Montjuïc tampoco es del agrado del barcelonista ocasional ni del turismo

Ante la escasa demanda para el Gamper de este martes y el debut ante el Cádiz, Laporta ofrece entradas (hasta un paquete de seis) con un 40% de descuento directo a quienes acrediten residencia en Cataluña

Estadi Olímpic de Montjuïc

Para el partido entre el Barça y el Tottenham Hotspur de este martes en el estadio Lluís Companys las expectativas son verdaderamente inciertas. No es el primer partido que el FC Barcelona juega como local fuera del Camp Nou, pues ya se dio la circunstancia, en la pretemporada 1996-97, que por causa del mal estado del césped del Camp Nou y la necesidad de ser replantado con urgencia, los primeros compromisos del curso -la disputa del Gamper (de dos jornadas), la ida de la Supercopa y el debut en la Recopa frente al AEK Larnaca- se trasladaron a la montaña ya olímpica de Monjtuïc. Por cierto, con un balance de cuatro goles de Ronaldo, la estrella indiscutible de aquel Barça entrenado por Bobby Robson, sucesor de Johan Cruyff en el banquillo azulgrana.

Fue hace veintiséis años, una eternidad si se comparan aquellos tiempos con las exigencias sociales y logísticas actuales ante la celebración de un partido de fútbol que, en el caso del choque de este martes, ha exigido un meticuloso y complejo plan de accesos y de movilidad. Tan farragoso que, ciertamente, invita a verlo por la tele antes que elegir una de las rutas posibles. Las especificaciones las ofrecieron conjuntamente el FC Barcelona y el Ayuntamiento de Barcelona acompañadas de un documento de ocho folios de lectura insufrible y de comprensión fuera del alcance de la mayoría de la población que, por lo menos, no haya cursado una ingeniería.

De lo que se trata, básicamente, es de impedir que los aficionados se planteen intentar acercarse a Montjuïc en su vehículo si no es para aparcarlo a varios kilómetros de distancia, en la Fira de L’Hospitalet, estando restringido el paso de motocicletas a un total de 3.500 plazas. Para llegar al estadio de Montjuïc en transporte público tampoco lo han puesto fácil, sólo usando las escaleras mecánicas desde la plaza Espanya o el funicular o bien uno de los buses lanzadera que, en teoría, funcionarán exclusivamente para los partidos que dispute el Barça hasta noviembre de 2024, periodo previsto de uso.

No faltan los ciudadanos que, evidentemente, se preguntan por qué motivo no se adoptan medidas similares de subida y de bajada al estadio Lluís Companys con motivo de los conciertos y eventos periódicamente celebrados allí o en el Palau Sant Jordi. Es, din duda, porque el FC Barcelona pagará un generoso alquiler por alojar sus partidos allí, además de correr con la mayor parte de los gastos de reforma y modernización de las instalaciones, así como del mantenimiento y reparaciones de algunas infraestructuras clave como las escaleras mecánicas, las cuales, ya anticipan los responsables de una y otra parte, se suelen averiar con el uso masivo.

En el último Gamper de Montjuïc, a finales de agosto de 1996, la cifra de espectadores fue de 43.500, aproximadamente la mitad de un Gamper en el Camp Nou con un buen cartel. Claro que por aquel entonces nada ni nadie le ponía vallas a la montaña, ni la celebración de un evento en el Estadio Olímpico se consideraba un elemento extraño, repulsivo y ajeno a la naturaleza de la propia instalación, básicamente un equipamiento deportivo.

Aunque no es demostrable documentalmente, sí que sobresale la extraña y paradójica sensación de choque frontal, aunque amistoso, entre la franca y abierta predisposición municipal de facilitarle al Barça el usufructo del Lluís Companys y las severas restricciones viales impuestas por el propio consitorio que hacen prácticamente imposible la movilidad y los accesos a la montaña.

Las restricciones afectan sobre todo a los miles de barcelonistas que, fuera del radio urbano de Barcelona, necesitan hacer uso del coche particular o de los autocares para las decenas de Peñas que regularmente se desplazaban a los partidos del Camp Nou, imprescindibles para su regreso a casa por culpa de los horarios habitualmente tardíos.

El resultado de esta campaña del miedo, también extrañamente conjunta, ha provocado que la respuesta de los abonados apenas haya alcanzado la cifra de 16.000 para este curso y que, de cara al primer gran ensayo, en el Gamper de este año, también estén pinchando los turoperadores y la venta online se haya resentido. Algunas fuentes sitúan las reservas para el Gamper, hasta este fin de semana, en 20.000 localidades, una floja respuesta del turismo y de la afición local contra la que el club ha respondido con una promoción a la desesperada intentando atraer sobre todo a aficionados del territorio.

La oferta consiste en la posibilidad de comprar hasta seis entradas para los dos primeros partidos, ante el Tottenham este martes y ante el Cádiz el 20 de agosto, con un 40% de descuento con el código promocional RESIDENT, debiendo acreditar esta condición de residente en Cataluña mediante la presentación del DNI, certificado de empadronamiento o cualquier otro documento que lo pueda validar. Es posible que, con el paso de las horas, a medida que se acerque la hora del partido, la afición se anime y acabe ocupando casi la totalidad de las entradas disponibles, al menos esos 40.103 asientos con el ciento por ciento de la visibilidad asegurada de un aforo total de 49.472 personas.

Por ahora, y a falta de las sorpresas que forzosamente han de producirse esta semana para poder inscribir la totalidad de la plantilla de Xavi Hernández, el Gamper representa la única oportunidad a corto plazo de ver en acción a los nuevos fichajes de la temporada y a este paso al resto de los renovados pendientes del alta en LaLiga por falta de fair play financiero. Ese es, sin duda, un buen motivo para no perderse este Gamper en un estadio que ni es del agrado de los barcelonistas ni tampoco de un público ocasional de turistas y visitantes como el del mes agosto.

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