El apocalipsis laportista era evitable, según sus propios gurús financieros

Los mismos expertos y analistas que aclamaron a Laporta en 2021 como el único candidato capaz de salvar el Barça, ahora lo acusan de haberlo arruinado. ¿Por qué ignoraron que ya lo hizo en 2010 y que también hundió al Reus?

Los expertos y analistas que aplaudieron a Laporta como salvador del Barça ahora le acusan del haber arruinado. Las contradicciones de los defensores de Laporta son indicadores de la crisis en la que está el club.
Joan Laporta

Las rectificaciones y los cambios de visión de los gurús económicos de laportismo son también un indicador de la profunda crisis en la que la actual junta ha metido al Barça, una especie de pozo en el que aún no se ha tocado fondo ni se observan indicios de un plan de gestión que pueda rescatarlo ni a medio ni a corto plazo. Hace tres años, sin embargo, los mismos analistas que hoy reniegan y derivan la crítica hacia las decisiones adoptadas desde que Joan Laporta regresó a la presidencia sostenían precisamente lo contrario, que si algún barcelonista era capaz de resucitar una institución tan débil y arruinada era el recién elegido presidente, casi por aclamación, el 7 de marzo de 2021.

Los expertos como Marc Ciria, el capitán mediático que había contribuido especialmente a censurar la actuación de la junta anterior con una furia y hasta con una animosidad vengativa exagerada, dirigieron una actuación mediática clave a favor de la capacidad de Laporta para contrarrestar el efecto Bartomeu. Subrayaron especialmente su audacia, personalidad y valentía para adoptar las medidas que fueran necesarias en un momento tan crítico y delicado. Era, concluyeron todo los Ciria del momento, el líder que salvaría al Barça del derrumbe y del apocalipsis.

Si algo había prometido Laporta en la campaña electoral, hasta el agotamiento, fue que «volvería a hacerlo», basándose en que, entre otras razones, él era el único que «acreditaba la experiencia suficiente y los conocimientos necesarios» para salir del atolladero. En eso Laporta no mintió ni tampoco sus fans, como esa legión de analistas económicos convencidos de que podía hacerlo incluso mejor.

Prácticamente nadie -apenas contadas opiniones, muy aisladas, silenciadas y consideradas aberrantes, casi herejes- apuntó precisamente lo contrario, que si algo destacaba en el palmarés público de Laporta era su manifiesta incapacidad para el gobierno económico y financiero y su tendencia meter al club en serios problemas.

Las flores y parabienes que, además, la prensa se encargó de llevar a una dimensión celestial acabaron por presentarlo ante el electorado como la única figura salvadora. Marc Ciria y ese lobby de financieros que, de paso, promocionaban sus Consultoras y negocios en el sector aplaudieron todas y cada una de las actuaciones de Laporta cuando ya elegido. Las celebraron absolutamente todas, a veces por sumarse al elogio con un entusiasmo del que hoy solo pueden avergonzarse y en otros asuntos por omisión y por no tener las agallas para ir en dirección contraria como les dictaba la razón.

Calificaron de inteligente la pasividad de los primeros meses dejando caer y empeorando con más gastos y expresamente la situación. Luego negaron, como propuso Laporta, más de 200 millones de menos ingresos por culpa de la pandemia, y aprobaron añadirle gratuitamente 100 millones en provisiones inventadas, otras decenas de millones en amortización anticipada de jugadores, también innecesarias, y remataron ese éxtasis de la asamblea de octubre de 2021 con la felicidad compartida de haber provocado entre todos unas pérdidas récord de 480 millones. Por descontado, estuvieron de acuerdo en que la continuidad de Messi era insostenible para la economía del club y en que solo un genio como Laporta era capaz de ganar las elecciones, asegurando que lo tenía atado para luego darle una patada en el culo.

La patada de la victoria, cantaron los expertos, que en aquel momento tampoco reclamaron un plan de austeridad ni fórmulas para rebajar la deuda, los salarios o el gasto. También, al revés que ahora, ovacionaron la forma en que Laporta acudió irresponsablemente al mercado de invierno del ejercicio 2021-22 para gastarse 60 millones en Ferran Torres y anunciar al mundo que «Hemos vuelto».

Aunque el grito de «¡Que tiemble el fútbol europeo!», y los vítores de ese mismo grupo de palmeros financieros provocaron un entusiasmo social excepcional, Laporta hubo de correr inmediatamente en la dirección opuesta para deshacer las pérdidas patrimoniales al darse cuenta de que se le había ido el asunto de las manos, viendo reducido hasta ser negativo el margen salarial para fichar en el verano de 2022, sobre todo a futbolistas que tenían previsto llegar con generosas comisiones de por medio tipo Lewandowski, Raphinha o Koundé. Fue cuando las palancas llegaron para quedarse, no sin el eco favorable de ese mismo entorno.

En ningún momento, al echar la vista atrás, se consideró como una amenaza para el Barça la impresentable hoja de servicios de Joan Laporta al final de su primer mandato, dejando 47,6 millones de pérdidas, operaciones como Can Rigalt o Viladecans, ruinosas además de perversas y opacas, sin un euro en la caja, contratos de TV que implicaban sanciones, y una deuda superior a la facturación, entre otras fechorías contables, como intentar engañar a los socios con un cierre del ejercicio 2009-10 en positivo aunque sin auditar. Fue la última aportación al club de Xavier Sala-i-Martin, ocultar 84 millones de pérdidas.

Y no hace falta decir que, como se ha demostrado, Laporta y sus personas de mayor confianza, todas ellas menos Joan Oliver, ocupan los puestos estratégicos del Barça actual, compraron, saquearon y hundieron al Reus en un tiempo que ahora son capaces de superar en el Barça. Tampoco los Ciria del universo laportista han abierto la boca al respecto.

Marc Ciria, por cierto, ahora afirma que «La marcha de Messi fue un error estratégico muy claro, pero no se preveía que tendría estas consecuencias. La Liga dio a conocer este lunes los datos de la rebaja del fair play financiero y las cifras del Barça se explican por un no cumplimiento del presupuesto y el impago de Líbero. Cada vez tienes menos cintura financiera, has vendido patrimonio, la valoración del club ha disminuido y tienes menos acceso a crédito, puesto que has consumido todas las vías por la reconstrucción del Camp Nou. O hay un viraje en el modelo de gestión y gobernanza del club o el Barça puede enfrentarse en algún momento a una situación de impago».

Además, avanza que «A 30 de junio, deberá revertirse lo que no se haya cumplido de la palanca de Barça Studios que se ha vendido por 400 millones. Todo lo que era beneficio podría pasar a ser pérdida, después de haber compensado los 500 millones de quiebras de la temporada 2021-22». Su análisis mueve al pesimismo: «Se ha vendido patrimonio por el valor de 800 millones de euros y no se ha reducido la deuda, que era lo primero que debería haberse hecho. Los balances del Barça dicen que entre los ingresos y gastos recurrentes existe un diferencial de -300 millones de euros. Es lo que se conoce como déficit ordinario. Nunca se había perdido tanto en ese ámbito. Además, se han despejado 700 millones con el negocio ordinario. El resto ha servido para fichar a jugadores con contratos largos y ascendentes. Esto perpetúa el problema financiero del club».

Si admite, en cambio, que, visto lo visto, «Si tú realmente no tienes atado los ingresos de la Superliga no declaras los 500 millones en pérdidas. Puedes declarar entre 200-300 y con el margen que te queda, adelantas la venta de los derechos de televisión y eso te da fair play por mantenerlo y pedirle una rebaja del sueldo del 50%. No puedes sacrificar un ejercicio financiero si no tienes claro los ingresos. Messi era una pieza clave para reconstruir al Barça».

Seguramente, la diferencia entre los financieros y analistas económicos de primera división y los de segunda radica en que unos anticipan los desastres como el de Laporta al frente de cualquier operación, que eso era hasta fácil, y los otros solo abren los ojos cuando ya es demasiado tarde. Salir hoy a decir que fue un mal negocio darle tantas alas a Laporta al cabo de tres años, con la situación ya irreversible, no tiene demasiado mérito.

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