Joan Laporta puede presumir de tener bajo control al barcelonismo, sobre todo como resultado de una política totalitaria y de pensamiento único, sin réplica por parte de una oposición que ni está ni se la espera, porque sin el protectorado de la prensa y los contubernios digitales en las redes a favor de la presidencia no se ve capaz ni de levantar un solo dedo en defensa de los atropellados derechos de los socios. Lo que no quiere decir, a diferencia de hace tres años, que su popularidad siga siendo elevada ni indiscutible.
Lo demuestra el resultado de las elecciones sindicales del club, donde se ha producido un sorpasso por parte de la UGT, ganadora contra todo pronóstico frente al dominio del sindicato vertical ejercido desde hace 25 años por JaumeFeliu, el histórico presidente del Comité de Empresa del FC Barcelona, finalmente desalojado en la única votación acreditadamente democrática que ha tenido lugar en estos últimos años en la órbita azulgrana desde el 7 de marzo de 2021, cuando Laporta fue elegido por mayoría como presidente del FC Barcelona por segunda vez.
Desde ese momento, la política del terror impuesta por la directiva recién llegada a fuerza de cortar cabezas, útiles o no, por el simple hecho de formar parte de la anterior administración obtuvo el visto bueno y hasta el apoyo de Jaume Feliu, activo laportista que como tantos otros empleados no dudó en hacer campaña a favor de la candidatura de Laporta y en contra del resto.
El Comité de Empresa tampoco dudó, además de hacer la vista gorda en la primera ola de represión y despidos, sólo justificada en los casos de cargos de confianza de la alta dirección, en complacer los deseos nepotistas del presidente, extensivos además a su círculo de confianza y al resto de los altos cargos nombrados a dedo, en la mayoría de los casos sin ningún criterio previo de selección ni un mínimo de meritocracia o de estudio de currículos y antecedentes.
Ejemplos de las atrocidades cometidas fueron, por ejemplo, que los responsables de formar a la generación de Lamine Yamal al frente del fútbol base como JordiRoura y AureliAltimira fueran despedidos sin contemplaciones, y que en su lugar se colocara a AlbertBenaiges, pederasta confeso con decenas de acusaciones a su espalda. La reacción de Laporta fue, tras salir a la luz pública casos inequívocamente acreditados de su conducta, la de acompañarlo a salir por la puerta de atrás con una más que satisfactoria indemnización.
Con el transcurso de los meses, Laporta se fue deshaciendo de todos y cada uno de los altos ejecutivos incorporados en su «nueva era» a medida que se fueron volviendo incómodos, no sólo por cuestionar sus decisiones por inapropiadas, sino sobre todo por alertarle de estar cometiendo verdaderos abusos de su poder y de concertar operaciones más que discutibles desde todos los puntos de vista.
Así, a la caída de al menos una treintena larga de ejecutivos de rango, encabezados por FerranReverter (CEO), le siguió todo el personal que había ido sustituyendo al tejido administrativo anterior, al principio con un cierto tacto y al final con despidos a la brava, sin que este mismo comité de empresa, siempre más pendiente de los deseos de Laporta que de la tropa, pusiera orden ni exigiera el respeto y el cumplimiento de la normativa debidos.
Hasta un total de 200 empleados han acabado desfilando por el departamento de recursos humanos antes de acabar en la calle, muchos por la necesidad de reducir costes tras la amenaza de LaLiga de dejarlo fuera de la competición en abril de 2022, momento en el que Laporta se vio obligado a comprometerse y aplicar un plan de viabilidad con estrecheces en todos los niveles, lo mismo en el margen salarial que en las secciones profesionales y en el conjunto de los salarios no deportivos. Eso sí, sin aliviar la carga de los sueldos de alta dirección, a los que ha ido ascendiendo al personal más mediocre del núcleo duro de Laporta.
La necesidad de recortes por la vía rápida ejercida con la anuencia del anterior comité de empresa y bajo criterios de amiguismo y de nepotismo es lo que ha provocado un giro histórico en la estructura sindical a partir de que la nueva presidenta, SusanaBerniola, del departamento de viajes del Barça, en representación de la candidatura ganadora de UGT, la máxima representatividad de los trabajadores a la hora de abordar las negociaciones y los conflictos laborales que últimamente han alborotado más de la cuenta la actualidad interna. De los votos emitidos de los 540 trabajadores convocados, 221 fueron para la UGT y 143 para CCOO, con siete votos en blanco y uno nulo.
El nuevo escenario no es que sitúe a la actual junta frente a un enemigo sediento de venganza y de justicia, aunque sí que le obliga a estar más atento y predispuesto a ajustar según qué tipo de decisiones, a veces tomadas desde el capricho o las emociones del momento, a una racionalidad y control que hasta ahora no conocía. Con la caída de Jaume Feliu sí que Laporta pierde una parte importante del colaboracionismo que tantos dolores de cabeza le ha evitado en la relación club-empleados, al menos hasta ahora. También es un hecho significativo que Laporta se va quedando cada vez más solo si los que pueden estar a su lado tienen la oportunidad de elegir o de votar sin coacciones y con garantías democráticas.