Laporta arriesga demasiado desatando otro ‘mobbing’ contra Frenkie de Jong

Aunque el holandés es dueño de su futuro, la orquesta mediática de la junta ya lo ha señalado como el gran culpable de la Liga que se escapa porque necesita forzar su traspaso (por 100 millones) para tapar el agujero de Barça Studios

Joan Laporta i Deco

Como Joan Laporta no puede permitirse el lujo, al menos todavía, de organizar un campeonato semanal de lanzamiento de bandejas de canapés, una forma de aliviar la tensión y la presión mediática de estas largas semanas sin partido intermedio, aunque habiendo de digerir resultados como ante el Granada, la solución consiste en activar desde dentro temas con los que la prensa pueda elaborar titulares y tertulias que no pongan el foco en la delirante gestión directiva, especialmente en el ámbito del primer equipo.

La prensa, que sigue cojeando de ese laportismo agudo por pura inercia -un sector por devoción, otro porque no existe alternativa ni oposición a la que acudir o entrevistar, y un tercer grupo porque se niega a admitir y reconocer la edad de oro de la presidencia de Sandro Rosell y la cruel realidad de que hasta con Josep Maria Bartomeu el club era una potencia económica comparado con la ruinosa realidad de hoy-, prefiere hacer seguidismo del mobbing contra Frenkie de Jong -el tema de más rabiosa actualidad- antes que entrar a analizar realmente las razones de este vudú periodístico contra el centrocampista holandés, alimentado desde la junta.

Porque han sido los filtradores habituales de la junta, con el apoyo del área de comunicación, los canales origen de las informaciones escandalosamente teledirigidas para situar a Frenkie en el punto de mira. Por un lado, porque no ha respondido de momento a una oferta de renovación a dos años vista del final de su contrato, que no contempla una subida de sus condiciones salariales, y el planteamiento de la presidencia es que si no lo firma debe aceptar marcharse este verano como única salida a su situación. Por otro lado, el titular dominante es que el jugador le costará al Barça unos 77 millones hasta 2026, incluida la amortización pendiente de su fichaje, que es de 30 millones, cifras brutas que no suponen en ningún caso la ruina de club.

Menos aún tratándose de un futbolista que costó 85 millones en su momento, que hoy sigue teniendo ese mismo valor de mercado, según las tasaciones más fiables, y que Laporta, como también se ha dejado caer en algunos medios de confianza del régimen, espera venderlo por 100 millones. Esa operación supondría un beneficio neto de unos 70 millones y el ahorro de otros 37 millones en nóminas.

El estallido calculado del caso De Jong no es casual porque se han aprovechado las circunstancias para señalarlo como uno de los jugadores menos comprometidos y más distantes en el contexto del mal resultado del domingo junto a Jules Koundé, circunstancia que se ha traducido, también mecánicamente, en un festival de encuestas preguntando a las audiencias a qué jugadores traspasarían inmediatamente para hacer caja.

Es decir, que Laporta, junto con Deco y el aparato de control de medios y del tejido digital, se han encargado de intercambiar, o cuando menos de igualar, el espacio dedicado al mercato -que tanto le gusta a la prensa y a una afición que disfruta igual que los periodistas con tanta especulación, en buena parte fantasiosa y recurrente- y a las ventas, obligadas por la crítica situación económica y porque algunos jugadores, supuestamente «más culpables que Xavi y que la junta», no merecen vestir la camiseta del Barça y deben ser salir por la puerta falsa.

La verdadera intención de Laporta y de su Gestapo mediática no es otra que intentar, desesperadamente, afrontar el terrible impacto en las cuentas de este ejercicio de la pésima gestión económica. El fin de curso en el terreno de la auditoría amenaza con repercutir en forma de pérdidas sobre la venta infumable de Barça Studios, con un agujero de 100 millones (40 millones de impago de 2023 y 60 millones del plazo a 30 de junio) más el descalabro que contablemente pueda derivarse de haberse dado un ingreso de 208 millones en el ejercicio pasado, imaginariamente, procedentes del 51% del valor de Barça Studios, en vano utilizados para aparentar grandes beneficios que en realidad no lo son.

Si no es capaz de rellenar esa terrible y apremiante fisura, el aval personal de 18,5 millones interpuesto por Laporta y por el tesorero para conservar la plantilla actual será ejecutado a 30 de junio. Evidentemente, de lo que se trata es de resolver a favor del presidente un grave conflicto de intereses que enfrenta a su prioridad personal y patrimonial de evitar perder varios millones de su bolsillo contra los del club de disponer de los mejores futbolistas, sea manteniendo a Frenkie de Jong y a otros o fichando a nuevos y mejores refuerzos. La venta de Frenkie de Jong, ahora activada en forma de mobbing participado por el entorno mediático laportista, forma parte, por tanto, del plan para evitar la ejecución del aval firmado por dos directivos, en ningún caso de la enésima operación de fichajes para ganar la Champions, pues si se dan las circunstancias de ganar realmente dinero con su traspaso y el de otros, todo el beneficio se empleará en salvar la brecha producida por la falsa operación de Barça Studios, contablemente ruinosa.

Deco, si se repasan sus declaraciones, solo repite que nadie espere grandes fichajes este verano, ni siquiera el de un entrenador de primer nivel, avanzándose a un escenario en el que, a duras penas, Laporta será capaz de evitar grandes pérdidas a base de vender a la fuerza a alguno de los intocables, como a Araujo, Pedri o Lamine Yamal, y dedicando parte del margen a la compra obligada de los Joaos.

Hasta que se fabrique o salte otra distracción mediática, la insoportable agonía de la era Xavi transitará por esta nueva vía abierta contra los jugadores a causa del bajo rendimiento del equipo, ya que si la prensa no se atreve con Laporta y Xavi seguirá siendo el otro gran culpable, aunque sin castigo, la ira, el disgusto y el malestar social los redirigirá el entorno mediático contra el equipo, individual y colectivamente.

Desde luego, el riesgo es que el vestuario, también de forma colectiva o personal, rechace este papel de culpable y no acepte ser, tan arbitrariamente, la víctima propiciatoria del malestar del entorno, en buena parte justificado si el equipo no es capaz de obrar un milagro que hoy parece muy lejos de su radar operativo.

Este tipo de estrategias, sin embargo, cuando quedan más de tres meses de competición y a falta de que, en un momento dado, pueda certificarse la pérdida de la Liga y una eventual eliminación en la Champions, resultan extremadamente arriesgadas, pues no debe descartarse que el mismo efecto de verse en el alambre de la crítica y el rechazo social, ese síndrome del mobbing contra unos pocos jugadores y que, a medias, le ha dado una tregua a Xavi, evolucione en un sentido imprevisto, dé un giro inesperado y acabe de pronto con la dispensa y la bula presidencial.

Parece demasiado pronto para buscar uno o varios culpables cada semana desde ahora y hasta final de curso. No hay tantos por debajo del nivel de los jugadores y muchísimos menos por encima -apenas Xavi, un cartucho prácticamente gastado- de Deco y Laporta, a quien esta temporada se le va a hacer muy larga, interminable, mientras Frenkie de Jong sigue teniendo las mejores cartas para esta partida, dos años de contrato y el poder de aceptar, o no, ser traspasado este verano, o el siguiente o renovar. A lo mejor se lo piensa a la espera de quién será el próximo entrenador o incluso de quién seguirá siendo presidente más allá, o quizás antes, de 2026.

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