El análisis de los resultados económicos del Barça por lo que respecta al área comercial y de patrocinio contempla, por parte de la junta azulgrana, un entusiasmo y una positividad comprensible que no siempre se corresponde con la realidad de unas cifras algo menos atractivas. “Nuevo récord histórico de ingresos procedentes de patrocinio con más de 210 MEUR (millones de euros), récord histórico del Club”, aseguraba su comunicado del pasado 2 de octubre, cuando se avanzaron interesadamente algunas de las cifras del balance del año fiscal azulgrana. La misma fuente oficialista y propagandística abundaba en que, por otro lado, se había registrado un “récord en ventas de la filial de merchandising, BLM, que ha alcanzado los casi 110 MEUR de facturación, un incremento del 72% en relación con 2018”.
Por lo tanto, de la partida admitida por la junta en la memoria del pasado ejercicio 2023-24, bajo el epígrafe Comercial, de 374 millones, puede destacarse que si BLM facturó 110 millones, el resto se corresponde con los ingresos del grueso del patrocinio que ascienden, pues, a 264 millones. Como no existe más precisión por parte de esta junta -y tampoco de las anteriores- a la hora de compartir los detalles de los bloques generalistas, la comparación con los niveles prepandemia pone en duda esa afirmación que apunta al establecimiento de nuevas plusmarcas en cuanto a ingresos.
En la temporada 2018-19, la última anterior al efecto de la pandemia que impactó a partir del mes de marzo de 2020, la misma partida Comercial ascendió a 325 millones, de los cuales 63 millones fueron la aportación del primer año de vida propia de BLM por parte de la junta de Josep Maria Bartomeu, que fue quien puso en marcha, burlando hábilmente el asedio explotador de Nike, la autogestión, ampliación y expansión de las tiendas/megastores del Barça en el territorio. Descontada la contribución de BLM, el resultado es un saldo comercial y de patrocinio de 262 millones, es decir, de sólo 2 millones menos con respecto al último ejercicio. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que hace cinco años el club no había vendido los namingrights (derechos de denominación) del estadio que, como mínimo, reporta 5 millones por temporada del contrato con Spotify y que, se supone, la directiva actual habrá aplicado la lógica inflación a los nuevos contratos a lo largo de los últimos años.
Sería discutible, pues, si verbalizar los éxitos de facturación de esta temporada supone una exageración por parte de la junta o incluso si cabe poner esos datos en un contexto de duda más que razonable a la vista de las comparaciones con el total de la facturación comercial tal y como aparece agrupada en los balances facilitados a los socios. Igualmente, la cifra absoluta resultante de todos los conceptos –matchday, media (derechos de televisión), comercial, operaciones deportivas (traspasos y cesiones), otros ingresos y reversiones de provisiones- se eleva a los 859 millones el último ejercicio, aún por debajo de los 990 millones que sigue siendo el récord absoluto la historia el curso 2018-19.
Las diferencias hay que localizarlas también por sectores. En las entradas por las taquillas y explotación de los días de partido el abismo es de 86 millones, de los 212 millones hace cinco años contra los 126 millones registrados ahora, una reducción imputable desde luego al traslado del primer equipo a Montjuïc. La junta de Joan Laporta auguró acertadamente un impacto negativo porque esa era la única lógica aplicable al planteamiento de un exilio que implicaba una sustancial limitación del aforo y una más que notable deserción de abonados. “Los ingresos de Estadio -había justificado la junta en la presentación del presupuesto hace un año- disminuyen significativamente (-78 millones de euros) debido al traslado temporal del primer equipo de fútbol masculino al Lluís Companys, después de haber realizado en el Camp Nou el mejor registro de ingresos de este epígrafe de la historia. Sin embargo, el Club ha hecho un esfuerzo para presentar un presupuesto exigente de ingresos que permita compensar parcialmente esta caída de ingresos”.
El cálculo inicial fue de 151 millones, que se quedaron finalmente en 126 millones, bastante lejos de los 229 millones de la 2022-23, el ejercicio de la última Liga conquistada por el Barça, por encima también de los 212 millones del 2018-19 en el único indicador azulgrana que había apuntado a la recuperación de los niveles anteriores a la pandemia. Así, finalmente, el pronóstico de una caída de los ingresos por la decisión de abandonar Les Corts ha sido peor aún que esos -78 millones, alcanzando los -103 millones, lo que significa que el alto registro de asistencias de Montjuïc sólo fue posible mediante campañas de promoción y descuentos elevados para atraer al público.
De acuerdo con las previsiones, la directiva de Laporta no ha cumplido el presupuesto en los tres principales brazos de ingresos, con -25 millones de la explotación de los días de partido (126 sobre 151 millones), -2 millones de los derechos de televisión (243 sobre 245 millones) y -4 millones del comercial (374 sobre 375 millones). En cambio, se han visto incrementadas las entradas por traspasos con 16 millones por encima (81 sobre 65 millones) y las ventas de patrimonio y reversión de provisiones de aquel lastre inútil con las que Laporta cargó las cuentas del curso 2020-21, en total 49 millones (70 sobre 21 millones). Dos partidas que, sumadas, producen un alivio de 65 millones con el que ha podido maquillar parcialmente el varapalo de -141 millones por los impagos de Barça Studios que ha supuesto abrir los ojos del barcelonismo a la realidad y empezar a recomponer el verdadero estado de descuido y fraude en el que seguía viviendo Laporta desde el verano de 2022.
También significa que, sin esos extras (65 millones), el mal llamado resultado ordinario -dentro de esa dialéctica confusa y errónea que pretende introducir Laporta en el trágico escenario de las finanzas de Barça- habría arrojado otro déficit estructural al que también contribuye poderosamente la palanca de Sixth Street por la venta del 25% de los derechos de televisión de la Liga durante 25 años. De hecho, respecto a los ingresos por ese concepto, que ya eran de 298 millones en 2019, ahora el Barça sólo materializa 243 millones con la de previsión bajar a 241 en el ejercicio actual 2024-25, o sea 57 millones menos.
Cuesta conjeturar y dar crédito a ese enardecimiento y bendiciones de las cuentas de Laporta, especialmente en cuanto a los ingresos, por más adornos y parafernalia empleada en la comunicación de otro mal año para el Barça.











