¿Por qué a Laporta nadie del entorno azulgrana le presentará un voto de censura?

Joan Laporta

Varios de los colectivos azulgrana que guerrearon como si les fuera la vida para echar a Josep Maria Bartomeu, argumentando que se había alcanzado una situación límite, acaban de firmar otra de esas notas de posicionamiento pusilánimes, cobardes y contemplativas para que nadie les pueda acusar de pasividad frente a un escenario que multiplica por diez la gravedad del estado del club en plena pandemia.

En otoño del 2020, grupos como Dignitat Blaugrana, El Senyor Ramon o Compromissaris FCB, entre otros, no dudaron en armar un voto de censura con la única finalidad de quemar todas las naves a la mayor urgencia y forzar unas elecciones anticipadas para evitar el fin del mundo barcelonista. Hoy, con la perspectiva del tiempo, puede asegurarse que aquel paso fue el principio de un cataclismo laportista, este de verdad, del cual son directamente responsables o cómplices, y contra el que no piensan actuar.

Lo han dejado bastante claro, pese al surrealismo de esa jugada de Xavi, que es como seguir corriendo en círculos sin ir a ninguna parte, con la publicación de una nota en la que reiteran su confianza y crédito para Joan Laporta a la espera dé un giro radical de su estilo de gobierno autoritario, nepotista y opaco.

Además de parecer un chiste malo sobre una realidad que, desde luego, no es para tomársela a broma, el pasotismo de los pocos grupos con cierta identidad y organización convierte en una vía muerta la posibilidad de que algún socio se sienta con la fuerza y el ánimo suficientes como para plantearse iniciar un voto de censura. Hasta es probable que, en caso de producirse, acabaran jugando en contra.

El resto del entorno, cada vez más amplio y convencido de que Laporta ya ha gastado todos los cartuchos, empieza a moverse y a tomar posiciones, aunque solo de cara a las elecciones de 2026. Es decir, descartando un movimiento cortoplacista contra la actual junta con un voto de censura frontal. Nadie está en esa guerra.

Si Joan Laporta militara ahora misma en la oposición, ya estaría agitando periódicos, radios, televisiones y todas las arterias digitales a su alcance, que son bastantes, para echar al presidente de turno. En cambio, siendo Laporta el presidente, ni por asomo se adivina otro Oriol Giralt, con los arrestos y la valentía suficientes para dar ese paso o, cuando menos, advertir de esa posibilidad si las cosas siguen yendo de mal en peor, como hasta ahora. En definitiva, que a Laporta no tiene hoy ninguna oposición. Entre Víctor Font, al que parece que la presión le puede -como a Xavi-, y los grupos de opinión, no le hacen ni cosquillas.

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