará una vía para embaucar a LaLiga, a la RFEF o al CSD, para inscribir a un jugador o acabará en algún juzgado mendigando una cautelar. Eso si fuera del todo verdad, que no lo es, su reiterada afirmación del 3 de enero, en el sentido de que “hemos vuelto a la regla 1:1 y ya podemos operar con absoluta normalidad en el mercado de fichajes”. Otra entelequia, puro oportunismo y propaganda.

De momento, sin embargo, el futuro de Ronald Araujo, al que le llegó a caducar una oferta de renovación porque a la propia junta y al jugador le entraron las dudas después de la famosa jugada de la falta y expulsión en la Champions contra el PSG, parece haberse resuelto en favor de su continuidad.

Al menos eso es lo que, en apariencia, se desprende del comunicado oficial del pasado día 23, según el cual “Ronald Araujo renueva con el FC Barcelona hasta 2031. El central uruguayo prolonga su vinculación con el Club otras seis temporadas y seguirá siendo un puntal en la defensa”.

A las pocas horas trascendieron elementos novedosos sobre esta ampliación/renovación de contrato que aporta, básicamente, un cambio de enfoque y objetivos de la cláusula de rescisión, empezando porque a partir de este contrato la directiva ha decidido no informar del importe acordado para la salida de los futbolistas, sea el que sea, aunque ya se verá cómo actúa Laporta cuando llegue el momento de afrontar la actualización de Lamine Yamal.

La desinformación en el caso concreto de Araujo, como no podía ser de otra forma, esconde un motivo tan perverso como que a las dos partes les convenía escenificar lo antes posible un acuerdo de compromiso prolongado en el tiempo, al club porque le interesa traspasarlo y no ha escondido sus verdaderas intenciones, del mismo modo que al defensa uruguayo, con ofertas que triplican lo que el Barça no puede ofrecerle, no se ha cerrado en banda, al contrario, a escuchar a la Juventus, al Bayern Múnich y a otros clubs.

En definitiva, que no se fiaban y que, de mutuo acuerdo, han firmado unas determinadas condiciones de salida en el mercado de verano, con más motivo porque Araujo no ver tan clara la titularidad en la defensa como antes de la llegada de Hansi Flick, que le pilló recuperándose de una lesión muscular grave y rectificada quirúrgicamente.

A Flick le gusta especialmente el eje Íñigo MartínezPau Cubarsi, así lo ha dado a entender, de modo que a Araujo le cuesta imaginar jugar un papel de suplente a lo largo de meses o más mientras el teléfono le está sonando cada día al volver a casa para liderar la defensa de varios grandes de Europa.

La precisión de las cantidades y cómo se resolvería esta operación son los detalles que ahora el Barça se niega a facilitar tras haber hecho de las cláusulas de rescisión de 1.000 millones una especie marca de identidad y de contundente blindaje a cualquier especulación sobre el futuro de los jugadores.

La estrategia ha cambiado. Al Barça de Laporta, por las circunstancias de precariedad financiera en la que se encuentra, no le interesa cerrarse ninguna puerta a ingresar beneficios por un traspaso tan interesante como el de Araujo, cuya amortización es tan baja que si un club está dispuesto a pagar 60 millones por él el beneficio neto puede llegar a los 55 millones por poner un ejemplo.

Y a Araujo le viene bien que las pautas para su traspaso no pasen por una negociación, sino por el pago de una indemnización que todas las partes consideren viables.

Lo que está meridianamente claro es que Ronald Araujo ha firmado una renovación con muchos matices, tantos que no puede darse por segura su continuidad porque lo pactado con el club, en esencia, se parece más a un acuerdo para irse en verano que cualquier otra cosa.

Hansi Flick no lo considera titular indiscutible, pero lo necesita como fondo de armario para lo que queda de competición por la intensidad y exigencia del calendario, de modo que no parece tan probable que pueda salir en el mercado de invierno salvo sorpresa. En verano será otra cosa.

Por otro lado, Laporta sabe que de aquí al 30 de junio necesita equilibrar con LaLiga el enorme ‘préstamo’ en forma de margen salarial que ha ido arañando a base de trucos, de apurar el reglamento y de retrasar ampliaciones de contrato que como la de Araujo empezaba a ser perentoria. Ahí están haciendo cola Gavi, Pedri y Lamine Yamal, por ejemplo. De hecho, si hoy fuera 30 de junio el Barça volvería a estar excedido en el fair play. Laporta sigue viviendo de prestado por más que presuma de haber vuelto a la regla 1:1.

¿Podrá contenerse antes del 3 de febrero con los 100 millones de los asientos VIP aún no cobrados, pero a su disposición a efectos de margen salarial? La verdad es que aunque la Comisión Económica, cabe recordarlo, le sugirió hace unos días que la prioridad era reducir la deuda, a Laporta no le preocupa, al contrario, aumentarla.

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