El rumbo europeo

Bluesky

Escribo estas líneas cuando han transcurrido escasos días de las elecciones catalanas. Las negociaciones para formar gobierno coinciden con la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo. En este sentido, existe un riesgo más que probable de que esta cita política quede relegada a un segundo o tercer plano. Sin embargo, existe una cierta unanimidad en que las elecciones de este mes de junio determinarán el futuro del proyecto europeo y, de paso, el de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, y a pesar de que la mayor parte de las decisiones políticas se adoptan en Europa, tengo la sensación de que no acabamos de ser del todo conscientes de ello.

Susana Alonso

Lo constaté hace unos días en una conversación informal con unos amigos en la que la inmensa mayoría de ellos afirmó que no sabía ni siquiera si iría a votar. Esta dinámica puede deberse a diferentes elementos: la percepción que, independientemente de depositar o no la papeleta en la urna, su situación ni mejorará ni empeorará; la sensación de lejanía de las instituciones comunitarias; el desconocimiento y la falta de información sobre la acción política de la Eurocámara; la poca información que dedican los medios de comunicación a lo que ocurre en Bruselas…

Es una constante repetir que éstas son las elecciones más importantes de los últimos años. Pero éstas realmente lo son. Y lo son por un motivo fundamental: la ciudadanía determinará si cree que tiene utilidad política un proyecto que es capaz de derribar fronteras para unir y buscar denominadores comunes de personas que pertenecen a distintos países, hablan diferentes lenguas, profesan distintas religiones, tienen rasgos culturales muy divergentes…

La historia de la Unión Europea, a pesar del fracaso en algunas materias (la migratoria es un ejemplo de ello), es una historia eminentemente de éxito. Ha sido capaz de poner de acuerdo a familias políticas tan distintas como son la democristiana y la socialdemócrata (y más recientemente la liberal o la de los verdes). Sin embargo, en los últimos años el mal precedente del Brexit y los acuerdos regionales y estatales de formaciones conservadoras con fuerzas políticas de extrema derecha o euroescépticas hacen saltar todas las alarmas sobre la propia continuidad de las instituciones comunitarias. El hecho de que estos últimos partidos defiendan derogar principios básicos de la construcción europea como la unión en la diversidad o una gestión responsable del pluralismo y el hecho de que estos grupos puedan tener un papel primordial en la negociación de la futura Comisión Europea hace presagiar que el voto ciudadano será más importante que nunca porque decantará claramente las mayorías e, incluso, porque marcará la continuidad de la Unión tal y como la hemos conocido hasta ahora.

Todo esto, además, sin tener en cuenta un elemento de especial relevancia como es la invasión rusa de Ucrania. Si bien es cierto que el presidente Zelenski ha reclamado a los países europeos y a las instituciones comunitarias más recursos económicos y militares para luchar contra la agresión de Putin, también lo es que la Unión Europea se ha tomado muy en serio esta guerra (mucho más que la tragedia humanitaria de Palestina). Lo señalo porque es una gran incógnita saber cuál sería la política de seguridad y defensa de una alianza entre la derecha y la extrema derecha. Mi sensación es que dejaría de apoyar a Ucrania (no debemos perder de vista que buena parte de los partidos ultranacionalistas apuestan por debilitar el proyecto europeo en detrimento de una mayor soberanía de los estados), lo que tendría terribles consecuencias para el país y el continente.

Por otra parte, en España el PP quiere convertir estos comicios en una suerte de plebiscito sobre la acción política del gobierno Sánchez. Es una realidad, y cada vez mayor, que cualquier cita electoral tiene una lectura en clave estatal. ¿Pero de qué sirve convertir unas elecciones tan relevantes en una segunda, tercera o cuarta vuelta de las elecciones generales? Es cierto que de los comicios europeos pueden salir más perjudicados los partidos que están en el ejecutivo, pero pensar que una lectura nacional de las elecciones permitirá encontrar soluciones a retos cada vez más complejos como la inmigración, la lucha contra el cambio climático o la desinformación es hacerse trampas en el solitario.

Y lo peor es que esto únicamente da alas a las opciones políticas que no creen ni en la política como instrumento para resolver los problemas ni en Europa como un gran espacio de derechos y prosperidad.

(Visited 65 times, 1 visits today)

HOY DESTACAMOS

Deja un comentario