La oposición a Laporta no aprovecha la profunda crisis del despido de Xavi

Víctor Font y Dignitat Blaugrana, que fueron la principal y radical fuerza acosadora contra Josep Maria Bartomeu, no han sabido, o no han querido, capitalizar a su favor el único momento de debilidad de la junta, gravemente señalada por el 'avalgate'

Víctor Font

El barcelonismo tiene constancia y ha tomado nota de la mundialmente bochornosa y no menos alucinante destitución de Xavi Hernández, técnico al que hace un mes se premió con una renovación inexplicable, tras su peor temporada, y acaba de ser despedido porque ni él creía en las promesas de Joan Laporta, y el presidente, aún menos en la capacidad del entrenador para ir más allá de perderlo todo por goleada. También ha dado la vuelta al planeta fútbol el resonante triunfo del femenino después de ganar su segunda Champions consecutiva con un récord de asistencia y de movilización social -superior incluso a la final de la Recopa de Basilea de 1979-, desplegando un fútbol identitario, reconocible y exclusivo, impregnado de ese ADN Barça y de la Masía que, internacionalmente, ya se compara con el Barça de Messi en categoría femenina. Finalmente, la contratación de un técnico con el palmarés de Hansi Flick, capaz de ganar un sextete con el Bayern y fracasar estrepitosamente con la selección alemana en el Mundial de Qatar, se ha convertido en el nuevo polo de atracción del primer equipo azulgrana, generando las lógicas expectativas asociadas a todo cambio de proyecto. En este caso, abandonando la senda de entrenadores identificables con el estilo propio del fútbol azulgrana.

En cambio, de lo que no se habla ni ha dejado el menor rastro en la actualidad azulgrana es de la reacción, tan tímida como pusilánime, de la que podríamos calificar como oposición a Laporta, representada en este caso por el excandidato Víctor Font y el colectivo Dignitat Blaugrana, las únicas voces que han denunciado a su manera la gravedad de los hechos que han puesto al descubierto la verdadera naturaleza de un estilo de gestión, laportista, más que sospechoso de anteponer sus intereses particulares a los de la institución. Básicamente, han puesto de relieve, o lo han intentado, el caso del avalgate, que a nivel mediático ha sido reprimido y reducido a la mínima expresión pese a tratarse de un escándalo sin precedentes en la historia del club, y el conflicto de intereses manifiesto que afecta al director deportivo, Deco, porque sigue cobrando comisiones del traspaso de Raphinha y porque ya había sugerido el fichaje de Vítor Roque cuando era agente de jugadores hace dos años. Por descontado, ambos han censurado, también, las formas y el ridículo en el proceso de ratificación y sustitución, casi simultáneo, de Xavi.

De su relato y actuación de cara a la opinión pública barcelonista, ni la carta de Víctor Font ni la de Dignitat Blaugrana han tenido el menor efecto, apenas colateralmente, en el torbellino de una actualidad y de un escenario que probablemente nunca será tan favorable para dar un paso firme en contra de una directiva que ha llevado al FC Barcelona en un callejón sin salida, o ante la única escapatoria de convertirse en una sociedad anónima por culpa del inevitable colapso económico al que parece condenado más pronto que tarde.

Curiosamente, Víctor Font y Dignitat Blaugrana se convirtieron en la peor pesadilla de la junta de Josep Maria Bartomeu, con un despliegue permanente, activo, agresivo y contundente en contra de su gestión, una campaña de desgaste y de acoso por tierra, mar y aire que aún hoy forma parte del relato que sostiene el laportismo, y que en su momento consiguió liderar una atmósfera crítica en la práctica totalidad de los medios, la tropa digital, sobre todo la sanguinaria, y las tertulias. Ambos acabaron convertidos en el cuerpo de zapadores que abrieron paso al regreso de Laporta como el único y legítimo antídoto a Bartomeu.

La diferencia radica en que, cuando se movilizaron en el propósito de derrocar a la directiva de Bartomeu, y de fondo contra el extraordinario legado de Sandro Rosell, esta iniciativa contaba con el apoyo de una serie de poderes fácticos que hoy, por ahora, o se mantienen leales a la causa o no consideran llegado el momento de virar su rumbo, un poderoso ejército integrado por las bases del soberanismo, la ANC y Òmnium Cultural, las patronales, sectores de los Mossos, el propio gobierno de la Generalitat, la larga sombra del imperio de Jaume Roures y los principales medios de incidencia barcelonista -el más destacado, TV3-, así como los lobbies de prensa cruyffistas y guardiolistas. Es decir, las mismas fuerzas telúricas que todavía, a causa de los intereses compartidos y del negocio que genera el entorno barcelonista en todos los frentes, no se atreven a admitir que Laporta ha acabado siendo bastante peor para el Barça que la más terrible de las pandemias.

Víctor Font se ha limitado a redactar una carta abierta con un acertado diagnóstico de la gravedad de los hechos y de la situación en la que, al final de todo, le pide a Laporta que, si no se ve capaz de revertir la situación, dé un paso a un lado. Propuesta que no se sabe si es más intrascendente, porque se trata de puro postureo, que la infantil lista de preguntas planteadas por Dignitat Blaugrana, que si algún día tuvo algo de digno como colectivo lo perdió en su sumisa respuesta a la absoluta indiferencia de Laporta cuando le planteó también 80 preguntas con motivo del engaño monumental sobre el Espai Barça. Laporta no le respondió a ninguna, dejó pasar meses y meses y, al final, sus cabecillas se conformaron con ser recibidos por Elena Fort, que además les contó aún más mentiras que el presidente.

Los socios que estos días han buscado consuelo, alternativa o esperanzas en otro sector barcelonista, un liderazgo o una voz a la que seguir ante un panorama tan decepcionante, se han debido conformar con la crítica aislada de algún periodista o debate, y poco más. No han encontrado un solo socio valiente y capaz de, por lo menos, plantear algún tipo de opción distinta al camino de la resignación. La única salida parece confiar en que, con el paso de los días, el cabreo y el malestar social dejen paso a un estado de indiferencia, y que el plan Hansi Flick acabe por recuperar la moral francamente decaída de la tropa barcelonista. Eso y que Víctor Font, siempre predecible, anuncie su rueda de prensa de verano, resumen del curso, y se marche otra vez de vacaciones.

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