Estudió marketing e interpretación. A raíz de la pandemia, dejó de lado los escenarios para dedicarse al mundo del pódcast. Le gusta comunicar y, en especial, para la televisión. Creadora de contenidos para la pequeña pantalla, ha colaborado con diferentes medios y trabaja en Podría ser peor, de RNE. Ahora publica No hemos salido tan mal (Kailas Editorial).
¿No hemos salido tan mal de qué? ¿Quién? ¿Por qué?
Todo esto surgió desde Twitter, la red social, donde iba desgranando y comentando programas de televisión de los años 90. De lo que la gente comentaba, al final, salía algo como: «¡Madre mía, no hemos salido tan mal!». Esto conlleva una cierta crítica de la televisión de aquella época, en la que no había ni control parental. Los niños que crecimos con esos programas, la generación millennial, lo veíamos todo. El No hemos salido tan mal es un poco un homenaje a ellos. Podíamos haber salido peor, pero también mejor.
¿Por qué podríamos haber salido peor? ¿Por cómo era aquella televisión? ¿Por su consumo indiscriminado? ¿Quizás por el descontrol?
Al principio del libro, comento que hubo una época en la que se mandaba a los niños a dormir. Casimiro, Los Lunnis también lo hacían, pero a nuestra generación nadie nos mandaba a la cama. Así, quizás estábamos mirando programas que no eran específicamente para un público infantil. Lo ves a día de hoy, desde una perspectiva más adulta, y te preguntas: «¿Qué era aquello?».
¿La intención de tu libro es hablar más de la televisión o de los millennials?
De las dos cosas a la vez, porque al final es un recorrido por diferentes programas, por temáticas, desde los 90 y los 2000, sobre todo. Pero con la mirada de una persona millennial, de cómo lo veíamos entonces. Por ejemplo, hay momentos muy específicos de cuando nosotros éramos niños, como Operación Triunfo, Bustamente, Rosa… Todo esto.
Desde tu perspectiva millennial, ¿cómo definirías a los millennials?
Se ha dicho que los millennials somos los del año 81 hasta el 94/96. Y la verdad es que no sé explicar exactamente cómo somos nuestra generación. Como otros, hemos luchado bastante. Y en cuestiones como la televisión, hemos compartido un poco la alegría… Una especie de joya, difícil de definir.
¿El 15-M marcó a los millennials y viceversa?
Supongo que en el 15-M hubo millennials y también gente de otras generaciones. En cualquier caso, en la medida en la que éramos muy jóvenes, el impacto de aquello fue sin duda importante. Como también lo fue la crisis de 2008. Estábamos empezando a trabajar y… catacrac. Había que aprender a recuperarse. Y luego vino el covid… Como generación, la verdad, es que somos un poco pringados. Aunque también creo que todas las generaciones se sienten pringadas, cada una a su manera. Nada especial comparativamente. Todo el mundo ha tenido que luchar.
Se ha hablado hasta la náusea de la tele. ¿Qué se puede añadir ahora?
Se dijo, por ejemplo, que la televisión acabaría con la radio. Lo mismo que se planteó con la radio respecto a la letra impresa. Y eso no ha pasado. La manera de comunicar es diferente, cambia, pero todas son interesantes. Tienen su razón de ser. De la televisión, destacaría su función de entretener. Yo sigo viendo la televisión normal, generalista. Y la verdad es que la programación, los formatos, son bastante similares en todas las cadenas. La televisión de finales de los 90-2000, te pegaba más a la pantalla. Ahora, ha cambiado mucho. Ya no hay programas de dibujos animados por las mañanas, por ejemplo. Las generalistas ahora están más enfocadas en la actualidad.
Noam Chomsky constata que los medios de comunicación tienen una dependencia total de la publicidad. ¿Esto es especialmente visible en la televisión?
Al final, la televisión es un negocio y la publicidad es lo que da dinero. Vive de eso. De todas formas, yo siempre hago záping cuando empiezan los anuncios. Tengo un recuerdo del programa de Nieves Herrero, cuando pasó lo de Alcàsser. Un reportero está hablando con los vecinos, los familiares, que se encuentran destrozados por aquella tragedia. Corta, anuncia una pausa para publicidad, y pide que se siga atento a lo que vendrá…
¿Qué se puede decir de estos canales de televisión dedicados las 24 horas del día a hablar de la reparación de coches, de fabricar cuchillos, del regateo…?
La verdad es que no es algo que se pueda entender bien, pero deben tener sus públicos, anunciantes, patrocinadores… Yo me quedo embobada con los programas de reformas de casas, y me pregunto: «¿Cómo me he podido pasar media mañana mirando esto?».
¿Quizás este magnetismo, esa potencialidad de enganchar, responde a que las personas tendemos naturalmente a escuchar cuando se nos habla?
Ahora, con los móviles, quizás es más fácil desconectar de la tele. Cuando estás con el móvil quizás no te das cuenta de lo que dice la tele. Pero, sí, también creo que hay un mecanismo psicológico que nos hace prestar atención cuando se dirigen a nosotros.
¿Llegaron las redes y, como canta Carlos Puebla, mandaron a parar?
Para mí, Twitter ha sido el trampolín que me ha permitido colaborar en radio y televisión, y poder escribir este libro. A mí las redes me han ayudado a canalizar mi conocimiento, con un poco de cariño. La gente está muy enfadada en la vida, y por eso es bueno el humor. Si se utilizan bien, las redes sociales son muy interesantes. Lo que pasa es que hay mucha gente que las utiliza mal. Se recurre mucho al insulto, muchas veces sin nombre, sin firma. También por la cara.
¿La televisión sigue siendo una fábrica de mitos?
Sí, claro. Pero ahora de una manera diferente. En este momento, hacerse famoso es convertirte también en influencer. No adquieres popularidad para hacer buen periodismo, comunicar de alguna manera, hacer algo interesante, sino para hacer lo que sea. De repente, hay gente superfamosa por cualquier cosa, y tiene medio millón de seguidores en Instagram. Antes, una persona mitificada también influía y obtenía por ello beneficios, claro. Pero quizás de manera más indirecta. Ahora, el influencer cobra directamente por el tráfico que genera. Antes, al que se hacía famoso quizá le ponían un póster en Super Pop. Ahora, ya no hay pósters. Se sigue al personaje en Instagram, en TikTok… Pero los famosos también siguen vendiendo exclusivas… Diversifican sus fuentes de ingresos.
Dices en el libro que mirar la tele en familia es una especie en extinción, ¿quizás como la propia televisión, e incluso como la familia?
Es como un dinosaurio… En las series más míticas, en Farmacia de guardia, Médico de familia, y en otras también populares, se producía un fenómeno a una hora fija: los jueves a las nueve y media, por ejemplo. En ese momento, todo el mundo se encontraba delante de la tele, en el sofá, sin perdernos nada. Ahora, con las plataformas, se puede ver cualquier cosa en cualquier momento. En la actualidad, no se produce aquel efecto unánime de convocatoria del nuevo capítulo. Porque lo veías, lo grababas o te lo perdías.
¿El hecho de dejar de compartir sofá, delante de la tele, acaba, de alguna manera, afectando a la propia familia, a las relaciones entre sus miembros?
Debe de haber casos y casos, pero en general sí que se puede deducir que dejar de compartir sofá, como hacerlo con cualquier otra cosa, contribuye al individualismo. Si ahora cada uno tiene su televisor, ve sus propios programas…, naturalmente nos aísla. Además, hay tanta oferta, que eso también ayuda a que cada uno busque lo que más le gusta. Antes sólo había cuatro canales para elegir.
¿Algo que acaba, como en los supermercados, en una superoferta, donde se puede optar por decenas de marcas de latas de sardinas…?
Sí. Por un lado, el incremento de la oferta puede resultar positivo, pero no deja de ser una exageración, con todo lo que ello conlleva. Y, por supuesto, nada compartido. Ahora los chavales, con los móviles, TikTok…, no se juntan con sus padres para ver algo. ¿Para ver qué? Porque quizás tampoco hay un contenido que les interese a todos. En cuanto a los productos de la imagen, soy bastante clásica. Me gusta ver series nuevas, pero también sigo viendo cosas que me han gustado, que me gustan y que han formado parte de mi manera de ver las cosas.
¿Las series, que siempre han existido, se han convertido en los reyes del mambo de la pequeña pantalla?
Las series han evolucionado mucho, también sus formatos, y en la manera de verlas. Y algunas son una maravilla.