«El gran movimiento romántico que pervive hoy es el yihadismo»

Entrevista a Adrián Tarín

Adrián Tarín

Doctor en comunicación. Profesor investigador en la Universidad Loyola de Andalucía. Forma parte del grupo Memoria y Comunicación, donde fundamentalmente se ha dedicado a investigar el pasado de los pueblos del Cáucaso. Ahora publica La yihad en Rusia (Icaria Editorial).

¿Qué es y como es la yihad en Rusia?

La mayoría de los estudios sobre el yihadismo y la yihad se han centrado en el mundo árabe, y en sus repercusiones en los EE. UU. y en Europa, dejando de banda ámbitos geográficos muy importantes, como es el Cáucaso Norte, donde ha habido y hay grupos con esta orientación política y religiosa. El yihadismo es una visión concreta, política, que no es compartida por la mayoría de la población musulmana, ni mucho menos, y que se significa por su rigorismo o extremismo de la religión islámica. Tanto que se propone la lucha armada con la condición de imponer lo que ellos consideran la ley de Dios. En este caso, en el Cáucaso Norte, actualmente un territorio que forma parte de Rusia.

Desde la perspectiva de Europa y los EE. UU. se nos presenta normalmente el yihadismo como una organización contra nosotros. ¿Es una cosa así o se trata, como otros constructos similares, de un artefacto ideológico interesado?

El yihadismo, a pesar de que comparte muchos fundamentos, no es una cosa homogénea. Está integrado por grupos muy diversos, con presupuestos e intereses diferentes, con enemigos diferentes. Pero, en cualquier caso, lo que sí que hay que tener en cuenta es que las principales víctimas del yihadismo son los mismos musulmanes. El Estado Islámico ha matado a muchísimos más chiíes que occidentales. Dicho esto, desde Occidente lo percibimos como una amenaza, y en parte lo es, no se tiene que negar. Recordamos que Al Qaeda hablaba del “enemigo lejano”, refiriéndose a Europa y los EE. UU.. Sin embargo, para los yihadistas del Cáucaso su enemigo principal es Rusia, y para los de Irak, los chiíes.

¿El yihadismo caucásico percibe al cristianismo ortodoxo ruso como infiel a combatir, tal como parece que pasa con el catolicismo u otras variantes cristianas?

En un primer momento, se lucha contra la ocupación rusa. Pero la religión, está claro, forma parte de la identidad nacional. Hay un choque identitario entre los pueblos del Cáucaso y Rusia, y parte de este choque pasa también por la religión. Son pueblos diferentes del ruso no solo por sus lenguas, sus tradiciones, también por su religión. Hay, digamos, un componente religioso en la lucha, pero, con el transcurso de los años va siendo cada vez menos contra la ocupación rusa y más contra la idea de Rusia como enemigo histórico del yihadismo. Hay que recordar que el origen del yihadismo moderno está en la guerra de Afganistán con la Unión Soviética. Y, más recientemente, Rusia intervino en Siria. Así, además de por esta imagen de enemigo eterno, también se combate a Rusia porque es un adversario militar, actualmente.

¿Existe en Rusia la islamofobia, tal como lo entendemos en la UE?

Depende de cómo lo veamos. Respecto al Cáucaso Norte, Vladímir Putin promovió unas políticas religiosas más tolerantes e inteligentes que sus predecesores. Ha tratado de difundir en la región un islam más moderado, tradicional, capaz de competir con variantes extranjeras y más próximas al yihadismo, intentando no rusificar culturalmente la población, como habían hecho el zarismo, la Unión Soviética y, más recientemente, Borís Ieltsin. La cosa es diferente en el resto de la geografía rusa, aquella con una historia más vinculada a la cristiandad. En las grandes ciudades, como Moscú o San Petersburgo, la islamofobia está más extendida que en el Cáucaso, está claro. En sus periferias hay muchos emigrantes musulmanes, de la Asia central: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Así que sí, en la mayor parte del país, la islamofobia tiene características similares a las de la Unión Europea. Todo esto, con el agravante de que la ultraderecha es, en estos momentos, la ideología hegemónica en Rusia, así que además está esponsorizada por el Estado.

¿En los países de la Asia central que has citado, que forman parte de la CEI, con fuerte presencia islámica, la radicalidad religiosa es menor?

La mayor parte de esta población vive normalmente su religiosidad, tanto en Asia central como cuando emigran en Rusia. Pero estos últimos pueden llegar a sentirse excluidos y ser despreciados por no ser eslavos. También ejercen ocupaciones precarias. Esto puede provocarles un repliegue identitario y una reacción cultural que puede intensificar su sentimiento religioso. De hecho, los últimos atentados en Rusia no han sido obra de caucásicos del norte, sino de centroasiáticos que residían o habían trabajado allí.

En cualquier caso, en Europa y quizás también en los EE. UU., en Canadá… ¿existe un tipo de cordón sanitario informativo respecto a Rusia y su entorno, que nos impide conocer lo que pasa allí?

Vivimos tiempos en los que queremos información inmediata, y esto facilita la intoxicación de los servicios de inteligencia y de los propagandistas. Es muy difícil para todos filtrar la información que nos llega. No sabemos qué es verdad y que fake news. Y peor aún si, como pasa en la Unión Europea a propósito de la situación bélica, se censuran medios de comunicación. Ni siquiera los que podríamos evidenciar las manipulaciones del discurso oficial ruso tenemos acceso libre desde nuestros centros de investigación.

¿Hasta qué punto los EE. UU. y Rusia actúan como potenciales aliados ante el yihadismo, enemigo de ambos?

Durante un tiempo, a raíz del atentado de las Torres Gemelas, hubo una colaboración muy estrecha entre Putin y los EE. UU., que duró hasta la guerra de Irak, que Rusia no secundó. Desde entonces, la colaboración diplomática contra el terrorismo global ha ido fluctuando intermitentemente, y siempre vinculada a otros asuntos. Con todo, e incluso con la tensión más grande por la guerra de Ucrania, las embajadas del Reino Unido y los EE. UU. avisaron de que se estaba preparando un atentado. Putin interpretó la advertencia desde la lógica bélica y de la desinformación, y pensó que la alerta no era real. A pesar de que no siempre es así, parece que en este caso los EE. UU. actuaron de buena fe.

¿Por qué ejes pasa el yihadismo hoy en día? ¿Sectarismos, como se denominan las luchas entre suníes y chiíes en Irak, intereses enfrentados entre facciones, instrumentalización desde gobiernos…?

Por desgracia, el movimiento romántico más grande que pervive hoy en día es el yihadismo. Se trata de una cosa profundamente ideologizada y está integrado por gente que milita en sus creencias. La gran peligrosidad de esta ideología está en el hecho de que la inmensa mayoría de sus seguidores no persiguen fines espurios. Son capaces de dar su vida por eso, o de cometer actos tan ridículamente ineficaces como intentar apuñalar a alguien por la calle. Una cosa que les diferencia radicalmente otros grupos armados, con intereses muy diferenciados, como, por ejemplo, los del narcotráfico. Viven de manera muy intensa su ideología. No les importa dónde luchar. Muchos combatientes en Siria procedían de Chechenia y las repúblicas del Cáucaso norte.

¿El yihadismo de Sahel, tan de actualidad, forma parte del mismo o es más bien autónomo, consecuencia de las contradicciones que vive la zona?

Son movimientos que nacen con sus propios intereses, autóctonos, pero despacio, a medida que el movimiento yihadista se globaliza y que la propaganda del ISIS aumenta en 2015 y años posteriores, con sus ataques espectaculares y ultra violentos…, la imagen de pertenecer al ISIS y compartir sus ideas da caché. Esto hizo que muchos grupos se sometieran a la autoridad del Estado Islámico. Este es el caso de Boko Haram y, en el Cáucaso, de Vilayat Kavkaz. Son grupos inicialmente autónomos, que nacen en un determinado lugar, pero que tienden a someterse al internacionalismo del Estado Islámico.

¿Es relevante el papel de Arabia Saudí en el nacimiento, la promoción y el desarrollo del integrismo islámico? 

Sí que hay parte de esto. El gobierno de Arabia Saudí tiene una ideología rigorista, el wahabismo. Al inicio, muchas mezquitas y centros de enseñanza, que contaban con financiación saudí, contribuyeron a la radicalización de los grupos. Una cosa que no se tiene que entender como una relación orgánica con estos. Después de surgir los monstruos, se escaparon de todo control.

Citas en tu libro a Doku Umàrov. ¿Cuál fue su papel en la yihad rusa? 

Fue guerrillero durante la segunda guerra de Chechenia. Después de la muerte de Abdul-Khalim Sadulàiev, en 2006, Umàrov fue proclamado presidente de la República Chechena de Ichkeria, que hoy opera en el exilio. Trató de disolverla para crear el Emirato del Cáucaso, del cual se autoproclamó emir un año después, dando una orientación yihadista y regionalista. Es, por lo tanto, uno de los personajes clave de la radicalización religiosa de Chechenia. Fue emir hasta su muerte, en 2013, seguramente en manos de los servicios secretos rusos.

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