¿Podría acabar Gündogan jugando en el Girona esta temporada contra el Barça?

La Premier, dispuesta a sancionar con restarle 80 puntos al City esta temporada por sus trampas financieras, y la UEFA, con una nueva normativa contra los peligrosos efectos de la multipropiedad, intentan evitar este tipo de cambalaches que hoy podría darse, puesto que el jugador alemán vuelve libre a Manchester

Ilkay Gündogan con la camiseta del Manchester City

Por culpa de la fea costumbre de FerranSoriano, director ejecutivo del Manchester City, de andar siempre haciendo trampas con las cuentas y falseando la verdadera dimensión de su capacidad económica y financiera, la extraordinaria trayectoria de JosepGuardiola como entrenador, indiscutiblemente el mejor de todos los tiempos, acabará siendo puesta en duda y quizá hasta discutida si se acaban confirmando los peores pronósticos de la fuerte sanción propuesta por la Premier League inglesa de restarle 80 puntos, un castigo que se le aplicaría en el momento en que haya un veredicto, probablemente este otoño.

Contra ese posible correctivo, que ya barajan como más que probables fuentes solventes próximas al caso, podría haber algún tipo de recurso, pero por los precedentes de abusar del dopaje financiero, las instancias de apelación no han actuado condescendientemente. Al contrario, el gobierno británico ha tomado la iniciativa para evitar que la Premier se descontrole con una escalada de casos y situaciones parecidas a la del City adoptando medidas severas y de un rigor extremo para que los clubs de la Premier, los más ricos del mundo, no se acaben endeudando y gastándose un dinero que en realidad ni tienen ni son capaces de ingresar, más allá de que ya poseen estructuras financieras y un marco legal de gestión de la propiedad que les concede ventajas fiscales respecto al resto de los clubs europeos.

Si hoy, por ejemplo, es permanente noticia la situación del Chelsea, que tiene en nómina a 44 profesionales, de los que solo pueden jugar 25, el fondo de armario del City, a través del City Football Group, es aún superior, pues controla clubs como Girona, New York City, Melbourne City, Yokohama F. Marinos, Montevideo City Torque, Sichuan Jiuniu, Mumbai City, Lommel, Troyes, Palermo y Bahía, con los que cada temporada puede remover sus plantillas y recolocar jugadores a su antojo, como ha hecho este verano con Savinho, futbolista que destacó en el Girona la temporada pasada.

La multipropiedad es una práctica que ni la UEFA ni la FIFA consideran recomendable ni positiva para el fútbol en general. Ya está prohibida, de hecho, en las competiciones domésticas y también en la práctica en las internacionales, a través de una normativa impuesta por el Comité deControl Financiero de Clubes de la UEFA (CFCB), que obliga, resumidamente, a que ningún propietario de un club profesional pueda jugar contra otro del cual controle más del 30% del accionariado o bien pueda ejercer una “influencia decisiva” a través de los derechos de los accionistas o socios, a través del apoyo financiero, a través de la gobernanza o través de traspasos de jugadores.

En el caso del City y del Girona, la presunta infracción es total y absoluta pues el City posee el dominio y el mando absoluto de su filial en el fútbol español, si bien esta temporada la UEFA permitirá que ambos disputen la Champions y puedan jugar entre ellos debido a una moratoria concedida esta temporada para darle tiempo a los afectados a adaptarse a la normativa. La próxima temporada, si se diera el caso, el Girona debería vender más de dos tercios de sus acciones a un inversor ajeno por completo al City Football Group. Al menos, en teoría.

El City Football Group es otro de esos inventos de Ferran Soriano que ahora está en el ojo del huracán de las denuncias de la Premier por corromper las reglas del juego, básicamente las que establecen que un club sólo puede gestionar y gastar los ingresos que realmente produce y consigue procedentes de su actividad futbolística, ticketing y traspasos, y de los canales legales de comercialización, patrocinio y márqueting, o sea el conjunto de la venta de activos como la camiseta y los derechos de televisión y de participación en las grandes competiciones como la propia Premier, la Champions League, la Supercopa Europea o el Mundial de Clubs de la FIFA.

Ferran Soriano, sin embargo, buscó torpemente otras vías de ingreso y ante su absoluta incapacidad -demostrada y evidente como quedó manifiestamente probado en su gestión en el Barça y luego en Spanair- no dudó en hacerse trampas al solitario a base de formalizar importantes patrocinios que no existían en la realidad, sino que recorrían un enrevesado laberinto financiero antes de llegar a Manchester desde el entorno empresarial del jeque Mansour bin Zayed de Emiratos Árabes Unidos, radicado en Abu Dhabi y propietario del Manchester City desde 2008. Mansour bin Zayed controla el fondo Abu Dhabi United Group que, a su vez, gobierna un importante holding con intereses muy diversificados.

Lo que no esperaba Ferran Soriano es que FootballLeakes desvelara el contenido de los emails internos entre el CEO del City y los altos ejecutivos Abu Dhabi United Group, en los que se detallaba cómo desde la propiedad se podía inyectar una cantidad importante de dinero con la apariencia de patrocinio desde empresas y servicios que, simuladamente, no estaban vinculados a los negocios del jeque.

Al destaparse, la UEFA ya intentó echar al City de la Champions, aunque no pudo llegar a consumar la sanción por la prescripción de los delitos. La Premier tomó nota y desde entonces ha venido realizando controles financieros sobre el verdadero origen de los ingresos del City hasta concretar más de un centenar de irregularidades en sus cuentas, con el agravante de que Ferran Soriano ha rechazado sistemáticamente colaborar con los investigadores, se ha negado a dar explicaciones y ha dado la callada por respuesta a los indicios acusadores de los analistas independientes.

Al contrario, en reacción a las acusaciones finalmente presentadas por la Premier League acusando al City de violar más de 100 reglas financieras, incluyendo no proporcionar información financiera precisa, no cumplir con las regulaciones del juego limpio financiero (FFP) de la UEFA y no seguir las reglas de la Premier League sobre beneficios y gastos, Ferran Soriano ha presentado una demanda contra la Premier, argumentando que es víctima de «discriminación» y que ha estado sujeto a la «tiranía de la mayoría», en referencia a la forma en que la Premier League toma decisiones por una mayoría mínima de 14 de sus 20 clubs a la hora de aprobar cualquier cambio regulatorio.

En su caso concreto, el City juzga una intromisión y una imposición inadmisible que la Premier imponga la exigencia de evaluar de forma independiente los acuerdos comerciales y de patrocinio que involucren a empresas filiales o asociadas con los propietarios del mismo club para determinar si tienen un valor justo de mercado o si, como en el caso del City, provienen de los fondos de la misma propiedad y no de una puja comercial.

Así las cosas, se dan muchos escenarios posibles para el futuro del City, cuya plantilla de oro, financiada con la ventaja de inversiones no legales ni conseguidas en abierta y correcta competencia con el resto de los clubs, podría desaparecer de Manchester a causa de una sanción de al menos 80 puntos, con un descenso a la segunda división inglesa, la Championship, y ‘reaparecer’ en Girona, por ejemplo, para competir en la Liga española. También estaría en disposición de vender el City y adquirir otro club, dentro de esos malabares de Ferran Soriano.

Finalmente, puestos a imaginar, el Manchester City que hoy podría recuperar gratis los derechos de IlkayGündogan, ya que Laporta no lo puede mantener y necesita su salario para pagar y darle salida a Vitor Roque y DaniOlmo, estaría legalmente respaldado para hacerlo jugar en el Girona si el jugador y la dirección deportiva del club inglés así lo decidieran. La jugada reforzaría al Girona que, en este caso, le gustase o no la idea, sólo podría obedecer las órdenes desde el cuartel general de Ferran Soriano.

Como Gündogan no estaría cedido, sino que llegaría libre al City, su derivación sería el nocivo efecto de esa multipropiedad que la UEFA y las competiciones nacionales quieren evitar. La situación del jugador alemán es un serio aviso sobre el riesgo de este tipo de cambalaches.

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