Marc Duch sostiene que a Laporta no se le debe apuntar con un voto de censura

El comisario político de la maniobra soberanista para echar a Bartomeu en 2020, que engañó al barcelonismo asegurando que no actuaba en nombre de ninguna candidatura, dice ahora cínicamente que no debe usarse ese recurso porque no beneficiaría al club, sino sólo a los intereses de algunos socios

Marc Duch

Hay personajes como MarcDuch que han aportado al barcelonismo una mirada desviacionista, interesada, egoísta y de una profunda maldad social que, por desgracia, siguen merodeando en el entorno y amplificando, contradictoriamente, tanto el perjuicio mediático del laportismo como su efecto de sedación y anulación de la vitalidad del universo azulgrana. Ahora que su prestigio y renombre han sido reducidos al de alguien que ha jugado las cartas equivocadas y a quien han retratado sus propios errores, Duch aprovecha el vacío informativo de verano para intentar recuperar ese protagonismo perdido, o al menos parcialmente, proclamando que el voto de censura de 2020 estuvo más que justificado mientras que ahora, en circunstancias peores y verdaderamente terminales como resultado de la manifiesta incapacidad de Joan Laporta para gestionar el club, esa herramienta no debe usarse contra el presidente. Su lamentable argumento se basa en que los socios que lo pueden promover actuarían, en este caso, a favor de sus intereses y no de los del Barça. No se puede ser más cínico.

Para refrescar la memoria sobre quién es verdaderamente Marc Duch, conviene recordar que actuó como portavoz único del voto de censura de otoño de 2020 contra Josep Maria Bartomeu representando a las fuerzas del soberanismo (ANC, Òmnium, ERC y Junts) aliadas en principio para que VíctorFont, el precandidato que ya llevaba tres años realizando una oposición activa, no se viera obligado a quemarse liderando una acción social de riesgo. La estrategia consistió en enviar por delante a ese otro personaje taimado y tenebroso como JordiFarré, firmante de la solicitud oficial de papeletas para iniciar el mecanismo estatutario contra el presidente. Sobra decir que Farré fue un hombre de paja que ni siquiera abrió la boca en todo el proceso y Marc Duch una especie de comisario político que, para aparentar independencia, juró y perjuró ante la prensa y los socios que, en ningún caso, si el voto de censura progresaba como esperaba -echando a Bartomeu- y se abría un proceso electoral, él nunca participaría en ninguna candidatura.

Vamos, que su única funcionalidad era la de servir al Barça sin ningún interés ni filiación personal, misión para la que fue unánimemente elegido por Més que una moció, la cooperativa de plataformas barcelonistas que proliferaron en esos tiempos para agitar convenientemente el entorno azulgrana.

No habían pasado ni tres meses de ese solemne y comprometido anuncio cuando Marc Duch, destapando sus verdaderas intenciones y sin el menor rubor por haber mentido de forma tan descarada, apareció como integrante de la candidatura de Víctor Font como futuro vicepresidente del área social. Por lo que se sabe, pese a que finalmente el voto de censura acabó favoreciendo la reentrada triunfal y no menos envuelta en mentiras (Messi, aval, etc.) de Laporta, y perjudicando las opciones de Víctor Font, a Marc Duch no le ha ido mal del todo en sus escaramuzas comerciales de estos años coincidentes con el neolaportismo.

Ahora, ante un movimiento de oposición más o menos coordinado de un sector del barcelonismo encarnado en la joven figura de JordiCamprubí, el poco fiable Marc Duch se siente legitimado, no obstante, para estimar y analizar esa nueva realidad. «El barcelonismo solo está unido al 100% cuando es una cuestión deportiva, porque todos somos del Barça. Ahora, apelar a la unidad… entiendo la lógica de esta exploración, pero también es verdad que el momento actual es sustancialmente diferente al momento de agosto de 2020. El agujero en el que estamos metidos, desgraciadamente, es algo más profundo y es algo más difícil salir. También porque tenemos un estadio en construcción, que no sé si la gente se ha dado cuenta. Por lo tanto, entiendo los movimientos, los entiendo todos en la lógica política del Barça, pero digo lo mismo que decía en 2020. Las mociones de censura son unas herramientas que están a disposición de los socios, y, gracias a Dios, que lo están. Y el socio las tiene que utilizar siempre pensando en el beneficio del club, cuando el club las necesite, no cuando al socio le convenga».

Según Duch, sobre las condiciones de 2020, era «un momento en que la situación era tan caótica y dramática a nivel de club, que el sector más crítico, el sector más implicado, decidimos que tocaba remar todos a una porque necesitaba un cambio drástico. Principalmente, había varias plataformas, algunas de las cuales ya no existen, otras aún sí, pero era gente con una sensibilidad no muy afín a Bartomeu y todo lo que representa esa línea del barcelonismo. Había mucha gente del mundo del baloncesto, muy crítica, porque en aquellos años y los años previos se masticó mucha arena en el Palau, fueron años muy duros. También había mucha gente muy próxima al laportismo. Había mucha gente muy próxima a una vertiente política más independentista, más nacionalista, que veía que el club no estaba a la altura ni del momento histórico, ni del momento del país, ni de las expectativas deportivas e institucionales. Y se tomó una decisión, motivada en muy buena medida por los resultados deportivos como el 2 a 8 del Bayern de Flick o el burofax de Leo Messi».

Su análisis, desde la perspectiva y el punto de vista que viene defendiendo su jefe Víctor Font, puede que provoque cierta vis cómica. “El club está peor que hace tres años. Laporta dice que podemos fichar a Nico Wiliams y no es verdad. Le pedimos al presidente que dé un paso al lado y deje gestionar el club a quien pueda sacarlo adelante”, sería el resumen del momento azulgrana según Font, que desde luego se parece bastante a esa descripción de Duch sobre el Barça de Bartomeu cuando “la situación era tan caótica y dramática que tocaba remar todos a una porque el club necesitaba un cambio drástico”.

No puede decirse que el balance de Laporta en fútbol y baloncesto de la pasada temporada, con un cero absoluto, sea mejor que el de Bartomeu en aquel momento, con señaladas diferencias, por ejemplo, en el área económica, donde pese a la pandemia, la situación financiera era bastante más sólida, sin olvidar que Bartomeu obligó a Messi a cumplir su contrato mientras que Laporta, con toda su palabrería, promesas y fanfarronadas, no pudo retenerlo aún contando con la predisposición máxima del crack argentino a seguir vistiendo de azulgrana.

Finalmente, Duch expresa un deseo, el de “pasar página de todo esto». «No te diré el clásico tenemos que acabar los ‘ismos’, porque están y tienen que estar. Enriquecen al club y estoy encantado, pero tenemos que pasar página. Hay una generación que tiene que dar un paso al lado y dejar sitio a las nuevas porque, insisto, no es una cuestión de lo que le conviene a unos socios, sino de las necesidades del club”. O sea que, a Laporta, aunque el Barça vaya camino de perder su modelo de propiedad y, de hecho, se hayan suprimido todos los derechos fundamentales y pisoteado la voluntad democrática de los socios de forma sistemática, además de arruinar el club, hay que dejarle acabar su obra.

Parece evidente que Marc Duch esta vez no podrá medrar ni beneficiarse de la visibilidad que le dio el voto de censura de 2020, que no sólo paralizó el club en plena pandemia, cuando más necesitaba una junta que adoptase decisiones, sino que sólo sirvió para adelantar las elecciones dos semanas. Por lo memos tranquiliza saber que ahora mismo está fuera de cualquier movida.

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