El Acord del Vernet es otro de los montajes de Carles Puigdemont

La supuesta transversalidad de la lista que encabeza el expresidente es una ficción, puesto que estos partidos ya apoyaban a JxCat en las elecciones del 2021

Carles Puigdemont, en l’acte de presentació de les llistes de JxCat celebrat a Elna dissabte passat

El 12-M ha cogido a los grandes partidos catalanes preparados para afrontar el reto de una campaña electoral electrizante. A mediados de mes de enero, los tres grandes partidos -PSC, ERC y JxCat-, ya dieron órdenes a sus equipos de buscar localizaciones de vallas publicitarias “por lo que pueda pasar”. No era seguro un adelanto de las elecciones, pero entraba dentro de los cálculos racionales de las cúpulas de las tres formaciones.

La decisión de Pere Aragonès de convocar los comicios para el 12 de mayo tuvo, así, un doble sentido: en primer lugar, tratar de coger desprevenidos a los rivales; en segundo lugar, evitar el desgaste de un Govern en minoría absoluta durante un año en que no solo se celebran también las elecciones europeas, sino que se culmina el proceso de aprobación de la ley de amnistía. Los comunes, con su negativa a apoyar a las cuentas de Aragonès para el 2024, le sirvieron a ERC en bandeja la opción de convocar elecciones anticipadas y evitar este desgaste. Los desprevenidos fueron, en este caso, los de Jessica Albiach.

En aquellos momentos, Carles Puigdemont ya tenía planificada una estrategia muy mesurada que tenía como objetivo aparecer como el revulsivo de una campaña que en otro momento no habría tenido tanta importancia. El líder de Junts optó por ponerse al frente de la lista exclusivamente porque en pocos meses espera que esté lista la ley que le permita volver sin temor a ser detenido. Una vez tomada la decisión, abrió la pantalla de los candidatos que lo acompañarían.

Todo ha sido una gran escenificación, desde el discurso a Elna hasta la presentación de los aliados y la publicidad definitiva de las listas electorales. Solo le salió mal una cosa: las ausencias notables en su discurso de asunción del liderazgo de la candidatura. En Elna no estaban tres de sus antecesores: Jordi Pujol, Artur Mas i Quim Torra. Por varios motivos, ninguno de ellos fue a escuchar el candidato postconvergente. Y los tres lo hicieron por motivaciones ideológicas, aunque diferentes. Es un mal inicio de una candidatura que quiere presentarse como transversal.

Durante los últimos meses, Puigdemont y su círculo más íntimo diseñaron el perfil de una lista electoral para deslumbrar. En esta lista buscaron el equilibrio entre facciones enemigas ideológicamente y entre los extremistas y los gestores moderados que habían diseñado la Cataluña de Convergència. Solo había un condicionante: arrinconar el sector de la presidenta Laura Borràs, condenada por corrupción y cada vez más aislada en la cúpula del partido.

Los apoyos externos

No era una tarea fácil. El 26 de marzo se firmaba el Acord del Vernet, el compromiso de un puñado de grupos independentistas para apoyar a la candidatura de Carles Puigdemont. Allá escenificaron su apoyo al líder plataformas tan diferentes como Reagrupament, Moviment d’Esquerres de Catalunya, Acció per la República, Demòcratas de Catalunya, Alternativa Verda, Juventut Republicana de Lleida y Estat Català. Poca cosa nueva había bajo las estrellas: todas, menos las dos últimas, ya habían concurrido con Junts a las anteriores elecciones autonómicas, por lo cual todo era una gran escenificación, una cortina de humo para proyectar una imagen de transversalidad que no añadía nada nuevo a la realidad de la lista posconvergente.

Las alianzas con estas plataformas, que suman un número muy limitado de activistas y apenas unos miles de votos, son lo que se podría decir la vertiente sur de la estrategia de Puigdemont. La aparición a su lado de pretendidos partidos que le apoyan como el líder único del independentismo es una maniobra de distracción. “Con algunos de estos partidos intenta captar un voto radical que se le puede escapar porque mucha gente está harta que le mientan”, dice a EL TRIANGLE un dirigente de Junts.

La candidatura de Sílvia Orriols, alcaldesa de Ripoll, y su Aliança Catalana supone un contratiempo para Puigdemont, porque una fuerza emergente con discurso fácil y de gran importancia en su feudo le puede suponer una bajada importante en las comarcas gerundenses que lo deje a los pies de los caballos. “Hay mucho de voto que se irá a Aliança como castigo, pero no solo en Girona. En Lleida y a Tarragona, la chispa de Orriols está cogiendo también mucho, y hay zonas donde puede haber mucho voto para la alcaldesa de Ripoll”, incide la fuente citada.

La otra vertiente de la estrategia de Puigdemont, la vertiente norte, es trufar su candidatura de gestores que podrían haber sido puntales en los gobiernos de Jordi Pujol. Así es como fichó a Anna Navarro como número 2. La directiva de la multinacional Procore Technologies es una vieja conocida de Puigdemont y del independentismo. Nació en Olot, estudió Filología Inglesa e hizo un posgrado a la Humbolt University de Berlín. Su padre era jefe de mantenimiento en la fábrica de la multinacional Nestlé en Girona y, curiosamente, esta fue una de las empresas que se deslocalizó el 2017, en las fechas del referéndum del 1 de octubre, motivo por el cual el independentismo fomentó un boicot a sus productos.

Después de trabajar en el aeropuerto de Barcelona para British Airways, se trasladó a California, en 1992, donde montó una empresa que consiguió contratos con el Ayuntamiento de San Francisco: The San Francisco Translating Company, especializada en servicios de traducción e internacionalización de empresas.

A partir de aquí, su carrera se aceleró: pasó por Cisco Systems, Xerox, VMware, VeriSign, NetApp y Procore Technologies, donde aterrizó el 2021. También es la máxima ejecutiva de las ONGs Women in Technology y Women in Localization y tiene en su haber la Creu de Sant Jordi del 2021. Su trayectoria le permitió a Puigdemont simular un fichaje de última hora y de peso internacional. Pero todo es relativo. Al staff de Procore Technologies no figura el nombre de Anna Navarro, que en los Estados Unidos se hace llamar Anna N. Schlegel: ni al “team” ejecutivo de la empresa ni al “board” de directores. Pero sí que aparece en Fira de Barcelona, donde fue nombrada consejera hace un año. Algo ha tenido que ver el hilo directo de Puigdemont con Pau Relat, el máximo ejecutivo de Fira, y el pacto de la Cambra de Comerç de Barcelona (entonces en manos de Mònica Roca, la representante de la candidatura Eines de País, de la ANC) con Ajuntamient y Generalitat. Navarro se sumó a la cúpula de Fira en sustitución de Pedro Fontana.

El trabajo del curioso fichaje de Puigdemont no se queda aquí: en su currículum consta como vicepresidenta de Globalización de Procore desde mayo de 2021. Fue su año de gloria. Además de obtener la Creu de Sant Jordi, el marzo del 2021 asumió el cargo de asesora técnica lingüística en la evaluación sobre tecnología y plataformas para la Plataforma por la Llengua. El Govern también la introdujo, en junio de aquel año, después del pacto de Junts y ERC para la formación del Govern, como miembro del consejo asesor del Diplocat.

En Suiza fue fichada por Jordi Cuixart, emigrado al país helvético el 2021, para formar parte del patronato de Auba Catalan Culture Foundation, una entidad que oficialmente “promueve la cultura, la lengua y la identidad catalanas en el mundo a través de la innovación, el emprendimiento, la educación y la diplomacia cultural”. Su objetivo es “acontecer el barco insignia de la representación de la cultura catalana al mundo. Para conseguirlo, Auba desplegará acciones de marketing estratégico y de diplomacia cultural para dar a conocer la aportación catalana al patrimonio cultural universal”. Este objetivo es consecuencia, dice en su portal, del hecho que “la cultura catalana no tiene un estado propio que vele por su protección y difusión (…). El auba es el primer rayo de luz que se abre cuando empieza un nuevo día”.

El patronato de la fundación explica muy claramente el talante de la organización: Jordi Cuixart, Jordi Serra, Neus Torbisco, Anna Schlegel (en esta fundación utiliza el apellido de casada), Oleguer Serra i Montserrat Bellprat. Serra es uno de los activistas acusados de formar parte de la cúpula de Tsunami Democràtic, bajo el pseudónimo de Padre Carbasser. Se trata, por lo tanto, de una íntima conocida de la vieja guardia del independentismo, aunque su operatividad se circunscribía a lugares en los cuales su perfil no se hacía tan visible.

Una lista muy pensada

Fidel a este perfil, Puigdemont ha relegado los representantes de sus partidos de la transversalidad a los lugares de la cola y ha llenado los primeros lugares de gente de su plena confianza. Es una lista muy pensada. En esta estrategia, ha resultado beneficiado Toni Castellà, que ha pasado del lugar 25 al 16. La lealtad de Castellà, uno de los embajadores del Consell de la República, para explicar su proyecto en el territorio, es recompensada así con un lugar en el cual tiene posibilidades de ser elegido diputado: en 2021 Junts obtuvo 16 diputados por Barcelona.

Puigdemont no quiere sorprensas en un grupo parlamentario que es posible que él mismo presida. Por eso, el sector de Laura Borràs ha sido literalmente barrido de las listas. Francesc de Dalmases, el principal puntal de la presidenta de Junts, ocupa el lugar 18 de la lista de Barcelona (en 2021 fue lo 16), mientras que Aurora Madaula y Cristina Casol ni siquiera aparecen. Joan Canadell, que ha flirteado con Borràs, también ha sido relegado al lugar número 17 (en las anteriores elecciones ocupó el tercer lugar).

Desaparecen viejos aliados coyunturales de Puigdemont, como Jordi Puigneró o Gerard Figueras, pero se consolidan Josep Rull, Anna Erre, Albert Batet, Josep Rius, Judith Toronjo y Agustí Colominas entre los 10 primeros. Gente de su confianza total. Judith Toronjo entra en la lista escalando lugares como representante del sector joven, no en balde fue secretaria general de la JNC del 2019 al 2021. Con esto, el líder de JxCat quiere promocionar una lista continuista de la política de Convergència, puesto que todos ellos, excepto Erre, provienen de las filas del antigua CDC.

Jaume Giró, el candidato que podría proyectar una imagen de más gestión, queda relegado al lugar 11, para contentar sectores económicos que no acaban de encontrar racionalidad en la hoja de ruta independentista de Puigdemont. En su contra juega la moderación de sus planteamientos, incluyendo la oposición en el unilateralismo preconizado por los sectores duros del partido, y el hecho que no era uno pata negra de Convergència.

Puedes leer el artículo entero en el número 1571 de la edición en papel de EL TRIANGLE.

(Visited 103 times, 1 visits today)
Facebook
Twitter
WhatsApp

avui destaquem

Deja un comentario