Técnico de Hacienda. Auditor de cuentas. Presidente de Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha). Articulista en varios medios. Preocupado por la justicia fiscal. Coautor de Qué hacemos cono los impuestos. Ahora, junto a José María Mollinedo, publica Los ricos no pagan IRPF: Claves para afrontar el debate fiscal (Capitán Swing).
¿Por qué los ricos no pagan IRPF?
El título es una frase que hemos tomado prestada a Aznar, que la pronunció en 1998, y después, veinte años después, repitió Pedro Sánchez, cosa que es una coincidencia que nos llamó la atención. No pagan básicamente porque el sistema así se lo permite, de forma que puedan tributar a través de instrumentos, sociedades… Y si tributan en IRPF es poco: por rendimientos de capital, que lo hacen en menor medida que los del trabajo. Por lo tanto, el diagnóstico que hacían Aznar y Sánchez era cierto entonces y continúa siéndolo ahora. Lo que echamos de menos es que no se hayan tomado medidas para modificar esta situación. No pagan, en fin, de manera legal. Pero también hay una parte que tampoco paga porque evade. Hay una evasión importante en las grandes fortunas.
¿Y pasa lo mismo con los otros impuestos?
En el libro analizamos las dos cuestiones y, a partir de aquí, llegamos a la conclusión de que los ricos no solo pagan menos IRPF, sino que tampoco pagan en buena parte el resto de impuestos por los cuales tendrían que tributar. Sociedades, por ejemplo, a través de grandes empresas que, como se sabe, tributan mucho menos que las Pymes. Sabemos también lo que está pasando con el impuesto de patrimonio y sucesiones en las comunidades autónomas, con esta competencia fiscal a la baja. Con lo cual en muchas comunidades no se paga. En definitiva, por un motivo o por el otro, como dice el título, los ricos, las grandes fortunas, no pagan impuestos.
¿Pagamos IRPF y, a veces, no sabemos muy bien de qué se trata?
El impuesto sobre la renta es progresivo. Esto quiere decir que cuanto más rentas tienes, más pagas. No proporcionalmente, sino que va creciendo el tipo que tienes que pagar. Esto es una cosa usual en los impuestos de la renta en todo el mundo. A finales de los 70, cuando se estableció, nuestro impuesto era sintético, que quiere decir que todas las rentas tributaban en la misma escala. Posteriormente, esto se modificó, sacando de la escala los rendimientos de capital, que tributan menos que los de trabajo y actividades económicas. Cuando hicimos nuestro sistema fiscal lo hicimos copiando los modelos de Estado de bienestar posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En los años 80, esto empieza a cambiar a nivel internacional. Se pierde progresividad en los impuestos de la renta, con las medidas fiscales conservadoras de Thatcher y Reagan. Así empezó a cambiar el sistema en España. Empezaron a bajar los tipos más altos, que estaban por encima del 60%. También bajó el impuesto sobre sociedades, que graba el beneficio de las empresas. Lo que pasó, en definitiva, es que se traspasaron los impuestos directos, los más justos, a los indirectos, al consumo. Así, los sistemas, incluido el español, han ido perdiendo progresividad, y son más injustos.
En esta tendencia, ¿los tramos resultan determinantes a la hora de tributar?
Los tramos se han ido reduciendo. Al principio el impuesto llegó a tener casi treinta tramos, cosa que quiere decir que el sistema intentaba ajustar la contribución a cada persona. Ahora tenemos seis, a escala estatal, lo cual quiere decir que el sistema ha perdido progresividad, no solo porque en los tramos más altos se paga mucho menos de lo que se pagaba entonces, sino porque son menos tramos y, en consecuencia, hay menos diferencias.
¿Por dónde va la dualidad tributaria a la cual hacéis referencia en el libro?
Cuando empezó el impuesto, a finales de los años 70, solo había una mesa, donde tributaban igual todos los rendimientos (trabajo, autónomos, pérdidas y ganancias…) hasta que se decidió sacar de la mesa las rentas de capital (que se denominaron del ahorro, para dar un halo más lógico al hecho de que tributaran menos). Tributaban, al principio, a un tipo fijo. Después se fueron añadiendo otros, pero, en todo caso, son considerablemente más bajos que los del trabajo. Un rentista que tenga un millón de euros de ingresos al año paga prácticamente lo mismo que una persona con unos rendimientos de trabajo de 60.000 euros.
¿Qué son y cómo actúan las famosas SICAV, para evadir, o pagar menos impuestos?
La SICAV es un instrumento de inversión colectiva, un fondo de inversión, pero con más posibilidades de poder instrumentalizarla. En realidad, están previstas para que muchos ahorradores inviertan. Por eso tiene un 1% sobre tributación, y después el ahorrador tributa cuando saca su participación. En realidad, ha sido utilizado no por un grupo de personas, sino por una. Una gran fortuna a la cual se le buscan socios ficticios, a los cuales denominamos “mariachis”. Están testimonialmente, solo para cumplir el objetivo del número de personas que tiene que haber. Así se desnaturaliza una herramienta que es de inversión colectiva. En las últimas normas de prevención del fraude se incluyeron unas limitaciones, pero continúan funcionando.
¿Y las sociedades pantalla, versus paraísos fiscales, cómo operan?
El hecho de que una persona pueda utilizar una sociedad para percibir determinados rendimientos salió a la luz, sobre todo con el tema de los futbolistas y el cobro de derechos de imagen. Se puso un límite, pero es cierto que se utiliza ampliamente en todos los sectores. Si tienen actividad, recursos, aportan valor añadido, se pueden utilizar sociedades. Pero las sociedades pantalla, sin empleados, actividad… solo se utilizan para reducir la fiscalidad. Los maletines con dinero hace tiempo que ya no son necesarios…
¿Qué se puede decir a propósito del florido paisaje de localidades suizas donde tienen sus sedes multinacionales de todo tipo?
Suiza no está en la UE, pero del mismo modo Irlanda, los Países Bajos…, también existen regímenes digamos beneficiosos para las empresas. Es cierto que el secreto bancario respecto a los paraísos fiscales se ha reducido en parte. Por eso, muchos patrimonios que estaban en Suiza se han ido a Singapur y a otros territorios con menos control. Pero es verdad que para las grandes empresas continúa habiendo facilidades, y Suiza da muchas y por eso allí hay tantas empresas radicadas.
Hablando de pagar, ¿las multinacionales no se llevan la palma en este asunto?
Esto lo analizamos en el libro, porque detrás de las grandes fortunas hay muchas veces grandes empresas. Todos tenemos en mente estas grandísimas compañías que mueven cifras más grandes que algunos Estados. Además de acabar llevando sus beneficios a paraísos fiscales, se aprovechan de las diferentes regulaciones entre países del impuesto sobre sociedades. Ya hace 15 años, la OCDE empezó a plantear la necesidad de evitar esto. Se han hecho pasos, pero continúan tributando mucho menos que cualquier empresa allí donde tendrían que hacerlo. En España hay 140 matrices españolas de grandes grupos, de las cuales más de 30 tributan menos de un 5% efectivo, computando los impuestos y beneficios pagados en todo el mundo.
El libro aborda la llamada opinión pública respecto a la fiscalidad.
Es bastante más transversal de lo que la gente se piensa, y de lo que se aparenta en las fuerzas políticas. Hemos seguido durante los últimos años los estudios sobre política fiscal y opinión pública del CIS, y también el barómetro fiscal, que publica el Instituto de Estudios Fiscales. Si vamos al anexo, donde las respuestas están catalogadas en función de la opinión política de quien contesta, el partido, y el recuerdo de voto, tenemos que el 80% de los encuestados piensan que el sistema no es justo, que no pagan los que más tienen. Y esto pasa entre los votantes de todos los partidos. Y también la mayoría de los ciudadanos piensan que existe demasiado o mucho fraude fiscal. También que la Administración Pública no hace el esfuerzo necesario para erradicarlo. La mayoría piensa, y también transversalmente, que los impuestos tendrían que recaer sobre impuestos directos, más justos. Hay que preguntarse, a este propósito, como es que, con una opinión tan generalizada, hay tantas diferencias en las propuestas de los partidos. Propuestas que, según ponen de manifiesto los estudios, ni siquiera convencen en muchos casos a sus propios electores. Otra de las respuestas más contundentes, muy mayoritaria, pone de manifiesto que el Estado de bienestar, que garantizaba nuestra Constitución, está muy interiorizado. A la pregunta de si se dedican pocos, suficientes o muchos esfuerzos a políticas de educación, a la sanidad…, también se responde muy mayoritariamente que pocos.