El colectivo LGBTI+, un desconocido en las residencias y centros de mayores

La Generalitat y el sector han editado una guía práctica para sensibilizar y orientar a la dirección y las plantillas

La Fundació Enllaç ja porta més de 25 anys acompanyant a les persones grans del col·lectiu.

El estigma que ha perseguido a las personas LGBTI+ que están accediendo a las residencias y centros de mayores aún está vivo, y su estancia en estos espacios de envejecimiento requiere acciones específicas de acogida y acompañamiento. Por este motivo, la Generalitat ha editado una guía práctica para incorporar la perspectiva LGBTI+ a las residencias y otros centros y recursos para personas mayores.

Esta guía quiere ser una «herramienta pedagógica», como destaca en declaraciones a EL TRIANGLE el presidente del Casal Lambda, Jordi Samsó, quien ha colaborado en su elaboración. Desde esta entidad, nacida en 1976, se lucha por la normalización social del colectivo y para combatir situaciones de discriminación.

Estas generaciones de LGTBI+ vivieron una juventud marcada por la persecución policial y el encarcelamiento en determinados casos a causa de la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, que estuvo vigente desde 1970 hasta su completa derogación en 1995. Una persona transgénero podía ser juzgada por «escándalo público» durante los años 80 con total cobertura legal y, por tanto, vivieron durante décadas bajo la presión de una normativa sistemática de represión de la homosexualidad y la transexualidad. No sólo la legislación estigmatizaba al colectivo, sino que llegaron crisis importantes como la del VIH/sida, que añadían otro estigma a su desarrollo vital. Como resultado, «estamos hablando de una generación castigada por la legislación y las circunstancias, muy temerosa de su intimidad y desconfiada y maltratada», según el presidente del Casal Lambda.

A partir de los años 90, la situación empezó a cambiar para el colectivo de forma significativa. Un paso decisivo fue la recomendación de la Unión Europa a los Estados miembros para que empezaran a regular los derechos de las personas LGBTI+ y fomentaran legislaciones para evitar la discriminación y promover derechos, prohibidos hasta entonces, como las uniones civiles o las bodas. La historia dio un giro descomunal para todo el colectivo, pero «dejó huella en toda una generación», como afirma Samsó.

El presidente de la Fundación Enllaç, Josep Maria Mesquida, también afirma en declaraciones a EL TRIANGLE que «hablamos de una generación atravesada por muchas dificultades, y estas dificultades emergen en forma de muchas cosas cuando estas personas son mayores». Uno de los elementos que surge es la soledad no deseada. Dentro del colectivo hay personas que tienen «ausencia de familia» o «familias que no les reconocen», lo que «condiciona el ámbito de las relaciones sociales», como indica Mesquida.

A esta fundación que apoya a las personas LGBTI+, familiares y amistades, «llegan personas que nos dicen que no saben qué hacer cuando llegan las vacaciones, o el día de Navidad. Es una soledad complicada y estamos más solos que otras personas». A todo esto, también se añaden más dificultades en el ámbito de la salud mental, y es indicativo que algo ocurre en nuestro campo de las redes relacionales», añade. Si bien es cierto que existe «un fuerte tejido asociativo que le ha dado respuesta en determinados momentos complicados, como con la crisis VIH/sida o el activismo por el derecho al matrimonio, en general, nuestros domingos son más solitarios que los de la resto de la población. El asociacionismo da respuesta parcial y paliativa a estas situaciones, pero todavía no es un sustituto de las redes de relaciones de las que disponen otros colectivos y personas», afirma Josep Maria Mesquida.

Conscientes de la historia vital de este colectivo de personas mayores, la guía práctica para incorporar la perspectiva LGBTI+ a las residencias y otros centros y recursos para personas mayores quiere ser una «herramienta pedagógica» dirigida tanto a los directivos como a las plantillas de los equipamientos para que proporcionen a estos usuarios «el respeto y el buen trato que merecen», según palabras de Jordi Samsó.

Algunos de los consejos son «nunca ridiculizar, generar espacios para expresarse, resolver un profundo desconocimiento que existe sobre el colectivo y, en definitiva, hacer que la gente se pueda encontrar bien, acogida y no juzgada, acompañada y tratada con respeto». Jordi Samsó cree que el mejor camino es la pedagogía y no la sanción.

Entre las recomendaciones de la guía existen acciones dirigidas a fomentar un acceso sin temor al rechazo a través de la creación y publicación de un protocolo de acogida del centro. También se pide a las direcciones que revisen todos los formularios y reglamentos internos para que incluyan la perspectiva LGBTI+ y que se evite el lenguaje discriminatorio. Por ejemplo, no dar por sentado que un matrimonio es entre un hombre y una mujer, o que los textos no contengan expresiones machistas. Con la voluntad de mejorar el período de estancia, la guía recomienda que se nombre a una persona que sea el referente LGBTI+. La programación de actividades de ocio sobre la realidad LGBTI+ también se incluye en el documento, junto a una adaptación de los baños. Para evitar cualquier acoso o discriminación, una herramienta útil es disponer de un protocolo específico de intervención, incluyendo mecanismos de denuncia.

Desde la Fundació Enllaç, Mesquida está satisfecho del impacto de la guía porque ha generado espacios informativos en los medios, ha generado debate público, y todo esto es positivo, con independencia de su grado de implementación. Sin embargo, quiere dejar claro que hay que seguir trabajando y la guía no es suficiente: «La guía no puede ser la excusa para no hacer más cosas, ya que ahora está orientada a recursos sociosanitarios, pero ser mayor no es sólo ser una persona dependiente». Hay más retos, y uno de ellos, según Mesquida, «tiene más que ver con el ámbito de las relaciones sociales, y no tanto con la dependencia. El trabajo debe hacerse por ahí, porque la soledad no querida está muy presente en el colectivo».

Los homosexuales ya se convierten en abuelos y abuelas
Jordi Samsó, presidente del Casal Lambda, expone que los modelos familiares son más diversos. Hasta ahora, el colectivo LGBTI+ no había completado su ciclo de vida como los heterosexuales, pero esto ha cambiado. «Ya tenemos familias con dos madres o dos padres y con adolescentes o estudiantes universitarios. Estas familias ya están ahí, y tienen descendencia. Quizás no tienen 70 años, pero ya hay de 50 con hijos e hijas mayores, que los convierten en abuelos y abuelas». Y añade: «Son abuelos y abuelas porque las leyes les han acompañado en su ciclo vital, lo que implica un punto de ruptura y mejora la visión global del itinerario vital que hacemos las personas LGBTI+. Todo esto es un gran triunfo del movimiento: se deja de vincular al colectivo con la juventud eterna y se da visibilidad a las personas mayores».

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