“De desagradecidos el infierno está lleno”, decía mi abuela. Tienen suerte Carles Puigdemont y otros beneficiarios de la Ley de Amnistía que ha aprobado el gobierno progresista español de que el infierno no existe porque si lo hubiera estarían asándose en la olla más grande y caliente.
El enésimo acto de propaganda organizado por Junts en França para ocupar minutos en TV3 vendiéndonos a Puigdemont como un héroe de la lucha por la independencia de Catalunya fue, el pasado sábado, una demostración más de esta actitud antipática.
Puigdemont podrá volver cuando quiera -ya veremos si Toni Comín se apunta al viaje, ya que por sus declaraciones no se le ve muy convencido- gracias a la amnistía que impulsó el gobierno de socialistas y Sumar al igual que fue ese gobierno el que indultó a los independentistas que estaban en prisión. En vez de agradecer el gesto que permitirá que en Bélgica respiren tranquilos en breve, el expresidente de la Generalitat y candidato fracasado a repetir en este cargo está obsesionado con evitar que un socialista llegue a la Presidencia.
El enemigo del independentismo desagradecido no es Salvador Illa sino cualquier candidato que pueda arrebatarles la presidencia de la Generalitat. Es el mezquino “entraron en nuestra casa” de la Marta Ferrusola de los tiempos en los que su marido aún no había confesado que había ocultado una fortuna en el extranjero cuando ocupaba el cargo que después tuvo Puigdemont y ahora debería pasar a manos de Illa. Ni ella ni muchos de los suyos aceptaron que la Generalitat es la casa de todos los catalanes y catalanas, aunque la presidiese el socialista José Montilla.
Puigdemont y quienes le aplauden viven instalados en una Catalunya y una España que ya no existe. Por eso, el expresidente de la Generalitat huido a Bélgica se permite el lujo de decir que «sólo un golpe de Estado» impedirá que vuelva a Cataluña para asistir a la sesión de investidura de Illa. Un golpe de Estado. Cuando hubo una tentativa de golpe de Estado en España, en 1981, Puigdemont tenía 18 años. Ahora tiene 61.
No habrá ningún golpe de Estado en España. ¡Sáqueselo de la cabeza! Estamos en 2024. Vuelva y vea la Cataluña y la España actuales. Deje de mirarlas a través de la pantalla amiga de TV3.
¡Y aprenda de mi abuela!






