Una mala dieta mediática radicaliza tu posición y te hace menos tolerante a las posiciones contrarias

La sobreinformación existente permite validar puntos de vista del todo contrarios a la realidad, como por ejemplo negar la violencia machista

Bluesky
Els joves consulten les notícies a través de les xarxes, mentre que els adults van directament als mitjans de comunicació tradicionals

Los hábitos de consumo de noticias han cambiado mucho en los últimos años, con la aparición de las redes sociales, los medios digitales y ahora la inteligencia artificial. El consumidor de noticias tiene mucha información a su alcance, pero no se ha hecho una apuesta clara por la alfabetización mediática de este público. Diferentes investigadores están trabajando con el concepto de la dieta mediática a la hora de hacer un análisis de los hábitos de consumo de las noticias. Si bien muchas veces hemos sentido la frase “eres lo que comes”, ahora se trabaja bajo el concepto “eres lo que lees”. El gran volumen de información que tiene disponible la población excede su capacidad para procesarla y utilizarla, y es fácil caer en la desinformación, la distorsión de la realidad o la defensa de falsas creencias en función del patrón de consumo de noticias adoptado. Un estudio realizado por cinco universidades de cinco países diferentes, entre las cuales hay la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), ha explorado el concepto de la dieta mediática y ha concluido que hay grandes diferencias entre la población joven, de entre 18 y 25 años, y la población adulta, mayor de 55 años, a la hora de consumir noticias.

En declaraciones a EL TRIANGLE, Ana Sofía Cardenal, profesora de los estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC y una de las autoras de este estudio, afirma que “los hábitos de consumo entre jóvenes y grandes son diametralmente opuestos”. La población mayor de 55 años “tiende a consumir grandes medios clásicos, como los telediarios y también diarios digitales, así como en papel. No han dejado de entrar directamente en los diarios e ir a buscar sus medios de referencia”. En cambio, los menores de 25 años “consumen información a través de las redes sociales. No tienen medios de comunicación o fuentes de referencia”. Para la investigadora de la UOC, acceder a las noticias a través de las redes genera un problema a tener en cuenta, puesto que “después preguntas y no saben identificar la fuente. No recuerdan la fuente; solo recuerdan el titular, y esto no sabemos qué implicaciones puede tener”.

Si hoy en día la juventud no tiene ninguna preocupación por identificar la fuente, ni validar su credibilidad, nos acercamos a una gran incertidumbre con el avance de la inteligencia artificial. Según indica Ana Sofía Cardenal, “ahora transitamos por un entorno donde la inteligencia artificial planteará nuevos problemas, y uno de estos será identificar la autenticidad de la fuente de la información. Y si entras por las redes sociales a las noticias es más complicado, porque no recuerdas la fuente por la cual has accedido a la información”, y se pone en riesgo la verificación de los hechos consultados.

Una dieta mediática saludable se basa a “contrastar puntos de vista, ya sea consultando un medio que recoge diferentes puntos de vista o bien consumiendo un medio muy partidista junto con otros medios de diferentes posiciones”, según detalla la investigadora consultada. Aparte de buscar el equilibrio de puntos de vista, otro elemento importante de una buena dieta es acceder a fuentes creíbles y con reputación.

De acuerdo con el estudio realizado a través de entrevistas a grupos focales para recoger sus opiniones en estos cinco países, las persones participantes sabían identificar qué era una buena o una mala dieta mediática. Igual que nos pasa con la alimentación, sabemos la teoría, pero es difícil ponerla en práctica en el día a día. Por lo tanto, las personas, a pesar de conocer los elementos de una buena dieta mediática, se enfrentan a una superabundancia de información que complica hacer una dieta saludable. “Al estar sobresaturados de información, nos acabamos apoyando en los algoritmos. Y las redes sociales no dejan de ser filtros de la información, y lo hacen con los motores de búsqueda que se basan en algoritmos. Por lo tanto, tenemos nuevos intermediarios, y las consecuencias que tienen estos nuevos intermediarios sobre nuestras dietas mediáticas también es una cuestión que estamos analizando desde los diferentes grupos de investigación de las universidades”, como afirma la profesora Ana Sofía Cardenal. Las consecuencias de una mala dieta se pueden ver actualmente en nuestra sociedad. Hay personas, como describe la investigadora de la UOC, que “consumen medios de una única posición, donde te aíslas de los otros puntos de vista y cada vez eres menos capaz de entender la posición de los otros: radicalizas tu posición y eres menos tolerante con las posiciones contrarias”. Ante esto, Ana Sofía Cardenal admite que “esta no es una dieta balanceada, es muy selectiva en aquello que consumes”.

Esta selección tan determinada de la información también tiene graves consecuencias en la percepción de la realidad. Cómo indica Cardenal, “hay personas que tienen mucha información, no es por carencia de información, pero es muy selectiva. Hoy en día puedes validar cualquier punto de vista u opinión, como estamos viendo con la negación de la violencia machista o el vínculo entre el crecimiento y el cambio climático. Ahora hay hechos que se ponen en entredicho, y esto “se utiliza políticamente y hay nuevos sectores políticos que lo aprovechan, cuestionándose cosas que contradicen los mismos hechos o la misma realidad validada con evidencias. “Es paradójico”, dice la investigadora.

Como recomendaciones para hacer frente a los patrones actuales de consumo de noticias, el estudio A qualitative examination of (political) media diets across age cohortes in five countries, indica que hay que promover iniciativas de alfabetización mediática entre la población. A los medios de comunicación, les recomienda el fomento de contenido saludable y de calidad. Así mismo, en la clase mediática y la clase política les pide que “tomen la iniciativa en el desarrollo de una campaña de dieta saludable a los medios”, donde se sugiera donde conseguir estos buenos hábitos y como evitar errores. Otro reto a resolver es el papel de las plataformas de las redes sociales y los algoritmos. Según el estudio, “garantizar una dieta mediática saludable probablemente no es una prioridad a la hora de desarrollar estos algoritmos”.

Ana Sofía Cardenal ha participado en el estudio mencionado, pero también ha realizado otras investigaciones dentro de este campo. Analizando datos de navegación, alerta que la gente no tiene tanto interés en la política. “La política representa solo un 2% de las visitas, y el resto son accesos a ventas por internet, resolver gestiones con la administración o entretenimiento. El consumo de noticias es una parte muy pequeña de la actividad de la gente en línea”.

Puedes leer el artículo entero al número 1575 de la edición en papel de EL TRIANGLE

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