Laporta se enfrenta a otro drama: 288 millones de descuadre en este ejercicio

Las pérdidas ordinarias acumuladas desde que volvió al palco ascienden a 1.386 millones, sin que los 1.000 millones de las palancas hayan servido para evitar la precariedad que se avecina ni el acecho de los inversores

Joan Laporta

Los principales indicadores económicos y financieros del FC Barcelona desmienten rotundamente las previsiones del presidente Joan Laporta sobre el remonte de los ingresos, el control del gasto y la reducción de la masa salarial. Si los ingresos y los beneficios han arrojado cifras esperanzadoras los dos últimos ejercicios es por el efecto de las palancas, que no han servido ni siquiera de pan para hoy y que además han agudizado la hambruna y la precariedad que ya se han manifestado a los pocos meses de agotarse ese último y desesperado recurso. La reciente revisión a la baja del límite salarial azulgrana, que en un año ha pasado de 648 millones a 204 millones, acusando un descalabro de 444 millones, confirma el siniestro total que ya empiezan a denunciar algunos barcelonistas como Jaume Llopis o Víctor Font, convencidos de que la situación actual ha empeorado con relación a la heredada en 2021, en buena parte afectada por la covid. Laporta, lo sentencian las cifras oficiales, ya es bastante peor que una pandemia.

Desde que se hizo cargo del club en marzo de 2021, dando él mismo por buenos, auditados y aprobados los del ejercicio 2019-20, se han registrado datos aterradores como el de los gastos acumulados, que ascienden a 4.112 millones, equivalente a un promedio anual de 1.028 millones, indiscutiblemente récord en la historia del Barça y del fútbol mundial. Por el contrario, los ingresos totales han retrocedido extraordinariamente, aunque se tengan en cuenta las ventas de patrimonio y de activos, pues con las palancas incluidas, la suma asciende a 3.762 millones, 931,5 por temporada, insuficientes de todos modos contra esos costes de 4.112 millones (1.028 millones por temporada). Un sencillo cálculo estima que, a razón de pérdidas regulares de 96,5 millones por ejercicio, el balance resulta también desalentador, con 386 millones de pérdidas acumuladas.

Lo más dramático emerge, en cualquier caso, cuando se desmaquilla la afectación contable de ese intento de reequilibrio artificial, que ha permitido ingresar limpios nada menos que 1.000 millones (400 millones de Barça Studios y 600 millones por la venta anticipada de derechos de TV), y la cruda realidad, desnuda, arroja números escandalosamente sombríos. Los ingresos ordinarios sin trucos se quedan en 2.762 millones y una media anual de solo 681,5 millones frente al mismo gasto de 4.112 millones, 1.028 anuales. El diferencial anual alcanza los -346,5 millones y el acumulado se dispara a 1.386 millones entre el 30 de junio de 2020 y el 30 de junio de 2023. Imposible revertir ese descuadre.

Cuando el presidente es capaz de falsear hasta ese extremo el relato y de atribuir a su gestión el mérito de haber sabido reconducir la situación y timonear el club a un amarre seguro, sin duda hay que empezar a preocuparse por la credibilidad de ese tipo de afirmaciones y de las promesas subsiguientes, entre ellas la de negar taxativamente cualquier posibilidad, ni remota, de una conversión del Barça en Sociedad Anónima. A la misma falsaria argumentación suya y del vicepresidente económico, Eduard Romeu, el otro cuentacuentos oficial, Laporta ha añadido “la necesidad de cierto tiempo para revertir la herencia recibida”, un objetivo que se ha cansado de garantizar para el actual ejercicio 2023-24, que debería ser “el primero con beneficios sin palancas” y se supone que sin más engañifas contables.

El organismo regulador, LaLiga que preside Javier Tebas, ya le ha sacado los colores y desmontado esa posibilidad cuando, después el mercado de invierno y una vez recibida la actualización del plan de viabilidad acordado, le ha rebajado el margen salarial del verano, que era de 270 millones, a 204 millones. Cifra que, frente a una nómina de 492 millones, equivale a asegurar que ahora mismo Laporta no dispone de los recursos ni de los mecanismos necesarios para contrarrestar el déficit de 288 millones que se le echa encima de cara al verano.

La única solución pasa por generar beneficios directos -eso sí, antes del 30 de junio- que mejoren directamente la cuenta de explotación e impacten también en el margen salarial de LaLiga -como quiere Laporta, porque esa es su única obsesión-, pues de otro modo no podrá mantener la actual plantilla ni añadir refuerzos que ya se ha anticipado a comprometer como los Joao (Félix y Cancelo).

LaLiga, como consecuencia de tener el margen salarial excedido (288 millones en el caso de Laporta), solo contempla para fichajes el uso del 50% de las ventas netas de jugadores, del ahorro de nóminas o del superávit en patrocinios si se cumple el plan de viabilidad. Si LaLiga le ha rebajado ahora nuevamente el límite operativo es porque no existen perspectivas de recuperación y, al contrario, se acumulan las sospechas de que vuelva a fallar la venta de Barça Studios.

En ese pantanoso terreno en el que se ha metido Laporta es donde pueden acabar de hundirse él y su barco, debido a que, de no mediar un milagro, se van a ver comprometidos hasta 368 millones que han sido contabilizados como ingresos y que podrían pasar provisiones -y, por tanto, restarse como pérdidas- el 30 de junio próximo.

Ya no se trata de vender para fichar o para liberarse del yugo y el control financiero de LaLiga -sin el cual, por cierto, el Barça ya habría acabado como el Reus-. Lo que está en juego, ahora que demostradamente el enfermo de la UCI ya ha pasado a situación terminal, es precisamente el propio modelo de propiedad de un club asfixiado por deudas crecientes, un caramelo para los inversores que, más pronto que tarde, encontrarán la forma de controlar la gestión, si aún quieren recuperar todo el dinero que le han prestado a Laporta, con sus intereses, en muchos casos superiores al 7%.

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