«Tal y como se plantea, la transición energética es imposible»

Entrevista a Manuel Casal Lodeiro

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Manuel Casal Lodeiro

Consultor y divulgador. Coordinador del Instituto Resiliencia y de la revista 15/15\15 Para una nueva civilización. Miembro fundador de la asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen Petróleo. Coordinador de la Guía para el descenso energético y autor de La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Ahora publica Las verdades incómodas de la transición energética (Icaria Editorial).

¿Por qué las verdades incómodas de la transición energética?

La etiqueta «transición energética» se está usando para ocultar a la ciudadanía muchas realidades incómodas, que son las que intento sacar al debate público. Nos intentan convencer de que cambiando de fuentes de energía podremos continuar con nuestra forma de vida y nuestras sociedades tal y como las conocemos. Eso es imposible, y de ahí la incomodidad. Pero tenemos derecho a saber algo que no es fácil de asumir: no podremos tener una sociedad igual sin la energía de origen fósil que ya hemos gastado.

¿Es factible la transición energética?

En los términos en los que se está planteando, es decir, cambiar totalmente las fuentes y los sistemas de captación de energía manteniendo el estilo de vida de las sociedades industriales, no es factible. Podría darse otro tipo de transición que no se parecería nada a las anteriores transiciones energéticas porque, cosa que no ha pasado nunca hasta ahora, la energía total disponible, en lugar de aumentar, disminuirá.

¿La transición energética frenará el cambio climático?

Este tipo de transición que se está pretendiendo hacer por descontado que no, porque consiste básicamente en añadir, en sumar generación eléctrica mediante unos sistemas llamados «renovables» que, en realidad, implican generar más gases de efecto invernadero. Nos dicen que lo frenan porque se supone que sustituyen a otras energías que emiten más, pero no es cierto que las sustituyan, sólo las complementan. Así que, en lugar de frenar seguiremos corriendo, pero levantando un poco el pie del acelerador. Aparte de que el caos climático a estas alturas ya no se puede frenar; en todo caso, mitigar, evitar que empeore, y para ello no sirven las llamadas «renovables» mientras sigan siendo una extensión de los combustibles fósiles.

¿Qué significa descarbonizar la economía?

Literalmente, sería tener una economía sin carbono. Pero eso también es imposible. Con esta expresión pretenden promover una economía que emita menos CO2 y otros gases de efecto invernadero. Pero, como ocurre en otros aspectos de esta «transición», no se quiere reconocer que esto es imposible en un sistema dirigido por el crecimiento constante de la producción (el PIB). Es decir, en un sistema capitalista. Podríamos emitir menos gases si produciéramos menos, pero eso sólo sería posible en otro tipo de economía. Por ejemplo, la que plantea el Movimiento por el Decrecimiento.

¿Podemos conseguir una economía circular?

No, mientras nos obstinemos en crecer en cada ciclo. La imposibilidad deriva de la física: las leyes de la termodinámica nos dicen que sólo una sociedad industrial que dispusiera de una fuente de energía infinita podría reciclar totalmente sus materiales y residuos y, por tanto, generar un metabolismo socioeconómico industrial realmente circular. No sería serio calificar como tal una economía que sólo reciclara un 30%, por ejemplo. Por lo tanto, la única economía circular de la que se puede hablar de una manera realista es una economía de tipo agrario tradicional preindustrial y, por supuesto, agroecológica. Ante esta nueva etiqueta hay quien habla de una «economía en espiral», que en cada ciclo consuma menos recursos, hasta volver a un nivel sostenible, y luego intentar buscar la máxima circularidad posible.

¿La energía fotovoltaica es tan limpia?

Si las comparamos superficialmente puede parecerlo más que una central de carbón, pero si miramos el ciclo completo, vemos que muchos paneles se fabrican en China utilizando energía de centrales térmicas. A ello, se debería añadir toda la minería necesaria para obtener los elementos para fabricar los paneles y el transporte, la instalación, el mantenimiento… Todo consume gasóleo, gases de efecto invernadero y empeora el clima. Y unos años después de su instalación (25 con suerte) hay que deshacerse del panel y sustituirlo por otro, consumiendo de nuevo combustibles fósiles; así que, de «renovables», nada.

¿Tendremos todos un coche eléctrico?

No. Simplemente no salen los números. Ni de los minerales que se necesitarían ni de la infraestructura eléctrica necesaria para mantener los coches y sus baterías, de vida útil muy corta. El coche eléctrico será sólo para una minoría acaudalada, así que volveremos a los inicios de la automoción: el coche privado sólo para los ricos.

¿El hidrógeno verde es la solución?

No. En primer lugar, porque nuestro problema es de falta de energía y el hidrógeno no es una fuente de energía, sino un vector, una manera de almacenarla para utilizarla más tarde y de manera concentrada. Puede tener su lugar en el futuro, para determinadas aplicaciones que necesitan una gran potencia energética, pero eso de la «economía del hidrógeno» es una quimera. Eso sí, también será un vector para el colonialismo energético, ya que los países enriquecidos querrán que los más pobres produzcan mucha energía «renovable» para convertirla en hidrógeno para llevarlo después a sus países y mantener su maquinaria y su industria pesada. De hecho, ya se está viendo con los planes y las inversiones de países como Alemania y otros en África, Sudamérica e incluso España.

¿Qué cambiará sin gasóleo?

Todo, porque es la sangre de nuestro sistema. Como la mundialización, y la deslocalización de las fábricas, se ha vuelto imprescindible. El transporte depende del gasóleo y de la gasolina casi al 100%. Y no es un sector fácil de electrificar. Ya está empezando a faltar, porque no todo el petróleo sirve para fabricarlos, y el petróleo bueno para hacer gasóleo es el primero que está empezando a declinar, dentro del proceso general de cenit de la extracción mundial de petróleo.

¿Hay minerales suficientes para la transición?

No para el tipo de transición que nos están vendiendo, donde todo se electrificará, incluyendo el parque móvil mundial. Habría varios minerales que ni con todas las reservas del planeta serían suficientes, y de muchos otros se absorbería la mayoría de su producción, lo que nos dejaría sin para otros usos muy importantes.

¿Debemos cambiar de trabajo?

Sí, no sólo los mineros del carbón o los empleados de las centrales térmicas. Las repercusiones del declive energético y del freno que debemos poner en la economía para evitar el desastre climático implicarán una reconversión en prácticamente todos los sectores. Lo más destacable es que, de la industria y de los servicios, mucha gente tendrá que pasar al sector primario, sobre todo a la agricultura, para poder sostener la seguridad alimentaria en un proceso de desindustrialización del modelo de producción de alimentos. Y de relocalización de la actividad, porque, al no haber gasóleo y otros combustibles, no quedará más remedio que volver a hacerlo todo de manera mucho más cercana, tanto en la vida social como en la económica.

¿Qué es y por qué se habla tanto de la resiliencia?

Es la capacidad de resistir un impacto o un trauma conservando las funciones básicas. Se puede aplicar a un individuo, a un ecosistema o, en este caso, a una sociedad entera. Al modernizarse, nuestras antiguas sociedades agrarias perdieron mucha resiliencia, aunque ganaron en eficiencia y complejidad. Ahora, cuando nuestro modelo de civilización ya no se sostiene, necesitamos ser resilientes. El golpe es inevitable, y lo que tenemos que hacer es prepararnos tan bien como sea posible para que el sufrimiento social y ecológico sea el mínimo posible.

¿Por qué la transición energética como cisne negro?

Fue el geólogo Simon Michaux el que la calificó así en un informe de 2020, porque con todos los datos disponibles en ese momento sabíamos que la «transición energética» tal y como se está planteando era imposible. Destinar los escasos recursos minerales y energéticos a levantar las infraestructuras de las «energías renovables» necesarias para sustituir toda la energía fósil supone malversar materiales y energía. Esta transición que nos venden como una solución sólo servirá para agravar el problema, y de aquí a unos años nos tendremos que mostrar sorprendidos por algo que los científicos hace años que advierten: que no podemos seguir manteniendo nuestra civilización tal y como la conocemos y que la «transición energética» como problema, el cisne negro, no sólo era previsible, sino que estaba perfectamente descrita y existía.

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