Joan Laporta no ha tenido ningún problema en ratificar asambleariamente unas cuentas irregulares con una excepción del auditor que, sin rodeos ni interpretaciones absurdas, le acusa de haber construido una contabilidad trucada con 208 millones de más que él mismo se dio como ingreso hace un año sin ningún fundamento comercial, justificación documental o actividad y facturación acreditable. Sencillamente, como se colige del caso Barça Studios, Laporta se inventó una operación de venta del 49% accionarial de una sociedad fantasma, Bridgeburg Invest (Barça Vision), que no deja de ser un fraude en opinión de los expertos.
Esta patada hacia adelante, aprobar la liquidación del ejercicio 2023-24 en el contexto de una asamblea franquista, manipulada e indecentemente telemática, no soluciona, sin embargo, la amenaza de que ese mismo fantasma, la obligada desvalorización de la compañía, reaparezca al final de la temporada en curso cuando el auditor repase las cuentas y vuelva a preguntarle a la junta de Laporta por la marcha de su plan de negocio.
Si esa pregunta la ha de responder Ferran Olivé, el actual tesorero de la junta de Laporta, al que le ha tocado defender los números más oscuros del laportismo, el auditor no tendrá otra alternativa que mantener su criterio de exigir una limpieza del balance por lo que respecta a la valoración del 53% de Bridgeburg Invest, que es el porcentaje actual de la propiedad del FC Barcelona tras haber adquirido el 4% residual que aún mantenía Orpheus Media (Mediapro) desde 2022.
La versión financiera de Ferran Olivé sobre la estimación societaria de Bridgeburg Invest es tan inconsistente y delirante que hasta puede jugar en contra de los propios intereses del club frente a la postura de Grant Thornton, en buena parte porque Laporta no ha sido capaz de poner en manos de ejecutivos profesionales solventes y reputados la dirección de áreas tan sensibles como las derivadas del ámbito económico. A Laporta se le han fugado el CEO, el director financiero y el responsable del área fiscal sin que haya nombrado un sustituto de ninguno de los tres, por poner solo un ejemplo de esta precariedad y amateurismo que rezuma este delicado asunto de nada menos que 408 millones bailando en los libros de la contabilidad azulgrana y a punto de caer en la columna de los números rojos.
En la asamblea -y, por tanto, dejando un rastro audiovisual grabado de su testimonio-, Ferran Olivé puso como ejemplo positivo de la gestión laportista el no haber vendido parte de BLM cuando, en 2021, “su valor era de 150 millones. Hoy, BLM está por encima de los 400 millones”. La reflexión pretendía poner énfasis en que Josep Maria Bartomeu había propuesto un pack denominado Barça Corporate a modo de palanca original en el que se integraban, además de BLM, Barça Studios, Barça Escola y BIH (Barça Innovation Hub), cuatro de los negocios no vinculados directamente a la competición, con la idea de dar entrada a socios inversores estratégicos para mejorar su explotación.
En la misma asamblea, Olivé destacó la aportación destacada de BLM a los ingresos del mismo ejercicio con 110 millones de facturación registrando “un incremento del 72% en relación con 2018”. No subrayó, en cambio, que 2018 fue el primer año de vida de BLM, que ahora recoge los frutos de su ambiciosa expansión y diversificación desde entonces con nuevas experiencias de compra y hasta un total de 13 tiendas propias que le han producido ganancias incluso en la temporada de pandemia. Desde luego no aludió a que BLM fue un acierto comercial y estratégico de la junta de Bartomeu ni tampoco que antes de llegar Laporta el margen de beneficio era bastante más amplio que ahora, pues se habla de solo 2 millones de superávit como resultado de explotación de la temporada 2023-24.
En cualquier caso, lo que hizo Ferran Olive fue dejar retratada a la directiva al admitir que BLM “vale ahora más de 400 millones”, poco más de la valoración de Bridgeburg Invest de 408 millones que Laporta insiste en mantener y justificar. A diferencia de BLM, que factura 110 millones, el brazo tecnológico/digital y audiovisual azulgrana, ese invento llamado Barça Vision, solo ha facturado 70.000 euros, según los expertos, sin que hayan trascendido los gastos, aunque concurren razones para suponer que, si existe una cuenta de resultados, esta se ha cerrado con pérdidas. Difícilmente ni Laporta ni nadie va a poder defender frente al auditor que una sociedad de éxito indiscutible como BLM, capaz de aportar 110 millones de facturación anual, pueda tener en libros un valor similar a Bridgeburg Invest. que, además de dejar un reguero de gastos y apenas un 0.06% de facturación comparativamente, no ha atraído en dos años de vida promocional y de presunta actividad más que a dos inversores, Armarak, un vendedor de bocatas a cambio de la concesión del catering y la restauración del futuro Espai Barça (35 millones) y una sociedad secreta chipriota, Nipa Vestigia (20 millones), en ambos casos sustituyendo a los dos primeros socios, Orpheus Media y Socios.com, que se han echado atrás y se han arrepentido de haberse jugado inicialmente 10 millones cada uno como anticipo de la compra de un 24,5% por 100 millones.
Su deserción es significativa, tanto como ha resultado el relato absurdo y patético del propio Ferran Olivé sobre este episodio, según él, marcado por el boom de las criptomonedas. “En ese momento teníamos un montón de propuestas de patrocinio de este sector. Lo que pasó con Orpheus Media y Socios.com fue que, tras haberse comprometido a adquirir las acciones por 100 millones mediante pagos de 60 millones anuales los años 2023, 2024 y 2025, nos trasladaron su voluntad de aplazar los pagos al ver que ese mundo cripto no crecía como era de esperar. Les respondimos que no era posible ese aplazamiento, a lo que respondieron con una propuesta para que encontráramos otros inversores más interesados que ellos, y así lo hicimos”.
Parece una broma, pues en primer lugar su propia junta, con Laporta a la cabeza, siempre rechazó el patrocinio de los operadores de criptomoneda. Por tanto, la capitalización de Barça Visión se basaba en el cóctel comercial de los contenidos audiovisuales del club junto con la explotación del Metaverso, la web 3.0 y los NFT, proyectos que, reconocido por Orpheus Media y Socios.com, no les interesaban en absoluto. Ambos se limitaron a echarle una mano a Laporta en un momento en que el presidente necesitaba presentar ante LaLiga y ante el auditor un plan de negocio y de estructura financiera sólida, al menos en apariencia, a cambio de obtener 200 millones de margen salarial. Todo fue un montaje que el paso del tiempo ha ido destapando y que Ferran Olivé no ha hecho más que confirmar.
¿Se puede entender que morosos como lo serían Orpheus Media y Socios.com, según el relato de Olivé, deudores de 90 millones cada uno de ellos, convencieran al club de dispensarles de cualquier compromiso de pago, ni presente ni futuro, traspasándole además la búsqueda de nuevos inversores dispuestos a jugarse 180 millones en un negocio nacido muerto y sin perspectiva alguna de crecimiento? La realidad es que Orpheus Media y Socios.com no habían asumido ningún plan de pagos ni de ir más allá de prestar su nombre, su prestigio y 10 millones con la única condición de que fuera Laporta quien encontrara rápidamente inversores para Barça Vision que recompraran sus acciones.
Si las explicaciones que le dio Olivé al auditor cuando le preguntó por la evolución de Bridgeburg Invest fueron similares a las vertidas en la asamblea, no es extraño que, transcurridos dos años sin encontrar capital dispuesto a creer en Laporta, Grant Thornton obligase a la reversión de 141 millones, el equivalente a los impagos pendientes por la venta del 49% en verano de 2022, y el ajuste de ese valor contable de 208 millones dado como ingreso hace un año a la realidad, que es prácticamente el de cero. El propio tesorero lo admite en esa desafortunada y tan poco oportuna comparación con BLM.

