Cuando se publiquen estas líneas ya se habrá realizado un brindis al sol, en barco, en la bahía de Roses, para presentar un proyecto de investigación auspiciado por la Universidad de Girona. Puede ser un brindis al sol, pero también podría estar en una tormenta, un huracán mediterráneo (un “medicán”), un estallido, una DANA o sin ir más lejos a la extrema sequía que asola el Alt Empordà, consecuencia del cambio de corrientes marinas en el Mediterráneo occidental y en concreto en el Golfo de León desde el cabo de Creus hasta Tolón y muy probablemente en el Golfo de Génova. Y todo producto a su vez de la tropicalización del Mediterráneo que se viene anunciando desde hace más de 20 años.
Estas son las realidades desgarradoras y concretas que deberían preocupar a la Generalitat, a los ayuntamientos e instituciones de la Costa Brava, para prevenir catástrofes como las que ocurren ahora a menudo en la Comunidad Valenciana, o Alcanar mismo, donde ya han empezado a entender que poca broma con la emergencia climática y el calentamiento del mediterráneo balear. Pero no son objeto de búsqueda. Y hace tiempo, no es de ahora, que unos pocos estamos insistiendo en que no se está siendo consciente de la vulnerabilidad y los riesgos que amenazan a la bahía de Roses y en general todo el litoral y prelitoral gerundense, desde el temporal “Gloria” y ya antes, en la medida en que muchas de sus localidades, para terminar de remacharlo, no tienen o tienen caducado su plan de emergencia.
Resulta sorprendente que estudios participados por trece universidades europeas y que se realizaron en el marco de un proyecto europeo denominado ‘Mater I’ en 1999 y que tuvo continuidad con el ‘Mater II’ en 2003, sobre la evolución del cambio climático en el Mediterráneo occidental, no hayan tenido continuidad, cuando con la emergencia climática en curso, las oleadas de calor marinas están provocando impactos en la biodiversidad marina y en la desaparición de especies, en la pesca e incluso el turismo. Pero lo grave es la aparición de fenómenos tropicales cada vez más frecuentes que deberían ser estudiados, ya.
Pues no, lo que se ha presentado recientemente en Roses, es el proyecto BIOPAIS, que cuenta con el apoyo de la Universidad de Girona, y una serie de organismos, financiado por los fondos Next Generation. ¿Y qué objetivo tiene este plan, que por cierto, no incluye ni la Generalitat, ni la Diputación de Girona, ni ninguno de los ayuntamientos de la zona? Nada menos que “los impactos ecológicos y sociales de los parques eólicos marinos en zonas de elevada biodiversidad y alto valor paisajístico”. Casi nada con la que está cayendo, ¿no?
Esta “preocupación” que está reinterpretando lo que es ecología y ecologismo, y que en la demarcación de Girona y el Alt Empordà tiene tal predicamento que ha contaminado y sesgado hacia postulados conservacionistas el grueso del ecologismo que debería participar de una lucha inclusiva por la emergencia climática y por las políticas de mitigación del cambio climático y no separarse de éstas, crea un conflicto polarizado con las energías renovables, como si éstas fueran el problema y no la solución. Obviamente los lobbies fósil y nuclear aplauden con las orejas.
Por mucho que digan “así no”, es evidente que en el fondo lo que se pretende es “aquí no”, en clara línea con el fenómeno NIMBY (no junto a mi casa). Ciertamente después de años de polarización han surgido iniciativas que quieren integrar las dos sensibilidades (la plataforma “Renovémonos”) pero que prácticamente no tienen audiencia en el Alt Empordà donde a conservacionistas, NIMBYs y teóricos del decrecimiento, nunca los verás con pancartas frente a la AP-7, una gasolinera, yates y cruceros o furgonetas de Amazon y sí pegando carteles contra la eólica (la marina y la terrestre). Reivindicaciones muy discutibles y discutidas por otros científicos, ingenieros y ecologistas, que aquí son minoría pero que, además, están silenciados por todo el establishment institucional y mediático (y la inestimable ayuda de TV3), y donde la Generalitat siempre está ausente, por no ser “impopular”.
Aún es hora y de eso hace ya dos años, que la Consejería de Acción Climática o algún climatólogo haya desmentido o hecho corregir las declaraciones que hizo Antonio Turiel en Roses cuando dijo la siguiente boutade o fake (como queramos): “ Los impactos ambientales de la energía eólica marina serán superiores a los del cambio climático”. ¡Sin comentarios!








