Cuesta desentrañar si hay algo de verdad y de realidad de entre la enorme capacidad de intoxicación informativa que es capaz de generar la junta directiva de Joan Laporta a través de sus medios más colaboracionistas, algunos de los cuales, sin embargo, empiezan a estar cansados de dar difusión y encaje a tantas y tantas informaciones que, a la hora de la verdad, ni se acaban cumpliendo y además forman premeditadamente parte de cortinas de humo y de distracciones mediáticas. La patraña estrella de Laporta sigue siendo, dos años después, Barça Studios, operación de venta por 200 millones de los que solo se han cobrado 40 millones, la mitad procedentes de un favor por parte de Socios.com y de Orpheus Media, locos por vender sus acciones sobre el 49% adquiridas formalmente en verano de 2022 al primero que pase.
Y ese es, fundamentalmente, el origen y causa de la actual encrucijada en la que se ha atascado Laporta, que consiguió embaucar a Libero Footbal Finances, un fondo de inversión que, según su versión, aceptó aparecer como inversor interesado en la recompra de una parte de la sociedad contra la promesa del presidente de que, en realidad, otro comprador se la recompraría en el momento. Una estrategia para generar expectativas con la esperanza de que, entre el cuento de la salida a bolsa a través del Nasdaq y el interés de Libero, alguien más acabara ‘picando’. Pero ni así.
Ahora, Laporta vuelve a estar desesperado porque el negocio de Barça Visión y Barça Media, las dos marcas que sobre el valor y el fondo de comercio de Barça Studios (RISAS) iban a marcar un antes y un después en la industria del fútbol a nivel global, ni existe ni se conoce ni se sabe de nadie que quiera apostar por entrar a formar parte del accionariado, de ese 49% que sigue huérfano y que amenaza con provocar pérdidas en la cuenta de explotación sin un salvavidas que alguien le arroje a tiempo de que el auditor se trague otra fanfarronada financiera de la misma magnitud del año pasado.
Por eso necesita, más allá del dinero (100 millones) que solo puede proceder de Nike o de traspasos de jugadores, que empresas solventes y creíbles inviertan en la compra de parte de la sociedad Bridgeburg Invest, la empresa que sucedió a Barça Studios, pues de otro modo, aunque dispusiera de 100 millones del signing bonus de Nike, a Laporta no le serviría de nada si no se emplea en la adquisición, parcial o completa de ese 49%.
LaLiga y el auditor necesitan certificar que alguien compra por 100 millones hoy, y por 60 millones más el año que viene, ese porcentaje, propuesta a la que Laporta y su junta otorgan visos de realidad asegurando a los medios que una proporción de la mejora del contrato de Nike se destinará a esa operación. Incluso se da por segura que esa foto final salvadora se prevé firmar entre el 20 y el 25 de julio, pues más allá de esa fecha el auditor y LaLiga no podrían validarlo como un fleco.
Nike, por su parte, no habla, se limita a negociar en silencio. Ni confirma ni desmiente un truco contable que parece lejos de poder ser aceptado por sus responsables financieros y servicios de compliance, pero que desde el Camp Nou explican como la solución más fácil y acertada.
Es más, el ‘cerebro’ laportista que lo filtra desde la junta lo relata como otro éxito de la audacia y la capacidad de reacción de Laporta ante situaciones límite cuando en realidad, aun suponiendo que Nike se preste a ese juego, el hecho de consumir el signing bonus previsto (100 millones) en pagar los atrasos de un negocio que tampoco genera ingresos ni actividad conocida, es decir que no aliviará, al contrario, la estructura económica azulgrana, solo puede calificarse como otro error histórico, una chapuza más de la catastrófica gestión de Laporta.
Sobre todo, porque ese signing bonus corresponde a un anticipo sobre los 10 millones anuales (por diez años de contrato) a cuenta de la mejora del contrato prevista. Por tanto, con el agravante, a causa de esa fórmula planteada por Laporta, de que acabaría convirtiéndose un alivio enorme e inmediato en la tesorería azulgrana de 100 millones, aunque contablemente, sin embargo, debería diferirse a razón de 10 millones anuales a lo largo de la próxima década. O dicho de otro modo, el Barça debería registrar 10 millones cada temporada como ingreso que, en la práctica, no entrarían en la caja.
El problema añadido ahora es que, según algunas fuentes, esos 100 millones no podrán utilizarse completamente para rellenar el vacío pendiente de Barça Studios, pues Laporta necesita al menos 60 millones para pagar de golpe la cláusula de Nico Williams, el jugador del Athletic que se ha propuesto fichar este verano para minimizar el efecto Mbappé o al menos eso es lo que Laporta va explicando para que la prensa, distraída con el ‘mercato’, no abunde en tantos temas de orden económico, financiero, patrimonial, deportivo y social del Barça que, por su extrema gravedad y preocupación, están movilizando por primera vez a la disidencia y a la oposición con la pretensión incluida de intervenir si fuera necesario antes de que acabe el actual mandato de la junta.
Esta es la razón por la que, también apuntan otras fuentes, habrá que buscar a otro inversor que se haga cargo del resto, apuntando la posibilidad de que Spotify pueda invertir en Bridgeburg Invest para completar la venta. Sin duda, otra ilusoria pretensión ciento por ciento propagandística e imposible de consumarse si no es, como en el caso de Nike, que el patrocinador de la camiseta acepte desviar parte de sus obligaciones contractuales a favor de ese agujero financiero de Laporta, una inversión a descontar de los ingresos del club, actuales y de futuro, menguando así otra fuente de recursos ordinaria y necesaria que se irá secando antes de tiempo.
También, como en el supuesto de Nike, Spotify debe resolver internamente la providencia financiera de arriesgar dinero en una actividad que sigue siendo indemostrable y ruinosa por más que Laporta se empeñe en venderla, ahora ya exclusivamente a patrocinadores conocidos y en unas condiciones que, como es evidente, solo persiguen prolongar y retrasar el problema en el tiempo. En ningún caso lo soluciona, solo pospone la traducción de la sobrevaloración de esa sociedad (408 millones) y de su negocio (desconocido) en pérdidas si tanto el auditor como LaLiga no miran hacia otro lado y aceptan pulpo como animal de compañía.
Capear el temporal para poder desbloquear el margen salarial se ha convertido en la nueva obsesión laportista como cada verano por estas fechas, siempre con los deberes por hacer, propinando patadones financieros y dejando un rastro de soluciones improvisadas y de empobrecimiento institucional que a medio plazo regurgitan y provocan ardores de estómago en una economía cada día más precaria.
El relato salvador de la solución mixta Nike-Spotify ya ha sido infiltrado en la vena mediática de una prensa que contribuirá, sin duda, a justificar otra barbaridad en nombre del fichaje de Nico Williams, escenario que no deja de ser idéntico al del verano de hace dos años ante la urgencia de fichar a Lewandowski y seis más jugadores y al del año pasado cuando tampoco llegó el dinero de Libero y hasta el presidente hubo de avalar para inscribir los cinco refuerzos para Xavi, el más caro el de Oriol Romeu, del Girona, comprado por menos de 4 millones. También recuerda al de hace unas semanas cuando, a pocas semanas del cierre del ejercicio, la misma corporación mediática laportista, eufórica, anunciaba la firma del acuerdo con Nike de forma inminente, así como el cierre de las negociaciones con inversores para Barça Studios con empresas norteamericanas, australianas, europeas y de los países árabes más poderosos presuntamente locas por hacerse con parte de ese gran ‘negocio’. Lo mismo de siempre.











