Icono del sitio El Triangle

Los grupos de opinión que acosaron y echaron a Bartomeu cuestionan ahora a Laporta

Acte de Som un Clam - Foto: Som un Clam

Al escenario opositor a Joan Laporta que ahora definen las posturas medianamente claras de Víctor Font y Som un Clam, el excandidato pidiendo elecciones en junio próximo y la plataforma exigiendo que la próxima asamblea sea presencial para que los socios puedan participar democráticamente, se une, o al menos eso pretende, esa amalgama de entidades que se autoproclaman grupos de opinión con una puesta en escena y planteamientos contradictorios y, en el fondo, colaboracionista y laportista por mucho que ahora quieran aparentar haberse posicionado en contra de su reinado.

Dignitat Blaugrana, Compromissaris FCB, El Senyor Ramon, Seguiment FCB, Un Crit Valent y Transparència Blaugrana vienen de haber servido ciega y fanáticamente a la actual junta desde mucho antes de que Laporta ganara las elecciones el 7 de marzo de 2021. Aliados con las poderosas fuerzas soberanistas, políticas, financieras, mediáticas, sociales y hasta policiales que realizaron el trabajo sucio para echar a Josep Maria Bartomeu, estos grupos de opinión no dudaron, liderados por Dignitat Blaugrana, a ponerse al servicio del voto de censura y con anterioridad a generar el caldo de cultivo crítico idóneo que lo propiciara todos sus recursos, afiliados, influencia y visibilidad.

Lo hicieron, además, verbalizando la necesidad y la urgencia de que Bartomeu y su junta no adoptaran ninguna de las decisiones anunciadas para afrontar los efectos de la pandemia, tales como aplicar un descuento directo de 20% al salario de los profesionales y administrar una palanca de 200 millones para equilibrar el efecto adverso de una recesión de los ingresos por el cierre del estadio durante una temporada entera.

Abanderados y entregados a la solución Laporta, y pese a reconocerse y ponerse la medalla de configurarse como un colectivo crítico y fiscalizador, no ha sido hasta ahora cuando ha querido dar un paso en la dirección contraria y admitir que, objetivamente, la gestión del presidente al que han apoyado incondicionalmente es inaceptable desde todos los puntos de vista.

Tarde y con una alternativa que roza lo ridículo, ahora sí que admiten estos grupos que «no podemos dar amparo a la gestión actual del Club, insuficiente y arcaica, gestión que consideramos no adecuada por el presente y futuro del Barça, basada en un modelo presidencialista que no compartimos. Después de casi tres años y medio de mandato, consideramos que la gestión de la Junta Directiva ha sido, aun así, errática y peligrosa, poniendo en riesgo la viabilidad económica y la reputación del FC Barcelona».

Dicho por quienes han salido a defender sistemáticamente todas las atrocidades cometidas por Laporta y que cuando han señalado algún borrón han sido ninguneados, pisoteados y ridiculizados por una junta a la que le han tolerado la supresión de todos los derechos sociales, esta revuelta de ahora no deja de producir una sensación lastimera y realmente poco representativa de su verdadero espíritu barcelonista. ¿Qué pensar de quienes sacaron los tanques a la calle porque Messi se quiso ir del Barça siendo Bartomeu presidente -por cierto cuando el Barça era el primero de la lista Forbes de los clubs más ricos del mundo- y luego aplaudieron que Laporta lo echara contra su más firme promesa electoral para seguir callados ante las evidencias de degradación del patrimonio y la economía azulgrana a manos del nuevo presidente, un personaje dictatorial, nepotista y caprichoso?

La respuesta es la trayectoria desdibujada y torpe de esa teórica fuerza social que agrupa este colectivo y que ahora pide a Laporta algo realmente surrealista, y puede que hasta poco serio, como una cuestión de confianza, algo así como una consulta telemática a los socios (¡a propuesta de la propia junta!) que sopese si el presidente y la directiva han de continuar dirigiendo el club.

Estos grupos pueden esperar sentados como hasta ahora, pese a su amenaza de obrar en consecuencia si no reciben una respuesta a su petición en un plazo de diez días, y recibir otra bofetada de indiferencia de la junta que más egoístamente los ha utilizado a favor de sus intereses, en especial a la hora aplicar esa sedación social sobre la que ha podido saquear impunemente el club.

Otra cosa es lo discordante de su actitud anterior, pasiva frente a los atropellos de Laporta y encubridora de sus fechorías, con el relato mediante el cual ahora presentan su propuesta imposible para que la junta elija voluntariamente suicidarse. Básicamente, califican de «errática» la gestión porque la junta «ha usado de manera no adecuada las palancas financieras/económicas, convirtiendo una solución puntual en una herramienta estructural que compromete el futuro del Barça» y de «lamentable» el trato dado a algunos mitos como Messi, Koeman, Xavi o Saras Jasikevicius. También censuran la reacción en el caso Negreira porque «la falta de una respuesta rápida y contundente ha erosionado la credibilidad del Club» o la falta de transparencia por lo que respecta a «las decisiones sobre sociedades mercantiles vinculadas al Barça, que se han tomado y se toman sin dar la información necesaria a los socios y socias», además de denunciar el caso ISL porque «el reconocimiento que un proveedor del Club ha prestado dinero a los actuales directivos no tiene cabida en un Club que tiene y promueve valores y principios». Finalmente, señalan la fuga de talento ejecutivo y el olvido del Palau Blaugrana «por vulnerar el mandato otorgado por la Asamblea» como argumentos suficientes para justificar esta cuestión de confianza que en realidad los estatutos no contemplan.

Lo único parecido es un artículo que con «respecto a cuestiones de especial trascendencia» se podrá regular «el procedimiento de consulta a los socios, y su resultado tendrá efectos vinculantes. La iniciativa de dicho procedimiento corresponderá a la Junta Directiva o a la Asamblea General, en función de sus respectivas competencias».

En su comunicado, estos grupos desgranan más específicamente todas y cada una de las aristas de una entidad que, en su análisis de hoy, tan distinto del de hace unos meses, hace aguas por todas partes.

Es imposible, desde luego, que la junta de Laporta asuma esta petición y más difícil todavía que Dignitat Blaugrana, Compromissaris FCB, El Senyor Ramon, Seguinment FCB, Un Crit Valent y Transparència Blaugrana sean capaces de hacerle cosquillas a la presidencia, si no es que las mismas fuerzas telúricas que en su día utilizaron a estos grupos para el ruido, el acoso y el derribo contra Bartomeu se hayan puesto las pilas para derribar ahora el laportismo. Y sucede que esas fuerzas telúricas y los poderes fácticos las secundaban ya no mandan o mandan mucho menos en el país. Siendo así, se van a quedar solos.

Salir de la versión móvil
Ir a la barra de herramientas