«El verdugo Nicomedes Méndez inventó el garrote catalán»

Entrevista a Salvador García Jiménez

Bluesky
Salvador García Jiménez

Catedrático de literatura y doctor en Letras, con una tesis sobre Franz Kafka. Condecorado en varias ocasiones, ha publicado libros de poesía, narrativa y ensayo. Entre estos, Locura celestial de San Juan de la Cruz y La voz imaginaria. Todas estas experiencias las ha volcado en una narración fílmica (Nicomedes Méndez. El verdugo de Barcelona, Alrevés Editorial), que ahora sale en las librerías.

¿Por qué la simple mención del tema despierta desasosiego, angustia… quizás solo entre algunas personas?

Sí, solo entre algunas. El verdugo es una cuestión que se puede contemplar desde varias perspectivas. Una puede ser, por ejemplo, el romanticismo. Espronceda le dedica una canción al verdugo. Y Camilo José Cela tiene en un museo un garrote vil. Y entrevistó un verdugo famoso. El verdugo, literariamente hablando, tiene un fondo genial y, en el caso de Nicomedes Méndez, la realidad supera cualquier ficción.

La gente, dices, huía cuando se lo encontraba en el tranvía, o por la calle…

La gente es muy hipócrita, somos sepulcros blanqueados… huían por animadversión, como si fuera un monstruo, pero después lo iban a ver en aquel gran espectáculo del mundo que era asistir a una pena de muerte en vivo. Todavía hoy, vemos series escalofriantes de asesinos en serie…, y estamos en contra de la pena de muerte. Decía Freud, a Eros y Thanatos, que nos sentimos más vivos ante la muerte. Cuando algún ser querido se muere, sentimos más la sensación de estar vivos. El verdugo es un asesino en serie legalizado por la ley. Es también un sicario de los jueces y del Ministerio de Gracia y Justicia, que condenaban a muerte y no se ensuciaban las manos. El que lo hacía era Nicomedes Méndez, un funcionario del Estado. El último de la cadena de la justicia.

¿Una cosa que, de alguna manera, nos lleva al crimen de Estado, a la muerte burocratizada, organizada…? ¿Quién es responsable en último término de la pena de muerte y su aplicación?

Es el Estado, son los diputados, la política… Pasa ahora en el Congreso de los Diputados, con cuestiones como el aborto. Allí hay mucha gente católica que, en realidad, se tendría que ir a la hora de votar la cuestión. Pero están. ¿Por qué? Por el poder, por el dinero…, por todo esto. Es kafkiano, pero es así.

¿Cómo interpretamos la pena de muerte? ¿Como venganza, escarmiento, costumbre…, como mera reminiscencia?

Un amigo, catedrático, me recordaba aquello de “no matarás” de los mandamientos. Sí, pero yo le dije que fue el mismo Jesús el que dijo aquello que a aquel que escandalizara a un niño más valdría que le ataran una piedra de molino en el cuello y lo echaran al mar. Se inclina así, propugna el castigo, la muerte… Él mismo también murió ajusticiado, por pena de muerte. Por cierto, Nicomedes, en el santoral catalán, fue uno de los verdugos que atendieron la crucifixión de Cristo.

En las ejecuciones comparecía el verdugo, el reo, está claro, y también el cura… ¿Cuál era su papel?

No uno, sino dos o tres sacerdotes asistían a la ejecución. Cuando el verdugo estaba accionando la manivela para estrechar la argolla contra el cuello del reo, los sacerdotes lo cubrían con sus capas para impedir que la gente viera aquel final tan trágico. Cuando el reo se encontraba en capilla, los sacerdotes estaban para confesarlo, para que se arrepintiera de sus pecados. Después lo acompañaban… Se creaba una especie de procesión, con gente de la Iglesia, que daba terror: Cristo cubierto con un velo negro, también presente en la ejecución. Un espectáculo propio de la Inquisición… Una estética que, en tiempo de Nicomedes, podría ser calificada más bien de romántica. Como Espronceda, cuando habla de la muerte, va a los cementerios… La muerte como protagonista.

Citas una ejecución múltiple en la cual uno de los reos fue indultado por edad, pero obligado a presenciar las ejecuciones… ¿La tortura acompañaba la muerte, como al parecer pasaba con la Inquisición?

Esto se denominaba “pena de argolla”. Consistía en ser subido al patíbulo, donde le ponían la argolla, para aterrorizarlo. Salía vivo, pero muerto de miedo. Era, sí, una forma de tortura psicológica…: no te mataré, pero verás cómo mueren tus compañeros.

¿Cómo se accedía al oficio de verdugo? ¿Por oposición, exámenes, méritos…?

Había un concurso público. A veces se presentaban 500 personas. Se requería cierto adiestramiento, haber trabajado, por ejemplo, en cementerios. También contar con enchufes, está claro. Nicomedes Méndez era paleta y también carpintero. Eran ellos los que levantaban los patíbulos… Si habías trabajado con un forense, también era un mérito. Estabas acostumbrado a la muerte. También se presentaban médicos, ingenieros, gente sin oficio…

¿La pena de muerte servía como factor de disuasión?

Sí que servía. Porque el escarmiento público actúa y tiene un efecto descorazonador. Las familias asistían, a veces acompañadas de los niños. Cuando mataban al reo, les daban una bofetada, para fijar el recuerdo. Como se hace en el sacramento de la confirmación. Nicomedes Méndez estuvo 11 años en Valladolid, en la audiencia territorial de Castilla, y 22 en la de Barcelona. Llevó a cabo 80 ejecuciones. No son muchas para el tiempo que ejerció de verdugo. Al principio eran públicas y asistían personas que habían clavado hachazos, envenenado… También gente corriente. Se sabe de casos de ejecuciones que derivaron en actos de histeria colectiva, en los que, por contagio, los espectadores acababan matándose. El Werther, de Goethe, donde el protagonista acaba suicidándose, provocó una epidemia de suicidios.

Nicomedes Méndez: ¿vulgar, monstruoso, pobre funcionario…?

Nicomedes tiene una conexión extraordinaria con París, que describo en el libro. Era un fan de Anatole Deibler, que era el maestro de la guillotina en Francia. Asistían a sus ejecuciones damas que mojaban sus pañuelos con sangre del condenado… La guillotina todavía se vende como souvenir.

Garrote vil. El nombre ya lo dice todo, y el trasto, el escenario, no desentonan, sino todo lo contrario…

El garrote de España, como otras de nuestras cosas, es brutal. Alguien se lo inventó. Hasta la segunda mitad del XIX, en España se ejecutaba con la horca. Una cosa que también tiene que ver con el garrote, que es una forma de colgamiento. Con la horca, hasta que no se adaptó el nudo para provocar una muerte rápida, los condenados morían por asfixia. También pasó con el garrote. Hubo un caso de un ejecutor que, casi con 80 años, iba borracho a las ejecuciones. El reo a veces tardaba en morir más de 20 minutos.

¿Se ejecutaban no solo a criminales comunes, sino también personas acusadas de actos, digamos, de naturaleza política?

Sí, pero no por delitos de opinión, sino por hechos con víctimas, que ahora conocemos como terrorismo, como fueron los atentados que hubo en Barcelona. Nicomedes se distinguía por su diligencia. Decía de sí mismo que proporcionaba una muerte con gran cuidado, respeto y profesionalidad. También se consideraba inventor, y fue quién inventó el garrote catalán, que tiene algo que ver con el remate de los toros: un artefacto que aplasta el bulbo raquídeo o rompe la cervical con corte medular y produce un coma cerebral y la muerte instantánea. También se inventó utilizar la cuchara para introducir la lengua dentro de la boca del ejecutado, cuando este moría. Esto le prohibieron. Es una barbarie, pero intentaban ser “civilizados”. Nicomedes también quería ir a los EE.UU. para ver como iba la silla eléctrica…

¿Cómo acabaron las vidas de Nicomedes Méndez y los suyos?

Su figura también despierta un poco de ternura. Con pocos años, se fue de Haro en Valladolid y se casó con una mujer 18 años más grande que él. Se le mueren los hijos. Una hija se suicidó cuando la dejó su novio, al enterarse de que su padre era Nicomedes. Su hijo, que lo ayudaba a montar los patíbulos, acabó loco. Paseando por las calles de Barcelona, con la cordura media perdida, Nicomedes pensaba en cómo ir a Cuba a practicar con el novio de su hija, que había huido allí, lo que su oficio le había enseñado.

¿Nicomedes Méndez es un exponente acabado en el sentido de que cualquier tiempo pasado fue peor?

Una parte del presente es, sin duda, mejor, pero también hay cosas del pasado que lo fueron. Por ejemplo, en el cambio climático el presente es peor. En el comportamiento civilitzatorio parece que vayamos mejorando… Contra la pena de muerte estuvieron los republicanos, y a favor los liberales, con Cánovas del Castillo en la presidencia. Para celebrar algunas efemérides, los reyes indultaban a algún reo… También se ejecutaban en algunas fiestas, como se hizo para celebrar la llegada de La Fayette en Manhattan.

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