El año 2024 se cierra con un balance que no puede ser más desmoralizador para el Barça de Laporta si no fuera porque a medio camino de la actual temporada el primer equipo ha apuntado serias posibilidades de mejorar el registro de 12 meses para olvidar. Esta misma semana, el Real Madrid se coronó como nuevo campeón de la Copa Intercontinental añadiendo a su palmarés del 2024 un quinto título, pues anteriormente había levantado los trofeos de la Supercopa de España, la Liga, la Champions League y la Supercopa de Europa.
El Barça de Laporta, por su parte, no ha podido abrir sus vitrinas ni siquiera para añadir otro Gamper tras haberlo perdido en casa este verano frente al Mónaco en Montjuïc en uno de los partidos que, sin embargo, sirvió para rodar al equipo de Hansi Flick y permitir que otra generación de oro liderada por Lamine Yamal estuviera preparada para asombrar al mundo con un arranque de temporada sin duda extraordinario.
Ese es el contexto en el que en este final de diciembre se entremezclan el vacío de títulos con la esperanzadora reacción tras la llegada de Flick y los fichajes de Dani Olmo y Pau Víctor, que realmente han devuelto a los socios y aficionados una verdadera y real expectativa de volver a luchar por todos los títulos cuando llegue el momento.
La sensación sigue siendo la misma, positiva por encima de todo, provocada por ese espectacular arranque a pesar de que en los dos últimos meses se han producido reveses y tropiezos que, más allá del resultado puntual, han dejado entrever la falta de fondo de armario por culpa del bloqueo del margen salarial al que ha arrastrado la negligente gestión del presidente y cierta fatiga añadida a la hora de darle continuidad al fuerte ritmo de juego que requiere la idea de Flick a la hora de gestionar los partidos.
El Barça está hoy en condiciones de luchar legítimamente por el título de Liga, en todo caso siendo más consciente que hace tres meses, cuando parecía que la temporada iba a ser un paseo triunfal, de que va a ser una competición apretada y difícil, como suele ser.
Enfrente, aunque equipos como el Athletic o el At. Madrid son capaces de sumarse y entrar en la lucha final, el Real Madrid sigue siendo la referencia a la hora de evaluar y contrastar el rendimiento de una temporada o, como en este caso, desde la perspectiva del año natural.
La lección de estas Navidades, que debería servir de reflexión para el resto del curso, es que el Real Madrid, por más que se le quiera atribuir un estado de crisis permanente y de fútbol intermitente, ha demostrado una mayor entereza y eficiencia a la hora de resolver los momentos más comprometidos y difíciles.
La prueba más indiscutible de que las portadas de la prensa catalana o las tertulias no ganan ligas es que el Madrid ha sumado hasta cinco títulos en este año que ahora termina, primero con la Supercopa de España frente al Barça, luego con bastante ventaja y claridad en la Liga, también con el equipo azulgrana como aspirante, rematando el curso 2023-24 con la Champions League, conquista que le abrió la puerta a disputar la Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental.
Por el contrario, al Barça lo dejó fuera del primer Mundial de Clubs que organizará la UEFA el próximo verano, otra poco brillante actuación en la Champions que, acumulada a las anteriores, le arruinó otra oportunidad de competir por un gran torneo y asegurarse unos ingresos de participación realmente interesantes y siempre necesarios.
Según se mire, 2024 habrá sido un año para olvidar si se hace balance de las no pocas promesas incumplidas de Laporta, mentiras y falsedades varias que han conducido a la institución a su nivel más bajo y lamentable de participación social. La directiva ha consumado la vía telemática para resolver sus asuntos pendientes como la aprobación del mejor contrato de la historia de Nike, que es distinto al mejor contrato de patrocinio de la historia del Barça, y la prima millonaria para un amigo del presidente, Darren Dein, cuya felicidad sigue siendo prioritaria en la agenda de Laporta.
También en otra asamblea de la vergüenza, esta ordinaria, Laporta sacó adelante las cuentas con trampas del ejercicio 2023-24, contra el criterio del auditor, además de sumar a sus éxitos económicos y financieros, eso que él define como “hemos salvado al Barça”, 94 millones de nuevas pérdidas y el ridículo mundial de fichar a dos jugadores, Dani Olmo y Pau Víctor, y no poder inscribirlos ni en verano ni en invierno, dejando su continuidad a expensas de que un juez mercantil se crea que Laporta actúa de buena fe y responsablemente intentando burlar una y otra vez las reglas de LaLiga. Juega con fuego a la espera de una resolución judicial, una medida cautelar que sólo prolonga el drama, mañana día 27 de diciembre.
Los madridistas, entre tanto, inundan las redes con estadísticas que desde luego se cachondean de Laporta y del genio Lluís Carrasco por el lema de aquella lona en Madrid, cerca del Bernabéu, “Ganas de volver a veros”. En las cuentas blancas, desde que Laporta es presidente por segunda vez a partir de marzo de 2021, el Real Madrid, además de haber sumado dos Supercopas de España, dos Ligas, dos Champions, dos Supercopas de Europa, dos Copas Intercontinental y una Copa del Rey contra una Copa del Rey, una Supercopa de España y una Liga, es decir 11 títulos blancos contra tres azulgrana, Florentino Pérez ha convertido a Joan Laporta en su títere para la Superliga y en una especie de asesor en materia financiera a la hora de encontrar palancas que no han hecho otra cosa que menguar y empobrecer la economía barcelonista. Un mal año, sin duda.